Morir en nombre del periodismo: Pippo Fava, 32 años después

Artículo publicado el 26 de Mayo de 2016
Artículo publicado el 26 de Mayo de 2016

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El 5 de enero de hace 32 años Pippo Fava era asesinado en Catania. De estar vivo, tendría hoy 90 años. Aquel mundo del que escribía y sobre el que hacía recaer el peso de su denuncia ha cambiado un poco, pero desgraciadamente los males de la tierra por los que ha dado la vida persisten. Este artículo pretende ser un homenaje a uno de los "tocapelotas" sicilianos que hoy nos harían tanta falta.  

¿Quién era Pippo Fava? Fava era uno de tantos. Uno de "tantos" con los que ha compartido un destino breve y glorioso y un final violento y sordo. Pero él no era como los demás, era lo que los griegos habrían denominado un aristóteles, es decir, el mejor por su virtud y su corazón.

Han pasado 32 años desde la muerte de uno de los periodistas más valientes de nuestro tiempo, cuando un artículo, una investigación y una denuncia se pagaban con sangre. En Catania, aquel 5 de enero de 1984 – en la Italia socialista de la "prosperidad" y en la Sicilia del "terror de la Cosa Nostra" – unos sicarios mafiosos mataron a quemarropa al hombre que con su pluma había atacado a la mafia local de Nitto Santapaola, vasallo de los Corleonesi de Salvatore Riina en la provincia de Enna.

El "tocapelotas"

Giuseppe Fava, conocido como Pippo, era un intelectual, uno de aquellos hombres más atrevidos que algunos otros. Uno de aquellos que en la Trinacria (nombre que le dieron a Sicilia los primeros griegos que llegaron a la isla) de la omertà o ley del silencio y de la vida tranquila era conocido como "scassaminchia", lo que en España llamamos un periodista "tocapelotas", porque metía la nariz donde "no" debía meterla y porque pretendía "con arrogancia" que el público supiese dónde se posaba su olfato de investigador. Un olfato que no le fallaba. Porque antes de ser el intelectual comprometido, el dramaturgo y el padre de Claudio y de Elena (fallecida recientemente a causa de un tumor), Fava era un periodista con P mayúscula. Uno de esos a los que contar la verdad no le daba miedo, uno de esos que pensaba que al único "patrón" que tenía que rendirle cuentas era al lector, aunque eso valiese una vida humana. No la de otro, la suya propia.

Después de haber dado los primeros pasos en el periodismo como redactor del Espresso Sera, en la primavera de 1980 pasó a ser director del Giornale del Sud que, bajo su dirección, se convirtió en un diario valiente, manifiestamente consagrado a «hacer justicia y defender la libertad», tal como se recoge en el artículo publicado el 11 de octubre de 1981 titulado Lo spirito di un giornale. Su olfato le llevó hasta la droga que, después del contrabando de tabaco rubio, comenzaba también a inundar la región de Catania bajo el control del clan de Santapaola. Es a partir de ese momento cuando comienzan las intimidaciones, seguidas del atentado fallido y el despido laboral. Un ambiente dramático y en declive por voluntad de uno de los tantos grupos de empresarios "astutos", y con el sentido del olfato en dirección a los negocios de la mafia, que había tomado el control del periódico.

Pero, como los héroes románticos que no se resignan a un destino de gregario y que no se dejan nunca avasallar, Pippo Fava no se achanta y funda una revista mensual, I Siciliani. Tuvo que hacerlo solo y ser independiente, aun a costa de dirigir un diario con dos rotativas de segunda mano, una cooperativa y un equipo de carusi (término siciliano que significa literalmente "chicos, jovencitos"), jóvenes, audaces e inexpertos que lo seguían desde los años del Giornale del Sud. El segundo diario antimafia de la historia de la isla difundió el rumor en la tierra de la información tranquila, donde el buen siciliano acepta momentos y situaciones difíciles a la espera de tiempos mejores, "calati iuncu ca passa la china" según reza un antiguo proverbio siciliano.

En la provincia "limpia de infiltraciones mafiosas", I Siciliani incordiaba con sus investigaciones y sus denuncias. Algunas como la que iba contra los "cuatro jinetes del apocalipsis mafioso", los señorones locales Francesco Finocchiaro, Gaetano Graci, Carmelo Costanzo y Mario Rendo, molestaba a otro miembro de la Orden de los Caballeros del Trabajoo, Benedetto Santapaola alias "Nitto". Pero Fava no se quedó callado, llegando incluso a afirmar en televisión, en el programa de Enzo Biagi, que los verdaderos mafiosos están en el Parlamento: «Los mafiosos son a veces ministros, los mafiosos son banqueros», «Son los vértices de la nación, son los pilares de la sociedad».

La última entrevista de Giuseppe Fava en el programa Film Story Mafia e Camorra, diciembre de 1983.

¿Una historia triste como tantas otras? 

Comprando el periódico, los Caballeros quisieron domar al héroe, su libertad y dar carpetazo a la verdad, pero el héroe no cedió. El Caballero del Trabajo Nitto dio la orden. El 5 de enero de 1984, cinco proyectiles del calibre 7.65 alcanzaron a Fava en la nuca mientras bajaba de su Renault para ir a recoger a su hija pequeña que actuaba en la comedia Pensaci, Giacomino! en el teatro Verga, en el centro de Catania.

Para la Sicilia inmóvil y pirandeliana se trataba de una historia triste como tantas otras: en la capital Palermo silenciaron uno a uno a sus mejores hijos, bien utilizando cargas explosivas o acribillados a balazos. Y como tantas otras, su memoria sufría la vergüenza más grave de lo que Umberto Eco llama la "máquina del fango" (uso de los medios de comunicación para difamar a alguien). Esa "máquina" habló de una pista pasional, o de una pista económica ligada a la difícil situación financiera de I Siciliani. Mientras tanto, las lenguas bienpensantes, como el honorable Nino Drago, se presuraron a pedir el cierre de las investigaciones porque «de no ser así, los Caballeros» habrían podido «tomar la decisión de trasladar  sus fábricas al norte». El resto de la "Milán del sur", en las laderas del Etna, quedaba «alejada de la contaminación mafiosa». La verdad solo se aclaró en 1998, con la conclusión del proceso Orsa Maggiore 3: un largo procedimiento judicial que en 2003 terminó con la condena a cadena perpetua para el capo Nitto Santapaola y para Aldo Ercolano, mientras que Maurizio Avola fue condenado a siete años de prisión.

El 5 de enero de 2014, para conmemorar el treinta aniversario de su muerte, la RAI 3 emitió la película-documental I ragazzi di Pippo Fava. Se trata de una de tantas grandes y dramáticas historias de su pequeña provincia, tan cercana al Palacio de Justicia que tiembla cada vez que se habla de ello. Porque en la provincia más periférica y difícil del Imperio, donde la búsqueda de la verdad se paga a un precio muy caro, Fava y los que han sido como él dejaron un modelo a los jóvenes que se dedican a este oficio.

I ragazzi di Pippo Fava, ideado y escrito por Gualtiero Peirce y Antonio Roccuzzo (Repubblica TV).

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Publicado en la redacción local de Cafébabel Palermo. Una versión anterior de este artículo apareció en Il Malpensante.