Michel Herbillon, la comunicación en las venas

Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2005
Artículo publicado el 28 de Noviembre de 2005

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¿Contar Europa mejor? En un informe entregado el pasado mes de junio al primer ministro francés, el diputado Michel Herbillon propuso 40 ideas para remediar la ignorancia de los franceses. Que tomen nota los 25.

París, Assemblée Nationale, una fría mañana de noviembre. Escáner, guardia republicana, acreditación obligatoria…, etc. “Esto es Numancia, los parlamentarios están en sesión plenaria para decidir los presupuestos generales”, me susurra Michel Herbillon, conduciéndome por el dédalo estucado de este templo de la democracia. Tiene 54 años y ojos del azul del acero. Este diputado por Val de Marne y alcalde de Maisons-Alfort, localidad de la periferia de Paris, miembro de la mayoría parlamentaria UMP de derecha, me acompaña mostrándome las salas en plan propietario.

¡Qué mona es la República!

A nuestro anfitrión le gustan las cosas bonitas: no en vano, fue miembro del consejo de administración del Centro nacional de arte y cultura Georges Pompidou y dirigió durante muchos años Artcurial, una factoría artística “destinada a hacer del arte algo accesible para todos”. Van resbalando nuestros pies, acolchados por la espesa moqueta que recubre los pasillos parlamentarios. Durante esta fuga enguatada, Herbillon señala –sarcástico- el salón en el que se peinan los diputados y por último la biblioteca de la Asamblea, remanso de paz en el que obras inmemoriales se dedican a dormir el sueño de los justos entre estanterías de madera y terciopelo. “Delacroix pintó los techos”, murmura mi interlocutor. Vuelta al “bar” de los diputados: frescos sobre azulejos de Sèvres, mampostería y ventanales asomados a unos jardines con los muelles del Sena como telón de fondo. “Me gusta la cultura”, profesa este esteta. “La ópera italiana, la literatura alemana…, etc. Europa es inseparable de sus propios valores culturales, sus escritores, compositores, pintores…, etc. Podemos perfectamente ser amigos de los norteamericanos sin por ello aceptar la hegemonía de sus costumbres.”

Mientras abordamos el plato del día acompañado de un vino Château Chasse-Spleen, mi invitado evoca su infancia pasada entre Francia, Argelia y Alemania según las obligaciones de su padre militar. Aunque germanófilo en el alma, cursó estudios de Ciencias Políticas y Derecho antes de hacer carrera como gerente en Christian Dior, Mc Kinsey o Vivendi. A los 38 años desconecta: ya sólo se dedicaría a la política. “Me di cuenta que me faltaba algo: hacía tiempo que deseaba ocuparme de los demás, del interés general”, me explica. “Tras madurarlo con tiempo, me sentí preparado para afrontar los riesgos y los vaivenes de la política.” Como alcalde reelegido dos veces de Maisons-Alfort, Michel Herbillon accede al ruedo parlamentario en 1997. Es consciente de la tumultuosa relación entre los franceses y sus representantes, así como de la crisis de confianza global respecto de la elite dirigente, pero prefiere relativizar. “Aunque la gente tiene por lo general una opinión negativa de los políticos, la función de alcalde es de proximidad: desde este puesto se puede juzgar con facilidad la acción de gobierno desarrollada”, argumenta. “En cuanto a los asuntos europeos, los ciudadanos tienen sed de información y conocimientos, pero se sienten desorientados.”

La ignorancia equivale a rechazo

En el pasado mes de junio, a solicitud del primer ministro francés Dominique de Villepin, Herbillon elaboró un informe que analizara una de las causas del “non” francés en el referendo: la ausencia de una comunicación eficaz acerca de la “cosa esa” europea, tal y como el general de Gaulle hubiera podido llamar a las instituciones comunitarias. En este documento titulado La fractura europea, Herbillon arroja una constatación lúcida y preocupante: no existe pedagogía alguna sobre Europa en el día a día. “Es urgente salir de la Europa institucional y árida y acercarla a la gente de la calle”, subraya el autor. También critica el abuso de la terminología made in Bruselas. “¿Por qué persistir en el uso de una jerga comunitaria que suscita tanta incomprensión entre el público? ¿Alguien sabe realmente lo que es la Estrategia de Lisboa?”

“La relación entre Europa y la opinión pública está jalonada de desencuentros”, añade. Si por un lado, la ampliación al este o los trabajos de la Convención europea han levantado poco interés entre los franceses, por otro la píldora del Euro pasó sin dificultades gracias a una movilización sin precedentes de la sociedad. Pero para Michel Herbillon, “no podemos pretender compensar 50 años de silencio sobre Europa con tres meses de campaña. Ningún protagonista del sistema se encuentra hoy a la altura de las circunstancias: los políticos usan Europa como chivo expiatorio; los medios de comunicación se quejan de que la actualidad comunitaria no vende; los sistemas educativos se niegan a incluir formación sobre el tema comunitario, pues se asimila a propaganda”, aclara. “La hora de los encantamientos debe acabar: hay que actuar de modo que la población se vuelva a apropiar del proyecto europeo.”

Eurolocuras o “50 por 15”

Del déficit global del que nos habla, saca 40 propuestas concretas para tener mejor informados a los franceses. Y también a los demás europeos. “Esta ignorancia acerca de los asuntos europeos no es una excepción francesa”, insiste. “Basta comprobar la tasa de abstención creciente en las elecciones europeas.” Entre la medidas concretas -simples y baratas- propuestas por Herbillon figuran entre otras la remodelación de la función del ministro de asuntos europeos, la europeización de os gabinetes ministeriales con puestos atribuidos a perfiles europeos o la promoción de Europa a través del mundo de la ficción y el entretenimiento. “¿Por qué no lanzar un concurso como 50 por 15 con preguntas europeas?, se pregunta. “El éxito de la película Una casa de locos ha hecho más por el programa Erasmus que todas las demás campañas de difusión”, me recuerda. Tampoco vendría mal “generalizar el hermanamiento cibernético entre colegios de Europa poniendo en pie toda una red de ‘intercambios’ europeos. Es más, sería interesante insistir en la visibilidad de los símbolos europeos”, sugiere. “Imponer la doble bandera en los edificios públicos, acuñar sellos europeos o convertir el 9 de mayo en una fiesta popular y no protocolaria, mediante la creación de festivales culturales y artísticos sobre Europa”. Es imprescindible colocar a Europa en prime time.