Moldavia: ¿Otra revolución naranja?

Artículo publicado el 3 de Marzo de 2005
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Artículo publicado el 3 de Marzo de 2005

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Con elecciones fijadas para el 6 de marzo, en Moldavia la campaña electoral ha entrado en su recta final. ¿Serán unas elecciones libres y limpias o desembocaran en una revolución como la de Ucrania y Georgia?

El país más pobre de Europa se está preparando para asistir a una reñida carrera electoral entre el Partido Comunista en el poder y una oposición bastante fragmentada. Estos comicios determinaran si Moldavia se perpetúa como un país anacrónico o si por el contrario se decanta con firmeza por la senda hacia la democracia y las reformas económicas, y por lo tanto se labra una perspectiva realista a largo plazo para ingresar en la UE.

Un país convulso

Los complejos problemas de Moldavia se ven exacerbados por las intromisiones rusas, como en el caso del latente conflicto secesionista de Transnistria (orquestado por Rusia en 1992), o la presencia ilegal de tropas rusas en Moldavia. Con el ingreso de Rumania en 2007, Moldavia pasará a ser vecino directo de la UE, por lo que existe una corriente creciente que piensa que el país debería transformarse en un Estado estable y democrático. Precisamente por esto, la comunidad internacional y la Unión Europea están siguiendo el proceso electoral muy de cerca. Aún así, es harto improbable que las elecciones sean libres y limpias.

Con casi toda certeza volverá a salir elegido el Partido Comunista de los Moldavos (PMC), al mando de la Republica Parlamentaria de Moldavia desde 2001, cuando obtuvo un aplastante triunfo con cerca del 50% de los votos. Los comunistas llegaron al poder con un programa pro-ruso, pero en 2003 adoptaron una postura más pro-europea debido a las divergencias con Rusia respecto a la solución del conflicto secesionista. A pesar de que el gobierno es partidario de emprender el camino hacia la integración Europea, también está a favor de fortalecer sus lazos con Moscú.

El recién publicado informe de la organización Freedom House (Casa de la libertad) sobre los países en transición en 2005 sugiere que el juego democrático en Moldavia no ha hecho más que empeorar desde que los comunistas accedieran al poder en 2001. Además, también expresa sus reticencias sobre la Comisión Electoral Central, el abuso de los recursos estatales y la influencia del Estado en los medios de comunicación. Como respuesta a las protestas de la sociedad civil sobre las extralimitaciones de las autoridades en el presente proceso electoral, la UE, los EE UU y varias organizaciones internacionales han emitido varias peticiones exhortando a las autoridades moldavas a que garanticen unas elecciones libres y limpias.

¿Qué reacción debemos esperar?

Los analistas locales esgrimen que a la luz de los excesos llevados a cabo durante la campaña, los resultados finales adolecerán de legitimidad por lo que es probable que haya algunas protestas en las calles. Sin embargo la votación del 6 de marzo no debería ser susceptible de sufrir un fraude masivo como el que motivó la Revolución Naranja en Ucrania, puesto que el Presidente Moldavo, en una maniobra para evitar acusaciones de fraude a gran escala y legitimar el resultado, ha invitado a un gran numero de observadores internacionales.

Sin tener en cuenta que uno de los principales partidos en la oposición, el Partido Popular Cristiano Democrático (CDPP), ha adoptado el naranja como el color de su campaña, es bastante improbable que asistamos a una repetición de la Revolución Naranja. La oposición no está lo bastante unida, el electorado no está tan polarizado como lo estaba en Ucrania y los abusos del gobierno no son tan flagrantes. Además, gracias a sus importantes logros económicos, el Partido Comunista es aún -y de lejos- el partido más popular, y en especial entre los pensionistas, grupo que conforma el grueso del electorado. Aun así, esta vez es probable que el PMC consiga menos escaños, por lo que tendrá que pactar. Es posible que la falta de dinamismo mostrado por los partidos en la oposición durante la campaña electoral se vea compensada por una dura pugna entre los diferentes grupos en el parlamento para designar al presidente y formar gobierno. Eso podría desembocar en un punto muerto del proceso político con su consecuente nueva convocatoria de elecciones, lo que daría una nueva oportunidad a la oposición.