Miss Mundo: Más allá de los lazos y las lentejuelas 

Artículo publicado el 18 de Febrero de 2015
Artículo publicado el 18 de Febrero de 2015

Durante muchos años, feministas de diferentes países han luchado contra los concursos de belleza. Y en Argentina lo han conseguido: en la ciudad de Chivilcoy, dicho concurso ha sido prohibido. Pero, ¿realmente se comercializa con el cuerpo de las mujeres en estos concursos? ¿Y qué ocurre con las candidatas musulmanas, cubiertas de pies a cabeza?  

Londres, 14 de diciembre de 2014: la sudafricana Rolene Strauss fue coronada Miss Mundo 2014 en un concurso fuertemente criticado y definido como misógino por parte de algunos grupos feministas. No es la primera ni la última vez que un concurso de belleza recibe tales acusaciones: una semana más tarde, de hecho, en el municipio de Chivilcoy, ciudad argentina situada en la provincia de Buenos Aires, se declararon ilegales este tipo de celebraciones por considerarlas “una práctica discriminatoria y sexista”. Se trata de la primera vez que somos testigos de una prohibición “oficial” de las reinas de la belleza. Los que apoyan esta medida alegaron que los concursos de belleza “refuerzan la idea de que las mujeres deberían ser evaluadas y recompensadas tan sólo por su apariencia física, basada en estereotipos”. Por consiguiente, como informó Claudia Marengo: “En 2015, en vez de un concurso de belleza, Chivilcoy organizará una competición de máscaras hechas a mano o un concurso donde jóvenes de entre 15 y 30 años serán premiados por distinguirse en alguna actividad social. Espero que pronto esto sea imitado por muchos”.

Defensa de los concursos de belleza: ¿Negocio o campañas sociales?

Por supuesto, esta opinión también se está expresando en otros países y al mismo tiempo hay quienes se muestran a favor de los concursos de belleza. Es el caso de la senadora italiana Silvana Amati quien, en 2013 cuando Rai 1, el canal público de televisión en Italia, anunció que dejaría de emitir el certamen de Miss Italia, hizo una pregunta en el Parlamento “tanto para entender el motivo de esta decisión, como por la importancia histórica del concurso y las campañas sociales llevadas a cabo por Miss Italia”. La senadora también respondió a una carta de protesta abierta escrita por numerosas blogueras feministas: “Nuestra televisión todavía ofrece imágenes femeninas absolutamente cuestionables y nadie puede limpiarse la conciencia con el simple hecho de eliminar la última ronda de Miss Italia, un concurso que se ha visto profundamente transformado en los últimos años desde que una mujer lo dirige. Por lo tanto, no creo que sea correcto trivializar sobre el tema de las campañas sociales llevadas a cabo recientemente por el concurso. Por supuesto, lo más notable es el compromiso contra la anorexia y la imposición de un modelo de extrema y peligrosa delgadez”. Finalmente, tras muchas preguntas y debates, el certamen fue emitido en una cadena privada (La7).        

Más allá de las discrepancias entre los diferentes canales de televisión, el problema cultural persiste. Pero, ¿los concursos de belleza, donde las concursantes desfilan en traje de baño ante los jueces para que estos puntúen y expresen lo que piensan sobre sus cuerpos, supone comercializar o tratar como objetos a las mujeres? ¿O son tan sólo otra forma de ofrecer a las jóvenes la oportunidad de entrar en el mundo del espectáculo y mejorar la visibilidad de las campañas sociales?

La 'miss' del mundo musulmán            

Sin embargo, no todas las competiciones implican pasarelas de chicas escasas de ropa. En Miss Mundo Árabe y en Muslimah World –los principals concursos de belleza del mundo musulmán– las figuras de las concursantes están bien cubiertas. En Miss Mundo Árabe, las mujeres pueden participar con o sin velo: lo más importante es superar las pruebas de cultura y modales. De hecho, el jurado busca “la belleza y el orgullo de la mente” a la hora de elegir a “una joven honorable miss que representará la cultura árabe durante 12 meses”.

No obstante, en el certamen de Muslimah World, sólo se permite la participación a aquellas chicas que vistan el hijab, es decir, el velo islámico. Además, en el momento de su selección, deben explicar de forma precisa cuál es el motivo que les ha llevado a vestir esta prenda. Shanti, la presentadora de televisión indonesia, fue despedida en 2006 por negarse a prescindir del hijab. Explica que ella tenía la idea de “Miss Musulmana” después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Quería combatir la imagen negativa ligada a su religión. “Somos la respuesta del islam a Miss Mundo”, dice orgullosa. Sin embargo, la instigadora no se une a las peticiones de los islamistas, que quieren cancelar Miss Mundo. “Preferimos mostrarles a nuestras chicas que tienen la opción de elegir entre este concurso y Miss Musulmana”.

Me pregunto qué es peor: ser etiquetada como responsable de la comercialización del cuerpo de las mujeres por aceptar desfilar en traje de baño, o ser criticada por sucumbir a la censura masculina por aceptar cubrirse con un velo incluso en un certamen de belleza. Una posible respuesta es esta: el feminismo debería significar que todas las mujeres tengan la libertad de ofrecer la imagen que cada una considere digna y apropiada de acuerdo a su sensibilidad y su autoestima, así como el derecho a no ser juzgadas por ello.  

Rolene Strauss, Miss Mundo 2014, anunció que una de sus primeras tareas como miss sería asistir a la inauguración de los trabajos de construcción de una escuela en Honduras. La escuela llevará el nombre de María José Alvarado, la joven que debería haber participado en el concurso de belleza como representante de dicho país centroamericano, pero que fue brutalmente asesinada junto con su hermana a manos de su pareja.

Sus cuerpos fueron hallados el mismo día en que María tenía que partir a Londres. Un acto de violencia que merece la ira de las feministas más que cualquier concurso de belleza.