Mi tío abuelo y lo de Cataluña

Artículo publicado el 2 de Noviembre de 2017
Artículo publicado el 2 de Noviembre de 2017

Mi tío abuelo, como todo castellano, es parco en palabras. Esa frialdad no ha impedido que el otro día en la residencia me bombardeara con sus preguntas sobre Cataluña: ¿qué está pasando? ¿ha habido referéndum? ¿qué es el 155? Por una vez fue él quien me dejó sin palabras. Relato ficticio. 

Referéndum. Declaración de independencia. República Catalana. Artículo 155 de la Constitución. Elecciones autonómicas. Denuncia de la Fiscalía. Asusta contemplar la lista de acontecimientos que se han agolpado en los últimos días. Da igual que escribas Cataluña o Catalunya -hasta en esto hay intención política-: si vives en un entorno social con cobertura a Internet o un mínimo contacto con la realidad de España -o del Estado español, que aquí también hay sesgo-, habrás experimentado una sensación de fragilidad, que se extrema en una sociedad tan sobreinformada. Demasiada incertidumbre.

Por si fuera poco, el ritmo de los acontecimientos es tan veloz que cualquier artículo -como este- sufre el riesgo de quedarse anticuado en pocas horas. No podemos procesar tanta declaración institucional, conexión en directo, reacción política de la reacción política. La trama que ha monopolizado las portadas, los minutos y los clics resulta tan enrevesada y a ratos irracional que ha sido relacionada en redes con un guion de Stranger Things o con una película de Berlanga. Dramático de igual modo cuando hablamos de una historia “basada en hechos reales”.

Pues si las tertulias y los timelines se llenan de predicadores capaces de aventurar el próximo capítulo, imagínate el esfuerzo que supondría tratar de explicar lo ocurrido hasta ahora a alguien que conoce el lío de oídas.

-¿Y qué pasa con lo de Cataluña?

Mi tío abuelo leía la prensa todos los días hasta que le ingresaron en la residencia. Afortunadamente, mi tío abuelo no tiene Twitter, y es una de las pocas personas en España que no sabe quién es Antonio García Ferreras. No obstante, aprovecha las visitas de amigos y familiares para saciar su curiosidad de noticias.

-¿Y qué pasa con lo de Cataluña? -me preguntó, ávido de una explicación simple.

La primera opción era soltar alguna generalidad -que no Generalitat- y cortar por lo sano.

-Que hay muchos problemas, tío.

-Ya, pero… ¿qué ha pasado?

-A ver…

En este punto, tocaba hacer memoria para, acto seguido, recurrir a la frase preferida de cualquier adicto a series de televisión.

-¿Por qué capítulo se llega?

-Hubo un referéndum, ¿no?

Aquí empezaron a entrarme sudores fríos. Si me hice periodista, se supone que era para saber contar cosas como esta. Se supone.

-Eh… sí. Fue declarado ilegal, pero lo hicieron. Eso lo sabe usted, ¿no? Lo de las urnas, los Mossos, el barco de Piolín y todo eso.

-Sí. ¿Y después?

A mi tío abuelo se le puso cara de examinador de Tráfico. Yo no podía fallar.

-Pues mire… Salió Puigdemont y dijo que declaraba la independencia, y que la suspendía.

-¿Pero todo a la vez?

-Eh… no. Se supone que la suspendió para negociar con el Gobierno.

-¿Con Rajoy?

-Sí. Y la gente se alegró mucho, y a los segundos se cabreó y le llamaron traidor a Puigdemont.

-Con gente dices los independentistas, ¿no?

-Sí, eso. El caso es que luego hubo manifestaciones por la independencia, manifestaciones por la unidad de España, que si esto, que si lo otro… Y en la prensa salió que Puigdemont convocaría elecciones autonómicas. Puigdemont dijo que iba a comparecer, luego retrasó la comparecencia, la retrasó otra vez y ya habló para decir que no convocaba elecciones.

-¿Y por qué?

-Dicen que hubo negociaciones de última hora, pero que el Gobierno se negaba a paralizar la aplicación del 155. Entonces el Parlament declaró la independencia y…

Segundos de silencio. Mi tío abuelo torció el gesto.

-¿Y?

-Pues que no sé, tío.

-¿Cómo que no sabes?

Aquí me derrumbé.

-Es que mire usted… ¿Sabe lo complicado que es enterarse de lo que pasa?

-Pero… ¿tú no eres periodista? ¿No tienes el móvil? ¿Internet?

-Si ya lo sé, tío. Pero usted tenía que ver qué difícil es todo esto. Declaran la independencia y luego no. Convocan comparecencias, las posponen, las suspenden y las vuelven a convocar. Unos se llaman traidores a otros y al poco se vuelven a juntar. Por la tele salen imágenes de cargas policiales, y un ministro dice que hay imágenes falsas. ¡Y aquí nadie entiende nada! Luego ves a unos en el balcón sacando banderas, a otros golpeando cacerolas. Y tuits llenos de insultos, de reproches, de memes. Porque no tenemos ni idea de lo que está pasando, porque las cosas cambian a cada segundo y yo no sé si Puigdemont es President en el exilio o President cesado, si la CUP se va a presentar a las autonómicas o van a comerse una paella, si Podemos es independentista o no, si el 155 ha sido duro, blando o mediopensionista, si TV3 manipula, si TVE manipula, si García Albiol está saliendo ahora mismo en alguna televisión o si todo esto es un sueño de Resines.

Mi tío abuelo me miró con cara de preocupación, como si yo hubiese perdido el norte. Cuando vio que me di cuenta de su inquietud, cambió ágil el gesto.

-Bah, ya verás como todo pasa. ¿Vamos a dar un paseo?

Dio el sí por sobreentendido. No volvimos a sacar el tema de Cataluña en toda la visita. Para colmo, esto me despertó una duda más. ¿Resulta inconsciente que dejemos de hablar de este problema, aunque sea por evitar discusiones o por mera salud mental? Ignorando el problema no lo solucionamos, pero poco podemos solucionar hablando desde una residencia en Palencia si ya es complicado de afrontar -siquiera de entender- este problema sobre el terreno.

Antes de irme, mi tío abuelo tenía una última pregunta que hacerme.

-¿Qué narices es un meme?

-Eso mejor para otro día, tío. Demasiadas preguntas. Demasiada incertidumbre.