Michel Eddé: “La asistencia económica al Líbano no aumentará el dominio de Occidente sobre el país”

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2007
La conferencia de París III, del 27 de enero, aceptó la concesión de 7.600 millones de dólares para la reconstrucción del Líbano. ¿Un tanque de oxígeno para un gobierno minado por la inestabilidad?

Michel Eddé, Presidente de la Liga Maronita libanesa, de 79 años de edad, reivindica el modelo comunitario libanés como el único susceptible de expresar armoniosamente la diversidad del país. Ministro en repetidas ocasiones, éste hombre político es a su vez director del L’Orient Le Jour, uno de los diarios francófonos más antiguos.

¿Contribuye de verdad la asistencia económica europea a reconstruir el Líbano?

La ayuda que se aporta al Líbano no es sólo europea: los subsidios europeos (440 millones de euros) son por otra parte menores que los aportados por los contribuyentes árabes (846 millones de euros) o por los americanos (700 millones de dólares). Se trata sobre todo de préstamos con interés reducido en un periodo medio concedido al Líbano con un plazo de gracia de algunos años para comenzar su reembolso. Estos préstamos deberían permitir al Líbano renegociar su deuda y ayudarle a superar las dificultades de los próximos dos o tres años. En un futuro próximo, el Estado se enfrentará a las dificultades generadas por las secuelas de la agresión israelí de julio de 2006 y el desgaste sufrido por los sectores público y privado libaneses. De todo el dinero otorgado al Líbano, tan sólo una cantidad limitada –entre 1.500 y 2.000 millones de dólares– está formado por contribuciones y donaciones. Todas las aportaciones, préstamos y donaciones permiten sostener y estabilizar la libra libanesa y mantener el equilibrio de la balanza de pagos. De hecho, la Conferencia internacional de París III (destinada a apoyar al Líbano y que se desarrolló el pasado 27 de enero) tuvo un impacto muy positivo sobre los libaneses residentes en el extranjero: la reunión ha permitido reestablecer su confianza en el futuro del país y les ha incitado a proseguir la transferencia de sus capitales hacia el Líbano. Un flujo que, desde el final de la segunda Guerra Mundial, todavía es un elemento capital para la prosperidad y el desarrollo del país.

Esta afluencia de dinero, ¿no corre el riesgo de desestabilizar el gobierno, exacerbando el sentimiento de que el país está siendo controlado por Occidente?

Es del todo equivocado, e incluso tendencioso, pensar que la ayuda económica europea, árabe o americana corre el peligro de desestabilizar o de reforzar el dominio occidental sobre nuestro país. El Líbano siempre mantuvo una estrecha relación con los Estados de la comunidad internacional, incluso durante la era soviética. En la actualidad, el término “Occidente” no tiene un sentido determinado: ya no hay bloques en conflicto abierto y el Líbano mantiene excelentes relaciones con lo que se ha decidido llamar Occidente y Oriente.

¿La reconciliación entre las facciones libanesas pasa por necesidad por una retirada significativa de la influencia extranjera?

Desde siempre, los países extranjeros como Siria, Irán, los Estados Unidos, Francia e incluso Egipto, Arabia Saudita o Rusia han cultivado sus relaciones y ejercido una influencia sobre las coaliciones políticas presentes en la escena libanesa. Esta interacción se debe al hecho de que el Líbano ha sido históricamente un punto de encuentro de civilizaciones: a la vez puente entre Oriente y Occidente, artífice del diálogo entre las civilizaciones y especialmente del diálogo islamo-cristiano, y en algunas ocasiones teatro de confrontaciones regionales. A mi entender, la reconciliación entre las facciones libanesas pasa por el restablecimiento del Estado de Derecho, la puesta en práctica de la democracia consensual y el buen funcionamiento de las instituciones. Con tal configuración, los países extranjeros no tendrían la posibilidad de beneficiarse de la debilidad o de la ausencia de instituciones para tratar de reforzar su propia influencia.