Michal Natorski: La UE mantendrá su ambigüedad calculada con Ucrania

Artículo publicado el 27 de Octubre de 2006
Artículo publicado el 27 de Octubre de 2006

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La cumbre UE-Ucrania llega precedida por las tensiones energéticas con Rusia y la crisis de gobierno ucraniana: malas condiciones para alcanzar acuerdos.

Mañana, 27 de octubre, en Lathi, Finlandia, tendrá lugar la nueva cumbre UE-Ucrania. En la agenda, lo principal es llegar a un acuerdo sobre visados, pero nadie esconde que se hablará de energía y sobre todo de cómo acercar a Ucrania a la UE, la OTAN y la OMC. El polaco Michal Natorski, especialista en Relaciones internacionales e integración europea de la Universidad Autónoma de Barcelona, nos explica por qué Ucrania ha visto ralentizada su carrera hacia una UE que, a su entender, “no ha hecho lo suficiente por ayudar a Yuschenko a legitimar la Revolución Naranja”.

¿Qué aportaría a la UE una Ucrania dentro de ella?

La posibilidad de que entre en la UE no es viable antes de 10 ó 15 años. Una vez hechas las reformas necesarias, habría muchos interrogantes. Una UE inmersa en su crisis constitucional no está preparada para emprender en serio el debate sobre la adhesión de Ucrania. Dicho esto, esta adhesión podría constituir una prueba de la viabilidad de la “vía europea para la democratización” basada en la expresión de la voluntad popular. La UE tiene, en su vecindad con Ucrania, la posibilidad de confirmar su credibilidad como potencia normativa internacional.

Además, la transición en Ucrania desde un sistema semi-autoritario presidencial hacia el sistema mixto parlamentario-presidencial puede desmentir la tesis según la cual en el área post-soviética los sistemas presidencialistas autoritarios son los más eficaces.

Hemos asistido la semana pasada a otra crisis de gobierno en Ucrania: ¿Aleja esto al país de la OTAN y de la senda hacia la UE?

La crisis de gobierno en Ucrania dura ya desde septiembre de 2005, cuando la entonces primera ministra, Timoschenko, fue forzada a dimitir por el Presidente Victor Yuschenko. Desde entonces, el gobierno central no tiene mayoría parlamentaria estable y las pasadas elecciones de marzo [en las que ganó el eterno rival de Yushenko, Yanukovich] no cambiaron nada. La falta de un liderazgo claro dificulta las reformas para el acercamiento a los criterios de adhesión tanto a la UE como, en menor medida, a la OTAN.

La división de competencias entre el gobierno y el Presidente impide transmitir una política exterior clara. Hoy, asistimos a una rivalidad interna entre dos centros de poder sobre quién liderará la política exterior en Kiev. Es una situación similar a la que vivió Polonia hasta 1997 cuando su Presidente tenía la prerrogativa de nombrar -con independencia de la voluntad de las fuerzas políticas del gobierno- a los ministros de asuntos exteriores, de defensa y del interior. En Ucrania, esta política de multi-vectores servía, durante la etapa de Kuchma como Presidente, para mantener su equidistancia entre Rusia y Europa Occidental. Hoy, esta política, en vez de ser una estrategia planificada y deseada, es la consecuencia de las rivalidades políticas, confundiendo y desgastando toda la credibilidad y prestigio internacional conseguidos durante la Revolución Naranja.

¿Tiene la UE una postura inequívoca frente a Rusia en relación a la voluntad de Yushenko de entrar en la UE y en la OTAN?

Para el bien de las relaciones UE-Rusia y UE-Ucrania, estas dos relaciones deberían desarrollarse de manera independiente. Ucrania no debe ser tratada como un Estado dependiente de las relaciones con otro país, aunque sea un país tan potente como Rusia.

Lo que pasa es que Rusia ha digerido mejor su fracaso en la Revolución Naranja de lo que la UE lo ha hecho con su éxito. Rusia ha rediseñado enseguida su política exterior basándola en su potencia energética, mientras la UE se centró en su crisis constitucional, en el debate sobre la adhesión de Turquía, la negociación del nuevo marco financiero, etc. Es decir: se concentró en sus asuntos internos.

La cumbre UE-Ucrania del 27 de octubre se centrará en temas de visados para los ucranianos, e inmigrantes clandestinos devueltos por la UE a Ucrania: ¿No hay detrás de ello una voluntad por parte de la UE de examinar el funcionamiento de la policía ucraniana y de señalarle a Ucrania cómo reformarla para homologarla a las policías de los Estados europeos?

No. Se hablará sobre todo acerca de los visados para los ciudadanos ucranianos que desean entrar en el territorio de los Estados que forman parte del sistema Schengen. La Comisión Europea intenta aplicar a todos los acuerdos sobre visados una cláusula de readmisión de inmigrantes clandestinos. Aunque con Rusia sigue acordando una moratoria en este terreno. Sin embargo, lo que causa más miedo en la UE no son los inmigrantes clandestinos de los países terceros que utilizan a Ucrania como país de tránsito, sino los propios ucranianos. Es más, la UE tiene una política de visados más estricta con Ucrania, su vecino directo, que con algunos de los países de América Latina.

Ahora bien, el fondo de esta cumbre bilateral y de las futuras será el nuevo acuerdo bilateral entre Ucrania y la UE que sustituya al actual Acuerdo de Cooperación (Partenership and Cooperation Agreement) que vence el año que viene. La negociación será de máxima importancia para Ucrania de cara a sus aspiraciones de adhesión a la UE. Desde perspectiva de la UE, el nuevo acuerdo tratará de mantener su ambigüedad calculada, exigiéndole a Ucrania adaptarse a las normas de la UE, sin ofrecerle a cambio la perspectiva de una adhesión. Ni siquiera quiere llamar a este acuerdo como “Acuerdo de Asociación”, como sí lo hace con los que tiene con Méjico o Chile, por ejemplo.