Mi experiencia como becaria francesa en Bolonia

Artículo publicado el 16 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 16 de Marzo de 2015

Pleitos, paseos, recursos judiciales, salidas...Dicho así, se me podría tomar por una reclusa, pero... ¡No, no os confundáis! Soy estudiante de Derecho Internacional y Europeo, y lo que describo a continuación es lo que ha marcado el ritmo de mi vida como becaria en Italia, concretamente en Bolonia.

Bienvenida a Bolonia, ciudad famosa por su salsa boloñesa, su mortadela y por albergar la universidad más antigua de Europa, fundada en el año 1088. Estamos en septiembre de 2014, ha llegado el momento de emprender el viaje. La historia comienza, igual que otras, con la ineludible búsqueda de alojamiento, tanto si se busca desde casa a través de anuncios colgados en Internet como si, en caso de estar un poco más loco, uno intenta encontrarlo in situ gracias a los pequeños anuncios para compartir piso colocados en la calle Zamboni, la que alberga la Facultad de Derecho, de Literatura, de Estudios Europeos, y de Economía, entre otras. Como no estoy loca, elegí la primera opción.

Toma de contacto

Comportarse como los turistas permite, en un primer momento, conocer mejor la ciudad en la que uno se dispone a vivir. Tras mis primeros paseos, me impresionó enseguida su arquitectura y los pórticos que recubren las aceras -unos 50 km a lo largo de toda la ciudad-. En mi recorrido descubrí las Due Torri,  dos torres medievales que son uno de los monumentos más emblemáticos de Bolonia, o la no menos célebre Piazza Maggiore, situada a los pies de la Basílica de San Petronio, una de las más grandes del mundo y donde se coronó a Carlos V. Si uno se siente con humor viajero, desde aquí se puede ir a Florencia, Venecia, Verona o Módena, a un paso en tren.                                                                                             Después de la adaptación a la ciudad viene la aclimatación a la "facul". Desde las primeras clases me ha llamado la atención una cosa: mientras que en Francia el 95% de los estudiantes de derecho toman apuntes a ordenador, en Italia es al contrario: cogen todas sus notas a mano. Respecto al uso diario del italiano, ningún problema puesto que lo estudio con pasión desde el instituto. Fue además durante un viaje escolar a la Toscana cuando tuve un verdadero flechazo por la lengua y  la cultura del país de Dante.

¡Quien dice vida estudiantil, dice también salidas! Y para los numerosos estudiantes Erasmus de Bolonia –o sea, cerca de una cuarta parte de la población–, asociaciones como la Red de Estudiantes Erasmus (ESN, por sus siglas en inglès) y el Foro de Estudiantes Europeos (AEGEE, por sus siglas en francés) organizan numerosas actividades y proponen descuentos en los viajes o en la entrada a discotecas. Hacia las 18:00, los bares de la ciudad organizan una fórmula denominada "aperitivo" que consta de un pequeño bufé que cuesta entre 69 euros… y que sienta muy bien a la cuenta bancaria de los estudiantes.

Llega diciembre, los primeros exámenes también. Entonces curramos como quizá no hemos currado nunca: hay que asimilar todo ese nuevo vocabulario específico, consultar muchos libros en un tiempo récord, entender, aprender. Así hasta la víspera de los exámenes, orales la mayoría de las veces. Programa: estrés, insomnio y además...¡resultados positivos, recompensa y satisfacción!

Después del esfuerzo

Después de las merecidas vacaciones de Navidad en familia y en casa, me toca regresar de nuevo a Italia. Comienza el mes de febrero y con él mi periodo de prácticas: un mes junto a un abogado del Colegio Oficial de Bolonia. Una sorpresa tras otra, y todas buenas: no fui relegada a las fotocopias, sino que se me incluyó realmente en el día a día y en los casos de mi tutor. Asistí a audiencias en el tribunal, a una mediación e incluso aprendí cómo interponer recursos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Por otro lado, pude constatar que la lengua de Shakespeare es indispensable: el abogado llevaba, entre otros, un caso radicado en Rumanía, luego el inglés era de rigor para comunicarse con la parte contraria.

Aunque el derecho italiano se parece mucho al derecho francés –los italianos se inspiraron mucho en nuestro sistema– los tribunales de los dos países no tienen nada que ver. Por ejemplo, me sorprendió la estrechez de los pasillos en los tribunales italianos, lo que dificultaba andar. Hay también muy pocas indicaciones en las diferentes estancias, por lo que un becario que no conoce las dependencias tiene muchas dificultades para orientarse. Otra diferencia es que en Francia las salas donde se celebran las audiencias están distribuidas alrededor de un gran hall, mientras que en Italia están en medio de los pasillos donde se encuentran los despachos de los jueces y las oficinas administrativas.

De este modo, he podido descubrir todas las facetas del oficio, tanto desde un punto de vista profesional como humano; por ejemplo, las relaciones que el abogado mantiene con sus clientes y sus colegas. En contra de lo que muestran las películas y series de televisión, no están todo el día a la gresca entre ellos. No obstante, a pesar de todos los aspectos positivos que me llevo de este periodo de prácticas, sé que la profesión de abogado no está hecha para mí. Lo que me gustaría de verdad sería trabajar dentro de una institución europea o de un consulado.

¿Tópico o no?

Durante mi estancia he podido apreciar el lado acogedor de los italianos y me han parecido muy agradables. Por ejemplo, si uno se pierde, no dudan en pararse con nosotros para indicarnos el camino adecuado. En Italia los patés son sagrados, tienen la costumbre de tomar una ración diaria en al menos una de las dos comidas principales. Y para seguir con los estereotipos, pienso que la imagen de que los italianos hablan fuerte y gesticulan mucho es un mito que no tiene nada de verdad.

Llegan desde lugares diferentes. Sus vidas podrían tomar cualquier rumbo y echar raíces en cualquier parte. Frente a lo imprevisto, una cosa parece ineludible: en un momento o en otro, todos  harán un periodo de prácticas. Retrato de los becarios europeos de 2015.