“Million Dollar Baby” en Estambul: mujeres luchadoras que cambiarán todo un país

Artículo publicado el 10 de Octubre de 2012
Artículo publicado el 10 de Octubre de 2012
En las Olimpiadas de Londres hubo más mujeres turcas (66) que hombres (48). “La diferencia entre los hombres y las mujeres de Turquía es que a los primeros solo les gusta ganar”, asegura una joven en Estambul —que, por cierto, es la Capital Europea del Deporte 2012—.

¿Son las mujeres turcas más justas en los deportes que los hombres? ¿Explicaría esto su éxito? ¿Se les da mejor competir en equipo? De las 66 atletas que participaron en las Olimpiadas de Londres, 24 eran miembros de los equipos de baloncesto y vóleibol. “Claro que somos más justas y objetivas que los hombres”, dice Nursen, quien, además de admiradora del Fenerbahçe, asistió en 2011 a un partido para mujeres y niños entre el Manisaspor y su equipo. “No tenemos prejuicios ni la intención de pelear antes del partido. Solo queremos apoyar a nuestro equipo y pasarlo bien en el estadio”. Sin embargo, a las mujeres también les gusta ganar, pues ¿dónde queda la competición sin la voluntad de luchar y vencer?

Luchadoras natas

Salto a un ferri y viajo sudando en autobús a Kavacik, Estambul, concretamente al gimnasio MMA Corvos. “Durante horas he hablado por teléfono con chicos interesados en ser luchadores, pero al decirles dónde queda el club, me dicen que está demasiado lejos”, afirma su fundador, Burak Değer Biçer, quien me recibe con los brazos abiertos y una taza de café. “Apenas viven a tres kilómetros a través del puente. Suzan recorre más de treinta en transporte público para venir”. Suzan Ozen descubrió el gimnasio por Internet. Como ocurre en la película Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004), esta chica de 28 años se presentó en el centro y lo dejó claro desde un principio: “Quiero ser luchadora”.

Burak (a la izquierda) y Suzan (con camiseta blanca).

Cuando lucha con un hombre y se revuelca sobre el suelo durante su entrenamiento de jiu-jitsu brasileño, a nadie le parece importar. Lleva maquillaje y el cuervo del logo del gimnasio tatuado en el brazo, al igual que otros miembros. Me dirige una amplia sonrisa. Se nota que Suzan vive para esta arte marcial: “Llevaba toda la vida buscando algo y por fin lo he encontrado”, sostiene. “Es esa especie de felicidad que te aguarda. Mi objetivo es hacer de esto mi profesión, pero es difícil encontrar patrocinadores y dinero para competir en torneos internacionales. Pese a que mi familia es de un pequeño pueblo del este, ellos son diferentes y apoyan mi decisión. De hecho, mi padre siempre apuntala que 'cuando mi hija hace algo, sabe lo que hace'”.

“Algunos hombres aceptan luchar contra chicas, les encanta el deporte y entrenan. Otros se sienten mal consigo mismos y abandonan”

“Por lo general hay muchos prejuicios hacia las artes marciales en Turquía”, añade Burak. “Especialmente si eres mujer y el deporte implica forcejeo y contacto físico. Pero aquí no juzgamos a las personas. No nos importa que seas rico, pobre, hombre o mujer. Solo nos importa tu técnica. No nos fijamos en los pechos, sino en las piernas del contrincante. Los que se sienten incómodos suelen ser los principiantes. En ocasiones, dejo que los chicos que entran en el gimnasio luchen contra Suzan para demostrarles la eficacia de lo que hacemos. Ella es capaz de enfrentarse a un chaval que le doble en tamaño y, aun así, ganarle. Algunos aceptarán la situación, disfrutarán del deporte y entrenarán. Otros lo odiarán, se sentirán mal consigo mismos y se irán. Así son las cosas”.

Carrera de velos islámicos

En el Bosque de Belgrado, a 15 kilómetros al noroeste de Estambul, Reyham y Nergiz se ofrecen amablemente a compartir su desayuno conmigo. Estas profesoras de inglés y alemán se van de caminata —alternada con la bici— en su día libre: “Nuestros amigos creen que estamos locas”, ríen. “La mayoría solo va a cafeterías y bares. Piensan que somos raras”. Cuando monto en bici con ellas, no sé si a la gente con la que nos cruzamos les hace gracia o les confunde, pero desde luego se quedan mirando. Reyham aprendió a montar en bici hace apenas dos años: “Me crié en un pueblecito de Turquía y no teníamos dinero para bicicletas”, explica. A la vuelta, mientras miro por la ventana del autobús al llegar a la céntrica plaza Taksim, varios hombres se sumergen en el Bósforo en este caluroso día de julio, mientras que las mujeres se sientan y miran cubiertas con un pañuelo. Si ya es difícil practicar deporte cuando te crían de manera tradicional —como es el caso de Suzan—, el velo simplemente representa una complicación más.

Mientras que algunas acatan un papel secundario, otras —como las jóvenes que practican deporte en el Bosque de Belgrado— muestran una actitud luchadora a fin de superar la visión tradicional de la mujer en Turquía.

La doctora Emma Tarlo, autora del libro Visibly Muslim: Fashion, Politics, Faith (2010), demostró con un estudio que las mujeres no eran aceptadas en los deportes por la vestimenta. Cindy van den Bremen, quien vive en los Países Bajos y está casada con un turco, dice que no son más que prejuicios. Fundadora de Capsters, diseña velos musulmanes deportivos que incluyen velcro. Gracias a su creación, la FIFA levantó la prohibición del velo islámico en cooperación con el príncipe de Jordania, Ali Bin Al-Hussein. “Lo que importa respecto al deporte y al velo es el otorgamiento del poder a la mujer”, explica. “Las mujeres en países o comunidades islámicas tienen que enfrentarse a muchas limitaciones al practicar deporte. Los modelos a seguir en estas regiones son cruciales para otras mujeres, porque demuestran que es posible con o sin el velo. En Capsters no estamos ni a favor ni en contra del pañuelo islámico, simplemente apoyamos el derecho a elegir. Es decisión de la mujer”.

Un pañuelo en la cabeza no tiene que significar represión, al igual que un conjunto extremadamente moderno no siempre implica una mentalidad abierta. Para algunas mujeres, hacer deporte vistiendo un velo es una forma de salir poco a poco de la “condena de ama de casa”, mientras que para otras es una elección que toman con orgullo y deliberadamente. Con o sin hiyab, todavía se lucha por superar la visión tradicional del papel de la mujer en la sociedad turca. Una mentalidad luchadora es necesaria. En el anterior vídeo, la campeona de atletismo Nevin Yanıt lo resume a la perfección: “Cuando las niñas empiezan a hacer deporte, muchos se preguntan si las mujeres deberían practicarlo”. Sin embargo, tras ganar el oro en el XX Campeonato Europeo de Atletismo de Barcelona, las autoridades de su ciudad —Mersin— vieron que había trabajado duro y decidieron llamar a un campo de atletismo en su honor. Allí es donde entrena ahora.

Este artículo forma parte del proyecto Orient Express Reporter II, la segunda edición de una serie de reportajes coordinados por cafebabel.com y realizados por periodistas de la Unión Europea que viajan a los Balcanes y viceversa. Nuestro agradecimiento a Burcu Baykurt, Cansu Ekemekcioglu, Recai Yuksel y a los miembros del gimnasio MMA Corvos.

Fotos: portada, cortesía de © London 2012; texto, © Carole Viaene. Vídeos: FIBAWorld/YouTube y ProcterGamble/YouTube.