MERKEL: ¿UN VERDADERO TRIUNFO?

Artículo publicado el 14 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 14 de Febrero de 2014

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Algunos consideran el desenlace de las elecciones legislativas de anoche como una inmensa victoria de Angela Merkel y el CDU (Unión Demócrata Cristiana). Al conseguir el 42% de los votos, «Mutti» ha rozado la mayoría absoluta para gobernar su país durante los siguientes cuatro años. Sin embargo, detrás del triunfo, ha quedado claro que acabamos de presenciar una socialización de Alemania .

«The Spe­cial One», «La vic­to­ria ab­so­lu­ta», «Que­ri­da Mer­kel»... Como era de es­pe­rar, esta ma­ña­na todos los me­dios de co­mu­ni­ca­ción eu­ro­peos han des­per­ta­do con fuer­za para in­for­mar del ter­cer man­da­to con­se­cu­ti­vo (y pro­ba­ble­men­te el úl­ti­mo) con­se­gui­do por la can­ci­ller An­ge­la Mer­kel en el desen­la­ce de las elec­cio­nes le­gis­la­ti­vas or­ga­ni­za­das en Ale­ma­nia, el pa­sa­do 22 de sep­tiem­bre. El CDU, que ha fa­go­ci­ta­do el 42% de los votos, ob­tu­vo 5 mi­llo­nes más que en 2009, lo que hace un total de 18 mi­llo­nes. No está mal. El par­ti­do ha ob­te­ni­do 311 de los 630 es­ca­ños del Bun­des­tag. 4 más y An­ge­la Mer­kel ten­dría la ma­yo­ría ab­so­lu­ta.

El punto ne­ga­ti­vo lo te­ne­mos en el re­sul­ta­do ca­tas­tró­fi­co del FDP (Par­ti­do Li­be­ral De­mó­cra­ta) y de la re­la­ti­va me­jo­ra del AFD (Al­ter­na­ti­va para Ale­ma­nia, par­ti­do eu­ro­es­cép­ti­co), ambos bajo la ba­rre­ra del 5%, pues la alian­za his­tó­ri­ca de de­re­chas CDU/FDP pier­de 21 es­ca­ños. El SPD (Par­ti­do So­cial-De­mó­cra­ta), con­si­de­ra­do como el gran per­de­dor, ha con­se­gui­do 192 es­ca­ños. 119 menos que el CDU, pero 46 más que en las elec­cio­nes del 2009. Y si los Ver­des (Grüne, en ale­mán) han sa­li­do afec­ta­dos por el re­sul­ta­do (8% que se suma a la po­si­ble re­ti­ra­da de sus dos prin­ci­pa­les di­ri­gen­tes), la iz­quier­da ale­ma­na puede que haya en­con­tra­do un res­pi­ro en Die Linke (el par­ti­do neo­co­mu­nis­ta ha ob­te­ni­do el 12% de los votos), con­fir­man­do así su arrai­ga­mien­to en la vida po­lí­ti­ca teu­to­na. Una sim­ple suma de los votos de estas tres for­ma­cio­nes po­lí­ti­cas mues­tra que una ma­yo­ría de iz­quier­das es po­si­ble con 319 es­ca­ños en el Bun­des­tag. 

En la ca­be­za de la can­ci­ller

Es­ta­mos de acuer­do en que tal es­ce­na­rio no re­fle­ja en ab­so­lu­to la opi­nión de los ale­ma­nes que vo­ta­ron el miér­co­les y que una alian­za SPD/Grüne/Die Linke es más que hi­po­té­ti­ca. Por otra parte, lo que está claro es que Mer­kel ten­drá que for­mar una alian­za con la iz­quier­da si quie­re go­ber­nar. Al con­tra­rio de lo que se dice, la can­ci­ller no podrá tomar todas las me­di­das que pla­nea y se­gu­ra­men­te, a nivel eu­ro­peo, de­be­rá ceder en «ma­te­rias po­lé­mi­cas», como las del sa­la­rio mí­ni­mo eu­ro­peo, sobre todo cuan­do las dis­cu­ta con François Ho­llan­de. La di­ri­gen­te po­dría apo­yar­se en la su­so­di­cha le­gi­ti­mi­dad de­mo­crá­ti­ca para go­ber­nar tran­qui­la. Pero no ol­vi­de­mos que Ale­ma­nia posee un es­pí­ri­tu fe­de­ral y que Mer­kel ten­dría que tra­tar con las Länder, donde se res­pi­ra un fuer­te ma­les­tar so­cial (la Re­na­nia del Norte de West­fa­lia, Bran­de­bur­go, el Ruhr...)

Gran vic­to­ria en las ofi­ci­nas del CDU, en Ber­lín, la tarde del 22 de sep­tiem­bre.

Evi­den­te­men­te, y como suele ocu­rrir a me­nu­do con las ci­fras elec­to­ra­les, todo de­pen­de del lado por el que se mire. En cual­quier caso, vien­do los re­sul­ta­dos com­bi­na­dos de los tres par­ti­dos de la iz­quier­da, nos atre­ve­ría­mos a decir que aca­ba­mos de asis­tir a una so­cia­li­za­ción de la po­lí­ti­ca ale­ma­na. Queda por co­no­cer la ver­da­de­ra po­si­ción del SPD que, con el paso de los años, enar­bo­la una po­lí­ti­ca más y más li­be­ral que se acer­ca a la del CDU.  En cuan­do al desa­rro­llo del AFD, que ha reuni­do 2 mi­llo­nes de votos en 6 meses y que cuen­ta con el in­quie­tan­te im­pul­so de los par­ti­dos eu­ro­es­cép­ti­cos de Eu­ro­pa (FN, Mo­vi­mien­to 5 es­tre­llas, Ama­ne­cer Do­ra­do...), po­dría for­zar a Mer­kel a re­for­mar li­ge­ra­men­te las ins­ti­tu­cio­nes eu­ro­peas. El cam­bio nunca ha sido un lema de cam­pa­ña elec­to­ral, pero ¿se aca­ba­rá im­po­nien­do?

Mu­chos pre­gun­tas, pero una sola que valga: ¿que nos tiene pre­pa­ra­do la can­ci­ller la pró­xi­ma se­ma­na ?