Michel Houellebecq: la sumisión de Alemania

Artículo publicado el 2 de Febrero de 2015
Artículo publicado el 2 de Febrero de 2015

¿Por qué el escritor francés Michel Houellebecq fascina tanto a los alemanes? El polémico autor de la obra Soumission, su última novela, logró vender 100.000 ejemplares en los tres días posteriores a su publicación.  

Cuando hablamos de los franceses, hay cosas que los alemanes no entienden, y viceversa. Por ejmplo, los alemanes se preguntan cómo los franceses pueden engullir a diario varios platos en cada comida sin convertirse en obesos (o al menos, menos obesos que otros, un misterio que puede dar mucho dinero a aquellos que intenten resolver el dilema). Por otro lado, a los franceses les exaspera el entusiasmo de los alemanes hacia el polémico autor, Michel Houellebecq. Cierto, los franceses se han acostumbrado a su presencia pero, ¿qué le ven nuestros vecinos alemanes a este autor de apariencia devastada?

Una desesperación total y sin fin unida al aburrimiento

En realidad, Alemania no se ha enamorado de repente del autor del best-seller Soumission, cuya popularidad puede deberse a los recientes atentados que vivió Francia. En su libro, Houellebecq imagina un siniestro futuro para el país galo y para François, su personaje principal que trabaja como profesor de universidad. Y es que en su mundo imaginario, las elecciones presidenciales de 2022 finalizan con la victoria de un partido musulmán moderado contra el Frente Nacional de Marine Le Pen

En 2006, su libro Las partículas elementales, fue llevado a la gran pantalla en Alemania. Una película dirigida por un alemán y con un reparto lleno de conocidos rostros del cine germano. De repente, la trama al completo parecíaa ser alemana, ¿por qué Houellebecq es tan bien recibido más alla del Rhin? Un esbozo de respuesta sería simplemente afirmar que no existe ningún autor similar en Alemania ni nada parecido a su creación literaria. 

Las partículas Elementales de Oskar Roehlers (2006)

Ningún escritor de mediana edad, excepto Houellebecq, escribe sobre hombres que tienen una relación extraña con las mujeres en general y con su propia vida sexual en particular. La atmósfera que reina en sus libros es la de un desaliento absoluto y sin fin que se une a la desidia. Los protagonistas, que no se soportan a sí mismos, tienen con frecuencia una ausencia total de habilidades sociales. Esa es la razón por la que en Alemania nos parece algo estupendo; viene de Francia y, por lo tanto, de alguna forma se trata de algo intelectual y osado. Houellebecq da la imagen de un personaje público e intelectual y en Alemania es visto como un tipo bastante raro. En lo que respecta a aquellos que expresan en sus textos lo que piensan sobre ciertos debates políticos, hubiera sido preferible que se abstuvieran

Muy francés 

Houellebecq también tiene la ventaja de no ser alemán. Para ellos, el escritor representa todo lo que significa ser francés: el cigarro en los labios, una imagen de aburrimiento espiritual en el rostro, prendas amplias de dudoso gusto y un aura de misterio. Después de su única aparición en Alemania, el 19 de enero, en Colonia, el periódico Die Zeit escribió de Houellebecq que se comportaba "como si siguiera la escena de su propia novela: arrastra los pies, arruga la cara, viste con una vieja parca, un pantalón muy corto y  una chaqueta vaquera. Es el aburrimiento personificado". ¡Ah, estos franceses, siempre tan inconformistas! 

Todo lo que se dijo después sobre su visita a Alemania contenía la idea del "todo me da igual". A fin de cuentas, la gente esparaba obtener alguna respuesta del autor del libro del momento que ha recibido críticas literarias muy positivas. Entonces, ¿qué hay del islam en la actualidad en Francia? Desafortunadamente, el autor no ha tenido ninguna intención de responder a este tipo de preguntas. El Süddeutsche Zeitung también escribió: "cuando se trata de política, Houellebecq se vuelve muy distante. Él no se ve responsable de nada y eso que ha escrito una novela considerada por muchos como una bomba política". Bastante mediocre para el francés, visto por el mundo entero como el sucesor de Sartre y Focault (al menos hay que admitir que comparte con Sartre su mal gusto a la hora de vestirse).