Mircea Crtrescu y esos hombres con algo femenino en ellos

Artículo publicado el 17 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 17 de Septiembre de 2007

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Este escritor y profesor universitario instalado en la cuarentena, disecciona el alma rumana construyendo personajes hermafroditas que sufren agresiones homosexuales.

En un hermoso día de sol, sentando en la teraza de un café del centro de Varsovia, Mircea Crtrescu siente de nuevo “la emoción de un debut”, tras su firma de ejemplares de la versión polaca de su último libro: Travesti (también conocido como Lulú), “una novela que”, asegura, “le ha cambiado la vida” y que ha publicado 16 años después de haberse escrito.

Crtrescu, uno de los escritores más famosos de Rumania, nació en los difíciles años cincuenta. En 1956 para ser exactos. Debutó a los 22. Desde entonces, ha ejercido también de profesor de rumano, de editor de una revista llamada Caiete Critice (Cuadernos Críticos), y de lector en la Universidad de Ámsterdam, así como en la de Bucarest.

Travesti pone la piel de gallina durante su lectura. Es una extraña novela que explora el interior oscuro de la psicología y la sexualidad humanas, describiendo acontecimientos traumáticos de infancia y experiencias iniciáticas adolescentes. En él se respira el mal, la violencia, la suciedad, la mugre y la soledad. Se siente uno afortunado de haber superado ya la complicada etapa de la adolescencia. El autor de este libro me mira con la fijeza de un lobo al acecho, incomodándome hasta que se inicia la conversación. Su voz es tranquila: el encanto del mal ha desaparecido.

Entre novela gay estudio de la enfermedad mental

Travesti es un estudio de coincidencias. Su personaje principal nace hermafrodita y crece como una niña hasta los cuatro años. Entonces, los padres deciden el sexo por el que debe optar para la operación a la que desean someterle. De la noche a la mañana pasa de ser una niña a ser un chico. El chico olvida su pasado, hasta que 15 años más tarde vuelve a despertar su pasado. Durante un verano sufre una agresión homosexual que le causa una crisis de autoestima. En los años que siguen, sus psicólogos le recomiendan como terapia ecribir para revivir sus recuerdos de infancia. Cuando el ahora hombre maduro pone en pie lo que sucedió en su primera infancia, termina por curarse después del shock recibido.

“Ni yo mismo sabía cómo podía acabar todo, incluso a pocas páginas de acabar el libro”, comenta Crtrescu. “Tuve unas conversaciones con un antiguo profesor mío y me aclaró las ideas. Estuve escribiendo muy despacio durante un año entero con la sensación de estar creando un desastre literario. Mi editor me dijo que era el peor libro que yo había escrito. Los críticos empezaron siendo muy duros con la obra. Me costó superar esos primeros momentos, creyendo que acababa de firmar el final de mi carrera. Sólo un año después de su publicación, empezó la novela a tomar altura. Recuerdo que una mujer se me acercó en un parque para decirme que le había encantado el libro. Y eso me importó más que toda la crítica junta.”

Este episodio resultó ser una ruptura simbólica, cambiando no sólo la percepción que tenía el público del libro, sino la que el autor tenía de su carrera. “Recibí de pronto dos de los premios literarios más prestigiosos de Rumania. Nunca me ha vuelto a pasar.” Hoy, Travesti se lee en las escuelas.

“El mundo ha aclamado el libro como si se tratara de un libro gay. Sin mi asentimiento, las portadas de las ediciones que se imprimen a menudo muestran jóvenes en posturas muy típicas del género en países como Holanda, Italia y Francia. Un día, un director italiano me contactó para rodar una película basada en la obra. Era de los estudios Mirinda. Picado por la curiosidad, visité la web de estos estudios y descubrí que Mirinda era el nombre de un travesti que inició la revolución gay en Nueva York.” Crtrescu se lo toma con humor: “Si no tuviera un duro, estaría aprovechándome hoy de los beneficios de dicho proyecto cinematográfico. Pero le dije la verdad sobre mis preferencias y enseguida dejé de interesarles.”

Amor por las mujeres y la Unión Europea

El último libro de Crtrescu's -Por qué amamos a las mujeres (2004)- Da fe de sus preferencias sexuales. Es una obra lúcida y de hilo conductor claro. “Un conjunto de 20 relatos cortos que redacté para la revista ELLE. El protagonista de todas las historias es una mujer, pero no se trata de retratos de mujeres –es un retrato de la condición femenina-. Lo publiqué todo en un solo volumen de casualidad, un azar que se reveló afortunado: es mi único bestseller. Sólo en Rumania 150.000 ejemplares vendidos.” Publicado también en Francia y España, está a punto de aterrizar en los anaqueles polacos. ¿Cómo se convirtió un escritor serio y asentado en un redactor de revistas femeninas? “Me sirve para honrar a la mejor parte de este mundo. Y también para expresar la parte femenina de mi personalidad. La feminidad no pertenece sólo a las mujeres, del mismo modo que la masculinidad no es sólo cosa de hombres. Me gustan los hombrs con algo de femenino y las mujeres con cierto toque masculino. Combinaciones muy comunes entre los artistas.”

Crtrescu ecribe “libros serios” sin temor a usar formatos comerciales. “Los buenos libros son los que invitan a la inteligencia a ponerse en huelga”, afirma cuando le pregunto qué hace que un libro sea bueno. En cuanto a la construcción europea, tiene ideas muy definidas: “Los franceses pueden permitirse ser euroescépticos, pero nosotros no. Nos confrontamos a un dilema: estar en Europa o no ser nadie. Por eso pienso que Europa tiene potencial para convertirse en una supernación. No podemos decir con orgullo que somos rumanos si nos negamos a decir que somos europeos al mismo tiempo. Unirse a la UE significa incrementar el respeto que otros tienen para con nosotros. Siempre estuve a favor y hoy estoy contento de que pertenezcamos a la UE.”