“Mi mundo visto a través de los pezones”: La vida de un autoestopista místico

Artículo publicado el 21 de Febrero de 2011
Artículo publicado el 21 de Febrero de 2011
Puneet Sahani, de 26 años y originario del Punyab (India), vive en Berlín, pero dice no tener patria: durante más de un año ha recorrido Europa haciendo autostop. Su acento se ha ido transformando dependiendo del sitio de residencia, y su historia es abrumadora.
El río de palabras que ha ido construyendo durante este tiempo desemboca en el libro My world seen through areolas ("Mi mundo visto a través de los pezones"), la guinda a una aventura iniciada en el 2009, cuando dejó el trabajo para buscar la gasolinera más cercana y alzar el pulgar.

Su única relación de amor verdadero la tiene con la carretera, la mejor maestra vital. Su experimento está basado en él mismo: liberarse lo más posible de los condicionamientos externos, desnudar los propios deseos y seguirlos apasionadamente. Ha recorrido en autostop 21 países europeos, sin mapa ni cartel que mostrara su próximo destino; no tenía dirección, para él el viaje se creaba a partir de encuentros casuales. De ahí el título. En su historia no da protagonismo a los sitios por los que pasa, sino que los describe a través de las mujeres que encuentra por la calle, con quien ha compartido momentos, horas o días enteros. No esconde el amor desenfrenado por las mujeres, ni la provocación, porque "es confundiendo a la gente cuando se les hace pensar y sacar su personalidad más genuina". Cada ciudad está relacionada con una faceta, con atardeceres en compañía bebiendo vino comprado al vuelo. No se interesa por los monumentos, no busca los itinerarios destinados a los turistas, sino que intenta vivir con intensidad juntamente con quienes  se ofrecen a hospedarlo y tienen suficiente estómago para aguantar sus bromas. "¿Cuánto tiempo estoy con alguien? Depende de lo guapa que sea y de los preservativos que tenga". Al chiste (arte perfeccionado en la calle) le sigue una carcajada histérica, pero entonces Puneet explica que es una cuestión de sintonía de energías; se queda hasta que siente que es bonito pasar tiempo juntos y, después, sin esperar que el otro diga basta, hace su mochila y se va, "ligero como una pluma".

Una mente curiosa, alérgica a los dogmas occidentales

Tenía una especie de diario de a bordo, pero abandonó el traicionero ordenador portátil cuando estaba en Goteborg. Así que cogió papel y lápiz y se encomendó a su "memoria de elefante", imaginando el libro como una historia de emociones y un modo de agradecer a todos aquellos que, a lo largo del viaje, le han ofrecido espontáneamente un poco de afecto. Por ese motivo a menudo aparecen flashbacks y digresiones; las mujeres son complicadas (las escogió porque son más abstractas que los hombres, representan mejor la poesía del vivir) y, "sin embargo el lenguaje puede gustar también a un quinceañero que se rula unos porros"; quien quiera puede leer entre líneas la profundidad de un amante del misticismo. Está seguro de sí mismo, de hecho "se ama", y por eso cree poder querer a los demás. Por eso no ha querido buscar un editor que hiciera recortes y cosiera de nuevo su obra: su amiga Anick-Marie Bouchard, escritora canadiense y una de las viajeras solitarias más famosas del mundo (responsable de las traducciones del web couchsurfing.org) se encargará gratis.

Punseet no da consejos especiales, sabe que cada uno debe encontrar su modo de "reírse de la vida"; a él le gusta tener una mente curiosa, alérgica a los dogmas occidentales, y mantener la empatía de su Oriente. No cree en la nacionalidad, sino en el individuo, se siente atrapado si está siempre entre cuatro paredes y anhela el oxígeno de la calle. En su año de autostop ha vivido como un intruso: lo único que necesitaba era un brindis o cargar su shisha (narghilé), originaria de la India, la compañera de viaje más paciente.

La alegría de los acontecimientos inesperados

A menudo necesita estar solo, pero nunca se siente solo: "La amistad no se busca", dice; "nace espontáneamente". Y me cuenta la anécdota de la piedra del Naviglio Grande de Milán que le regaló una chica, y que se llevó a la India pese a la incomodidad, en señal de profunda amistad. Escribe en Facebook la meta de su próximo viaje y se une alegremente a quien quiera recorrer un tramo con él. "Sólo si no se tienen expectativas, algo programado, se puede verdaderamente gozar de aquello que te sucede". Obviamente también ha tenido problemas: es el único no-blanco que ha viajado en autostop tanto tiempo, y no le han faltado manifestaciones racistas. En República Checa la gente se negaba a responder a sus solicitudes, mirándole de arriba abajo pensando que era rumano; en los pueblos italianos su barba sin afeitar y la mochila lo convertían en un terrorista, tanto como para inducirle a ponerse cuidadosamente cerca de un poste para hacer autostop y no ser recogido; la policía de aduana alemana no se cortó en registrarlo a fondo, incrédula ante el hecho de que no llevase droga. Alguna que otra vez algún camionero intentó tener relaciones sexuales con él, pero "he salido siempre airoso con un chiste".

"No practiques sexo a la alemana"

"Al final no es tan cierto que los europeos sepan bien el inglés": a menudo sus conversaciones se reducían a gestos básicos y a las palabras indispensables en la lengua del sitio donde se encontraba ("baño", "perdone", "quería un billete", "eres guapa"). Le gustan los estereotipos de los diferentes países, y tiene problemas para hablar políticamente correcto. A los italianos no les preguntaría nada si tiene prisa, sabe que hablan demasiado sin llegar nunca a la cuestión, y cuando brinda desea a todos que "no hagan sexo a la alemana" por su frialdad. Su familia ya se ha acostumbrado a su alma nómada, porque ya de pequeño se sentía "un poeta y un romántico radical", y espera seguir siendo así dentro de diez años. Quiere regresar a la India como político y "corromper nuestro sistema de educación, desarrollar el potencial de rebelión de los jóvenes": en un país todavía con dificultades, las personas se dan codazos de competitividad por un sitio en las mejores facultades científicas, "olvidándose del arte, del amor, de equivocarse, de hacer, al fin y al cabo, aquello que sienten". Suspira cuando le pregunto por el mejor y el peor recuerdo: vive de manera íntegra: "Si describes, metido en una sala, el esplendor del atardecer, te lo pierdes. Yo salgo y lo vivo".

Fotos: cortesía de Puneet Sahani/facebook