Moda de imitación barata: todo un negocio

Artículo publicado el 3 de Abril de 2006
Artículo publicado el 3 de Abril de 2006

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Cien millones de artículos de imitación han sido interceptados en las fronteras europeas en 2004. La industria textil reacciona y se organiza.

Paseando con un bolso de mano Fendi bajo el brazo, toda parisina o milanesa que se precie lanza un mensaje clarísimo al resto de los transeúntes: clase, buen gusto y elevado poder adquisitivo. Este mensaje tiene un precio, o más bien dos, en función de si el reluciente bolso ha sido comprado en un puesto callejero o en una elegante tienda con dependientas oliendo a Chanel Nº5.

La falsificación, un negocio en auge

El negocio de la imitación pulula por las calles de media Europa con unas consecuencias preocupantes para una industria textil europea, que emplea alrededor de 2,7 millones de trabajadores, sobretodo mujeres. Según la OSCE llega al 9% la cuota de ventas de mercancías de imitación en todo el comercio mundial, es decir, el equivalente a más o menos 420 mil millones de euros. Una gran porción incumbe al mundo de la moda: el 20% al textil y complementos, el 5% a los relojes y el 10% a la perfumería. Son fuertes las recaídas en el mercado laboral: alrededor de 270 mil puestos de trabajo se han esfumado a nivel mundial. De éstos, unos 125 mil aproximadamente en los países de la UE, en cuyas fronteras, sólo en 2004, se han interceptado 100 millones de artículos de imitación. A la sustracción en las ventas legítimas causadas por las ventas de imitación, se añaden además los daños de imagen, la falta de ingresos fiscales y los costes sociales.

Alrededor del 70% de las mercancías de imitación proviene de Asia; el resto, de la orilla sur del Mediterráneo. Pero es China la que lidera esta clasificación, seguida por Corea y Taiwán. Bajos costes de producción en su territorio, complejos circuitos financieros, fin del sistema de cuotas previsto por el Acuerdo Multifibras: este es el cóctel gracias al cual prospera la industria de la falsificación. Baste pensar que son alrededor de 913 millones los pares de medias y de pantys made in China que han invadido el mercado de la UE sólo en los meses de enero y febrero de 2005.

Marcas (y mañana patentes) comunitarias

¿Qué hace la Unión Europea para evitar que las creaciones europeas sean imitadas? Antes de nada, las protege. Con un sistema de marcas, diseños y modelos “comunitarios”, o lo que es lo mismo, válidos en todo el territorio europeo. "Pero el problema", analiza la abogada parisina Béatrice Martinet, especialista en propiedad intelectual, "es que los mecanismos de sanción siguen siendo nacionales, lo que quiere decir que una empresa que obra a escala europea debe defender su causa en cada Estado en el que cree haber descubierto una imitación". Es cierto, de hecho, que la Comisión Europea, por ejemplo con el Libro Verde de 1998, empuja hacia una armonización que –con la propuesta de “patente europea” en el cajón desde 2000– debería mejorar en los años venideros. "Pero la verdad", prosigue la abogada Martinet, "es que la protección del derecho de autor no basta. En el futuro haría falta una autoridad judicial europea que denunciara casos de imitación transnacional."

Las casas de la moda se organizan

Mientras tanto, las casas europeas de la moda de lujo se organizan. En el plano judicial Burberry's, Gucci, Louis Vuitton, Prada y Chanel han obtenido en diciembre de 2005 la histórica condena del Xiushui Haosen Market de Pekín, un verdadero templo de la imitación made in China. El otro as en la manga de los comercios es la tecnología. Desde 1997, por ejemplo, Dolce & Gabbana prevé, para sus artículos, complejos hologramas tridimensionales puestos a punto por The Italian State Printing Works and Mint, e incluso ha llegado a un acuerdo con las aduanas de los principales países del mundo, a los que envía periódicamente unos kits anti-imitaciones. Esto no es todo; la industria de la falsificación obliga a menudo a restringir los canales de venta. Es el caso de Levi’s, que ha tenido que cerrar su web de ventas on-line para no alimentar el riesgo de confusión con todos los falsos presentes en la Red.

Esta es la enésima prueba de que la globalización –tanto de la economía como de los medios de comunicación– representa un terreno fértil para las imitaciones, en el que los comercios, como el europeo, tratan de poner orden.