Ministro de Asuntos Exteriores de la UE: no es una quimera política

Artículo publicado el 28 de Febrero de 2005
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Artículo publicado el 28 de Febrero de 2005

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La Constitución lo propone y la Historia lo exige: la futura diplomacia europea estará por fin coordinada por una sola persona. Análisis.

¿Qué dirían hoy en día los padres fundadores de Europa respecto a la creación de la figura del Ministro de Asuntos Exteriores europeo tal como prevé el Tratado Constitucional? ¿Estarían orgullosos de nuestra Constitución?

Lo que aún en la actualidad parece política fantasiosa ya se estuvo evaluando hace más de 50 años, en 1954, cuando tras la negativa francesa se esfumó de un soplo la institución de la Comunidad Europea de Defensa, un organismo federal que preveía la creación de un ejército europeo. El Tratado de Maastricht (1992), las alteraciones geopolíticas tras la caída del comunismo, los primeros focos de guerra en la ex-Yugoslavia, evidenciaron de nuevo a principios de los noventa la necesidad de aunar esfuerzos en Europa hacia una política exterior común.

De este modo, el objetivo de una política exterior y de seguridad común (Pesc) entró de lleno en el Tratado de Maastricht, sufriendo posteriormente importantes modificaciones en los sucesivos tratados de Ámsterdam (1997) y de Niza (2000). De las palabras se ha pasado a los hechos con la creación en 1999 de la figura del Alto Representante de la política exterior y de seguridad y de varios comités que fundamentan su actividad diplomática. El Tratado de Niza ha otorgado además la posibilidad a los Estados miembro de instaurar una cooperación reforzada también en el campo de la política exterior y de seguridad común. La introducción del Euro, que contribuyó a la unión de la conciencia europea, y la aparición de la amenaza terrorista que sobre Europa planea tras los atentados del 11 de septiembre han devuelto al orden del día esta figura hasta su definitiva consagración con la crisis europea: la realización de una política exterior europea se ha vuelto un asunto a debatir en todo el continente.

¿Quién será el nuevo Ministro?

Los sondeos lo confirman: los ciudadanos europeos apoyan plenamente la Pesc y han sufragado su posterior desarrollo. Pero, ¿ha satisfecho la nueva Constitución sus expectativas? La institución del Ministro de Asuntos Exteriores viene unánimemente considerada como uno de los mayores progresos de la nueva Carta Magna. Técnicamente se trata de una cierta fusión de las funciones del Alto Representante para la Pesc y del Comisario de Relaciones Exteriores. No obstante, el Ministro dispondrá también de nuevos “poderes”: por ejemplo, el importantísimo derecho a la iniciativa, hoy en día en manos de la Comisión. Será igualmente vicepresidente de la Comisión, lo cual incrementará su prestigio. Básicamente sus funciones serán tres: representar a la Unión en los asuntos de política exterior y de seguridad común, conducir el diálogo político en nombre de la UE y expresar la postura europea ante organismos internacionales. Igualmente podrá, bajo solicitud de los Estados europeos que forman parte, ser llamado a expresar la postura de la Unión ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Supuesto fundamental para desarrollar su función, es que la unión tiene efectivamente una visión unitaria sobre un amplio número de temas. Pero, ¿Quién decide la línea a trazar por la Pesc? El ministro tiene más que nada una función de representación y coordinación, pero las decisiones seguirán siendo tomadas por el Consejo de Ministros, el órgano que representa los intereses de los Estados miembro. Seguirá vigente el criterio de unanimidad y los Estados miembro dispondrán siempre de un derecho de veto, dos grandes obstáculos al nacimiento de una Europa política.

¿Para cuándo embajadas de la UE?

Pero entonces, ¿cuáles serán los efectos que tendrán las reformas de la Pesc en las relaciones internacionales? La institución del Ministro de Asuntos Exteriores, hoy en día requerida a viva voz, queda pendiente de una única reforma formal más que sustancial. Pero tal encargo a una gran personalidad podría conferir un gran valor añadido. El éxito de la dirección de dicho cargo ad personam con tan gran visibilidad dependerá en definitiva del carisma y de la habilidad del nuevo ministro y de cómo logrará explotar los espacios que concede la nueva Constitución. Será igualmente una ocasión para acercar a los ciudadanos a la política de la Unión y expulsar el mito de la “burocracia” de Bruselas. El Ministro estará apoyado por un servicio diplomático constituido por delegaciones presentes en casi 125 países (Servicio europeo para la acción exterior); ¿Serán nuestras embajadas del futuro?