Monedas locales: restos de solidaridad

Artículo publicado el 29 de Junio de 2012
Artículo publicado el 29 de Junio de 2012
De Londres a Atenas, pasando por Tolouse, una especie de euforia monetaria parece sacudir Europa: todos quieren acuñar su propia moneda. ¿Se trata de un desafío a los eurócratas? Sin duda. ¿Una respuesta a la crisis? Quizás. Segunda parte de un fenómeno que no conoce fronteras.

Lee la primera parte de este reportaje sobre monedas locales aquí.

En Francia, no hay forma de parar la máquina de hacer dinero. Desde el lanzamiento en 2009 de la abeja en Villeneuve-sur-Lot y del occitano en Pézenas, las monedas locales galas parecen no dejar de aflorar. Dentro de una red de divisas adicionales, comparten una misma característica: se derriten, es decir, pierden su valor a lo largo del tiempo. ¿Por qué motivo? Puesto porque una moneda complementaria aspira, sobre todo, a estimular el consumo local. Así pues, estos billetes no suelen envejecer en una hucha, sino que circulan una y otra vez: de media, dos veces más que un billete de euro. Un aspecto que hace rechinar los dientes a algunos adeptos de la frugalidad feliz (concepto de simplicidad favorable al decrecimiento, N. de la R.).

No obstante, la experiencia francesa sin duda más comentada procede de Toulouse. Lanzado hace un año, el SOL Violette se ha convertido en un verdadero éxito (1.000 usuarios, 95 comercios) y ha vuelto a dar un nuevo impulso al SOL, un proyecto ambicioso de moneda complementaria lanzado en 2005 en varias regiones de Francia. En efecto, esta divisa ha podido contar con el apoyo del ayuntamiento de la ciudad rosa, que ha concedido al SOL Violette una suma de 120.000 euros: una cantidad que podría financiar, por ejemplo, el anterior documental de 50 minutos. La ayuda se ha prorrogado en 2012 con otra subvención de 10.000 euros. Así pues, parece ser que nada puede frenar a estos ciudadanos convertidos en banqueros: para enero de 2013 se espera el eusko, la moneda vasca, así como también otras divisas directamente impulsadas por comunidades locales como en Nantes, donde se han inspirado en el WIR suizo, o incluso en Ile-et-Vilaine, un departamento de la Bretaña francesa.

Las autoridades de esta ciudad, situada al norte de Italia, en la región de Emilia-Romaña, parecen querer promover la circulación de una divisa local.Se trata, no obstante, de una tendencia que ocurre también fuera de Francia. Si la libra de Brixton busca entablar vínculos más fuertes con las autoridades de Lambeth (distrito situado al sur de Londres), la ciudad de Brighton posee la iniciativa dentro de la red de monedas complementarias más vasta del Reino Unido, cuyo lanzamiento está previsto para después de las vacaciones de verano. En Italia, Federico Pizzarotti, candidato del MoVimento 5 Stelle y cuyas posibilidades de ganar son escasas, ha propuesto recientemente al ayuntamiento de Parma la adopción de una moneda local. El concejal encargado de esta materia, Pierluigi Paoletti, es el presidente de Arcipelago SCEC: una red de 15.000 usuarios y 2.000 comercios y empresas presentes en 14 regiones de Italia. “El SCEC consiste en un bono de descuentos distribuido gratuitamente entre nuestros miembros para echar una mano a su poder de adquisición. En cuanto a los comerciantes, se les anima a que se integren en el circuito económico local para poder gastar los SCEC que cobran”.

Nuevos SCEC son emitidos a medida que la comunidad se amplía, siguiendo el principio de que el único medio de ayudar a una economía se basa en la inyección de riqueza, y no solo en convertirla en una moneda complementaria: razón por la cual, la moneda SCEC termina por parecerse más a los Systèmes d’Echange Locaux (SEL), adoptados cada vez más en Italia, que a las monedas acuñadas en el Reino Unido o Francia.

Ojo a la “embriaguez monetaria”

En el país galo, visto el gran número de comunidades que solicitan el consejo de Toulouse para lanzarse a la creación monetaria, el SOL Violette parece haberse transformado en todo un modelo que imitar. En Italia, el ejemplo de Parma ha colocado las monedas locales en el centro del debate (ver vídeo más arriba) y el ejemplo de Volos ha dado la vuelta al mundo. Para Carlos De Freitas, esta buena noticia esconde un riesgo: “¡Atención a la embriaguez monetaria! La moneda se está convirtiendo en la solución a todos nuestros problemas de dinámica territorial. Ahora bien, también puede ocurrir que mañana le reprochemos que haya fracasado”. Ralph Schilling no niega, por ejemplo, que hoy en día las empresas austriacas de su valle están más endeudadas por haberse suscrito a la moneda local. E incluso allí donde las monedas funcionan, su equilibrio es frágil. Los habitantes de Volos, por ejemplo, reciben 300 TEM nada más adherirse: diez veces más de lo que se ofrece habitualmente en un SEL para alentar los primeros intercambios. “Eso significa que estamos a punto de hacer de la creación monetaria un banco que presta más de lo que tiene en sus cajas fuertes”, subraya De Freitas.

Esta ciudad griega, situada al norte de Atenas y al sur de Tesalónica, emite sus propios bonos.

¿Son los sistemas alternativos víctimas de aberraciones que se deberían combatir? Peor aún, una vez que Grecia salga de la crisis, ¿todavía querremos todo ese dinero que se ha impulsado de la nada? ¿Qué haremos? Parece ser que estas dudas permanecen lejos de las preocupaciones cotidianas de los pescadores del puerto de Volos. Convencidos de que nadie en Europa quiere verdaderamente sacarlos del apuro, hoy en día no cuentan más que con su ayuda mutua.

Fotos: portada, SGV Filmworks/Flickr; texto: Federico Pizzarotti © cortesía de su página oficial en Facebook, pescador de Volos, Davide78/Flickr; vídeo: (cc) YouTube.