Mi corazón es mi hogar; mi identidad, mi casa

Artículo publicado el 6 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 6 de Octubre de 2014

Soy alemana como la valquiria en el Oktoberfest, jarra de cerveza y salchicha en mano. Al menos en los papeles. Mi familia vive desde hace siglos en este rincón del planeta, en algún lugar del centro de Alemania. Éstas son mis raíces. Punto. ¿Punto?

Una región llana y poco más grande que Nueva York. A nuestro alrededor, solo hay bosque y, de vez en cuando, un pueblo entre los campos. Éste es mi hogar. De siempre hemos vivido en Siegerland. Vivo allí desde hace 27 años. Con interrupciones. Se dice de la gente de allí que son cerrados y gruñones, que no saben divertirse. Nosotros lo llamamos nuestra forma de lealtad: cuando consigues tener un amigo entre alguno de nosotros, es para siempre. En cuanto a nuestro humor, es seco, así de sencillo. Yo digo que no soy la típica habitante de Siegerland. Mis padres son demasiado desorganizados como para no ser considerados hippies cosmopolitas. Desde que tengo uso de razón, me siento distinta al resto de personas de mi región. Nunca he tenido la sensación de tener mis raíces en ese lugar. No pertenezco a ese lugar. Y tampoco me he sentido nunca totalmente alemana¿Quizás europea? No, demasiado grande, demasiado abstracto, incluso si en mi cara se puede ver perfectamente toda una Unión Europea.

Dime, ¿de dónde eres realmente?

Otros preguntan: "Dime, ¿de dónde eres?". Ésta es la forma de conocer gente. Funciona así:

"Dime, ¿de dónde eres?"

"De Alemania."

"No, quiero decir originariamente. ¿De dónde eres realmente?"

"No, de aquí, Siegerland."

"¿Y tus padres?"

"De aquí."

No lo entiendo. Y aquí, normalmente, la gente se irrita. O se enfada. Como una vez el turco-alemán que no se quería creer de ninguna manera que yo no fuera griega, pero que, tras quince minutos de discusión acalorada, le pareció que podría pasar por griega. O, considerándolo como coquetería, como aquella vez en que el italiano de pantalones demasiado apretados me decía el otro día que, como italiano, también le gustaba mucho mi estilo francés. Oh là là, enseguida se dio cuenta de que tengo raíces francesas porque ninguna alemana viste así. Venga, deja ya el jueguecito, déjalo ya. ¿Vale?.

Entonces, ¿simplemente se trata de la apariencia?

Ojos negros, pelo oscuro, piel oscura. Suficiente para probar que tienes orígenes internacionales. Y esto es en verdad una mierda. Así, sólo se demuestra verdaderamente la intensidad con la que los estereotipos están aún arraigados en la cabeza de la gente o la frecuencia con la que la identidad se relaciona aún con el aspecto exterior.

Por supuesto, la identidad  también se forma sobre todo a través de la pertenencia a un determinado grupo, pero, ¿tiene que ser entonces a través del aspecto? ¿Tiene que ser a través de la nación? ¿No puede formarse la identidad sencillamente a través de las personas con las que nos sentimos unidos (amigos, familia, compañeros...) sin importar de dónde sean?

No creo que, en primer lugar, influyan los lugares donde nos encontremos, sino más bien que siempre son las personas las que nos llegan y nos influyen. He ganado muchos amigos internacionales (Finlandia, Israel, Francia) a lo largo de mis viajes. Todos ellos son diferentes y de todos he aprendido mucho, sobre todo, sobre mí misma. Y todo esto en conversaciones serias, no en conversaciones sobre estereotipos.

Creo que, a menudo, toda la discusión en torno a la identidad es, simplemente, una conversación fácil y simple de la que hablar y esto saca de quicio. Porque las conversaciones fáciles y simples sacan de quicio. Quiero decir que, realmente, no hablamos de cosas porque queremos conocernos o conocer algo o porque queremos entender de verdad a los demás, si no que, simplemente, hablamos por hablar. "Ja, ja, sí, tú, al ser inglés, eres exactamente así y así" y adiós. Pienso que la eurogeneración es un mito urbano que sirve para darle un hogar -Europa- a almas desarraigadas como la mía, que no sienten que pertenezcan a ninguna parte porque, en caso contrario, hay que aceptar que no se puede clasificar así directamente ni a los demás ni a uno mismo y entonces, esto, ya no sería tan fácil. Entonces tendríamos que dejar cerrados los cajones y no cambiar de estantería fácilmente. Esto sería ser abierto.

Home's where your friends are

La cuestión es que, cuanto más viajo y cuanto más tiempo estoy fuera, cuanta más gente conozco, vuelvo más a mis raíces, ahí en el bosque en el centro de Alemania.

Vuelvo a mi familia, a mi infancia allí en la región, donde, de pequeña, una podía montar y desmontar durante días la misma presa en el riachuelo de detrás de casa. Hogar. Sin embargo, esto solo tiene que ver con la región de forma limitada. Tiene que ver con mi familia, con las personas que he conocido. Mi infancia se parece más a la de mi amiga finlandesa, a la de mi amiga en un kibbutz israelí cerca de Tel Aviv que a la de una de esas niñas de la gran ciudad en Berlín, porque hemos crecido en familias parecidas, porque también son abiertas, porque nos parecemos en algo mucho más básico de lo que podría serlo un lugar. El hogar is where your heart is. Es un sentimiento que uno lleva en su interior. Identity is where your heart is. La identidad está ahí donde tu gente está, no tu región, no tu país o tu continente. Esto es lo que cuenta.