Moldavia: un territorio atrapado en la historia

Artículo publicado el 3 de Marzo de 2016
Artículo publicado el 3 de Marzo de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

En la Europa del Este, las peticiones de libertad e independencia a su antiguo hermano soviético parecen propagarse. Se mezclan a partir de ahora con el rechazo del capitalismo incontrolado aparecido en los años 90. De Chisináu a Transnistria, hacemos un reportaje a lo largo de un país que todavía mucha gente no sabe ubicar en el mapa.

Moldavia tiene varias características similares a Ucrania antes de las manifestaciones en la Plaza de la Independencia, conocida como Maidán: un levantamiento popular en 2009 que no consiguió las respuestas esperadas, una importante población rusófona y una base militar rusa en una región separatista que forma parte de su territorio. Recientemente, manifestantes lo han vuelto a intentar y se han congregado delante de la sede del gobierno con el fin de reclamar el cambio por el que lucharon en 2009.

Desigualdades en todos los aspectos

Al pasear por las calles de Chisináu, la capital de Moldavia, sorprende ver circular coches de lujo que donde es habitual verlos es en Suiza o en Mónaco. Los Porsche contrastan con las cifras: Moldavia es el país más pobre de Europa, con una renta per capita de 2550 dólares - 2310 euros - por habitante en 2014 (en el caso de Grecia, la renta per capita por habitante de ese mismo año fue de 22 090 $).

Según el índice de desarrollo humano (IDU), Moldavia ocupa el lugar 114 de la lista, una posición muy alejada de sus países vecinos: Rumanía (puesto 54) y Ucrania (puesto 83). Y por si esto no fuera suficiente, Moldavia perdió mil millones de dólares de dinero público el año pasado, es decir el 12.9% de su PIB se esfumó.

Pero miremos más allá de las cifras. Chisináu, una ciudad poblada de árboles, podría ganar fácilmente el premio de "capital verde europea" (solo con que se le diera la oportunidad). En cuanto a compras y restauración se refiere, es difícil identificar las marcas conocidas de todas las capitales europeas. No hay ninguna tienda de Apple, ni de H&M, y solo hay un McDonald's en Chisináu. Las marcas extranjeras presentes aquí son rumanas, turcas o rusas.

Chisináu no es un reflejo de Moldavia…

Fuera de Chisináu, la cosa cambia: en el campo resulta difícil cruzarse con bonitos y buenos coches. A poco más de 100 km de Chisináu, en Capaclia, las casas no tienen agua corriente: los niños cargan con cubos más grandes que ellos para abastecer la casa. El alcalde, Alexei Busuioc, lamenta la situación dado que su prioridad era llevar el agua corriente a los colegios. De hecho, después de la iglesia, las escuelas de Capaclia son los edificios mejor cuidados. Gracias a la ayuda de una asociación de Alsacia y a la motivación de voluntarios, Francia se palpa en el pueblo.

Alexei Busuioc explica que la descentralización no es efectiva en Moldavia. «Solo los alcaldes del mismo color político que el gobierno central se benefician de subvenciones importantes», nos ha dicho. Pide a la Unión Europea que descentralice su ayuda para que los moldavos se beneficien de la ayuda europea de una manera igualitaria.

El 15 de octubre  pasado, el ex primer ministro, Vlad Filat, fue detenido por la Oficina Anticorrupción y tendrá que declarar en el asunto de los miles de millones volatilizados, deteriorando aún más la reputación de la classe política moldava.

Así pues, los partidos en el poder tienen totalmente bien visto decepcionar a los moldavos, y en particular la ruptura del contacto con los jóvenes. Sergiu Boghean, antiguo presidente de los jóvenes liberales nos explica: «Los jóvenes comenzaron a implicarse en política después de los acontecimientos del 7 de abril de 2009. Hoy, esta parte de la población está decepcionada con la clase política y su incapacidad para reformar el país».

De hecho, tras la firma de un acuerdo de asociación con la Unión Europea, Moldavia ha emprendido un camino de reformas significativas. No obstante, el debate continúa apoyándose en argumentos geopolíticos, dejando sin respuestas la cuestión de la puesta en marcha de las reformas.

Transnistria, la hoz y el martillo

La lengua oficial de Moldavia es el rumano, pero el ruso es la segunda lengua más hablada en el país. Una diputada moldava plantea la elección de la lengua como un medio de tomar posición en el debate geopolítico: «Si nos fiamos de los sondeos, la población rusófona vota por los partidos prorusos y los que hablan rumano eligen los partidos proeuropeistas, a favor de la UE». Añade: «Podemos incluso hacer grupos teniendo en cuenta su fe religiosa dentro de las iglesias ortodoxas rumanas o rusas».

Incluso en las calles de Chisináu los coches participan en el debate: unos llevan una bandera rusa, otros enarbolan las estrellas europeas. Sin embargo, hay dos regiones separatistas en las que no ondea la bandera europea: Gagauzia y Transnistria. Transnistria escapa totalmente del control de Chisináu. El gobierno de facto de Transnistria emite incluso su propia moneda, el rublo transnistrio, algunas de cuyas piezas se parecen a fichas de casino. La capital de Transnistria es la segunda ciudad del país, así como la más industrializada: Tiráspol.

Pasear por las calles de Tiráspol es como dar un paseo por la historia, y no precisamente por una historia agradable. La ciudad se construyó alrededor de un boulevard principal, la calle del 25 de octubre, arteria comercial en la que los comercios se cuentan con los dedos de una mano. En un extremo, la sede del partido; en el otro, la Casa de los Soviéticos. En cada uno de los extremos, una estatua de Lenin. Y todo a lo largo del boulevard hoces, martillos y carteles de la gloria de la armada roja.

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Artículo escrito gracias a la colaboración de Charles Gomi

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Este artículo fue escrito por la redacción de cafébabel Bruselas. Toda denominación de origen contrôlée.