MigSzol: la voz de quienes no la tienen en Hungría

Artículo publicado el 24 de Abril de 2017
Artículo publicado el 24 de Abril de 2017

Aliz Pocsuvalszki es una de esas emprendedoras que aparecen en la lista de New Europe 100 y que quieren cambiar Europa Central y del Este. Hablamos con ella para que nos cuente su experiencia como agente de cambio y defensora de los colectivos más olvidados de Hungría.

Si tenemos en cuenta los acontecimientos de 2016, e incluso de principios de este año, la esperanza de que un futuro diferente es posible es más necesaria que nunca. Eso es precisamente a lo que se dedica New Europe 100, a buscar personas excepcionales en ámbitos tan diversos como los negocios, la sociedad, la política, la ciencia, los medios de comunicación y la cultura, con el propósito de reunirlos en torno a un programa de ideas innovadoras y nuevas colaboraciones. Aliz Pocsuvalszki, organizadora y activista del grupo MigSzol, es una de esas personas.

Aliz, una profesora húngara, comenzó trabajando con diferentes minorías sociales durante su etapa de estudiante universitaria. Su primer proyecto importante fue el desarrollo de un centro comunitario para familias con pocos recursos en los suburbios de Szeged, una ciudad del sudeste de Hungría. "Considero ese proyecto como el más satisfactorio de todos en los que he participado", dice Aliz. "Trabajamos desde el principio con gente local en los planes del centro y ellos se implicaron a lo largo de todo el proceso, lo que me parece de una importancia capital en los proyectos comunitarios".

También trabajó como profesora en una escuela pública, donde enseñó a niños de familias desfavorecidas; en centros de barrio o en escuelas rurales; así como con diferentes comunidades de romaníes. Hace unos años se mudó a Budapest, donde comenzó a enseñar húngaro a extranjeros en diversas organizaciones no gubernamentales. Sin embargo, esa experiencia tan especial - trabajar con los demás con el fin de alcanzar un objetivo colectivo - pasó un poco desapercibida, debido a la estructura jerárquica de dichas organizaciones. Tener un vínculo equiparable a una relación de cliente-ayudante con sus estudiantes le resultó extraño e incómodo. Mientras buscaba otras alternativas, Aliz encontró una organización que le ofrecía la solución perfecta.

Juntos en torno a un mismo programa

"Encontré MigSzol después de leer un artículo sobre la lucha de Rakan, un refugiado palestino de Siria que buscaba reencontrarse con su familia", recuerda Aliz. El hombre inició una huelga de hambre para llamar la atención sobre su caso, y MigSzol le ayudó en su misión. La historia de este hombre y la forma en la que la asociación intentó ayudarle le impresionó: "Decidí asistir a uno de sus eventos y esto me convenció para quedarme con ellos. Me pareció una idea excepcional formar parte de un grupo en el que todos los miembros son iguales y están capacitados para trabajar juntos con un objetivo común muy atractivo".

La historia de MigSzol comenzó en noviembre del 2012, cuando cerca de setenta refugiados afganos empezaron a protestar para mejorar sus condiciones de vida y recibir más ayuda para su integración en Hungría. Este grupo de personas estaba viviendo en un campo de refugiados en Bicske, que en ese momento funcionaba como un centro de reintegración. Eso significaba que solo los refugiados reconocidos como tales podían vivir allí hasta que recibiesen sus papeles oficiales. El grupo decidió hacer públicas sus condiciones de vida y darlo a conocer no solo mirando por su propio interés sino también por el interés de otros refugiados y migrantes en Hungría. Durante las protestas algunos locales e inmigrantes húngaros se unieron a su iniciativa y así es como nació MigSzol.

La primera crisis que conoció el grupo tuvo lugar unos meses más tarde, cuando los afganos abandonaron su país para instalarse en Alemania. A pesar de su lucha continua, su situación no cambió ni lo más mínimo. La asociación tuvo que partir de cero y pasó meses trabajando con otros grupos afines con el objetivo de definir sus principios básicos. "No nos consideramos activistas políticos," declara Aliz. "Somos una asociación local, independiente políticamente y sin jerarquía. Intentamos tomar cada decisión a partir de un consenso común, lo cual no es fácil, y lo seguimos haciendo. Es muy importante para nosotros no trabajar para los refugiados, sino trabajar con ellos".

Como activistas políticos, los miembros de MigSzol trabajan por los derechos sociales y políticos de los migrantes y refugiados que viven en Hungría. Para MigSzol es crucial informar a Europa de la situación de los refugiados en el país mediante noticias, e informes en inglés y en húngaro. En MigSzol hay húngaros, extranjeros y refugiados, y forma parte de una amplia red internacional de activistas y voluntarios, lo que les ayuda a difundir informaciones a escala mundial.

"Hungría es un país de tránsito"

Como dice Aliz, "el discurso actual persigue mostrar que Hungría es un país de tránsito, y el gobierno intenta confirmarlo con sus acciones". Desde el año pasado, la situación de los refugiados va de mal en peor. En mayo, el acuerdo de integración para los refugiados reconocidos oficialmente se canceló. Desde que se levantó una barrera -una concertina con cuchillas- en la frontera, solo hay una zona de acceso por la que los demandantes de asilo político pueden entrar en Hungría, si bien el número de entradas diarias ha pasado de veinte a cinco. Al mismo tiempo, el gobierno está cerrando los centros permanentes de refugiados y desplazando al resto de demandantes de asilo y refugiados a campos temporales situados en la frontera y mal equipados en caso de condiciones climatológicas adversas. Todas esas acciones acometidas por el gobierno no buscan otra cosa que despoblar el país de refugiados, y mantener una postura xenófoba respecto a refugiados y migrantes. 

Uno de los objetivos principales de MigSzol es acabar con las deportaciones que practica Hungría. De acuerdo con el Reglamento de Dublín, el primer país Miembro de la UE al que llega y en el que se registra un demandante de asilo político es el encargado y responsable de dar respuesta a la demanda de esa persona. Esto también significa que los refugiados pueden ser deportados al país desde el que han entrado, incluso si las condiciones de vida y las posibilidades de integración allí son peores. "Creemos que los refugiados deberían tener el derecho a pedir asilo en aquellos países en los que tendrían más posibilidades de comenzar una nueva vida", explica Aliz. "Cuando hablamos de más posibilidades, eso engloba una variedad de criterios que van desde una mejor situación económica o conocer la lengua del país hasta el bienestar de los miembros de la familia. Utilizando nuestra red international para difundir información sobre las condiciones de los refugiados en Hungría, esperamos poder influir en las decisiones oficiales".

Primeros pasos hacia la integración

Mientras el gobierno trata de ponérselo difícil a los refugiados en Hungría, organizaciones civiles como MigSzol hacen todos los esfuerzos posibles para ayudarlos en su integración. La escuela de MigSzol, creada en el 2014, fue la primera iniciativa de Aliz. "Cuando visitábamos campos de refugiados con MigSzol nos dimos cuenta de que, aunque la gente quería aprender húngaro, no podía. Nuestro objetivo es enseñarles un húngaro básico para que puedan desenvolverse en la vida cotidiana y vayan adquiriendo confianza en sí mismos a la hora de comunicarse". La escuela funciona gracias a voluntarios húngaros comprometidos con la causa. Las clases han tenido un enorme éxito -reúnen a unos 40 alumnos-, pero el proyecto va más allá del aspecto puramente pedagógico. A día de hoy, la escuela constituye un verdadero espacio comunitario donde refugiados y húngaros se reúnen y tienden puentes entre ellos.

MigSzol y sus miembros pretenden ser agentes de cambio. Como señala Aliz, "siempre habrá jóvenes que sean activos y traten de conseguir un futuro mejor pero, al mismo tiempo, necesitan estar respaldados por aquellos que puedan aportar una mayor visibilidad a su trabajo. Necesitan ver que sus voces se oyen, que lo que hacen influye en las decisiones políticas". ¿Apoyar tales iniciativas constituirá el reto de Europa? En un momento en el que algunos están haciendo sonar la alarma sobre el respeto a la democracia y a los derechos humanos, el trabajo de asociaciones como MigSzol bien podría aportar una solución respecto a los valores comunitarios, en Hungría y en el resto del continente.