Morning Glory, una fiesta saludable en Londres

Artículo publicado el 2 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 2 de Febrero de 2014

Siem­pre hemos aso­cia­do ir de fies­ta con la noche y el vicio, de la mano de una re­sa­ca. Mor­ning Glory cam­bia esta pers­pec­ti­va. Em­pe­zar la fies­ta por la ma­ña­na bien tem­prano, ba­ti­dos de fruta en lugar de cóc­te­les, ma­sa­jes fren­te a los do­lo­res de ca­be­za. Una re­vo­lu­ción del ocio.

Le­van­tar­me a las 6 de la ma­ña­na siem­pre ha sido un reto para mi. Ni siquiera ayudó que el pro­pó­si­to fuera el de asis­tir a una fiesta. Salí de la cama con la pro­me­sa de sen­tir­me "más enér­gi­co y vivo de lo que nunca pude ima­gi­nar" (eso me hi­cie­ron creer los or­ga­ni­za­do­res de Mor­ning Glory). Aun­que no suelo ma­dru­gar, mi yo aven­tu­re­ro despertó cierta in­tri­ga cuan­do me pre­gun­ta­ron si que­ría cu­brir una fies­ta a una hora tan inusual. Des­pués de todo, había ma­sa­jes gra­tis.

Pron­to me en­con­tré a mi mismo escondido en el cue­llo de mi abri­go, con­for­me me acer­ca­ba al al­ma­cén en el gris ba­rrio lon­di­nen­se de Hox­ton. Empecé a pre­gun­tar­me si no hu­bie­ra sido mejor que­dar­me en la cama. No sabía qué es­pe­rar de tal even­to, ya que las úni­cas fies­tas en las que había es­ta­do a esas horas de la ma­ña­na eran aque­llas que de­ri­va­ban de la noche an­te­rior con un halo de bo­rra­che­ra. Me pre­pa­ré a mi mismo para en­con­trar­me con la gente tí­pi­ca de las fies­tas a las que estoy acos­tum­bra­do. Sin em­bar­go, me quedé perplejo cuan­do entré en el al­ma­cén y en­con­tré una lugar lleno de ener­gía y en­tu­sias­mo, lleno de gente bai­lan­do desde bien tem­prano.

Si no lo hu­bie­ra ex­pe­ri­men­ta­do por mí mismo, qui­zás no hu­bie­ra creí­do que un acon­te­ci­mien­to de tal na­tu­ra­le­za pu­die­ra exis­tir a dichas horas. El con­tras­te entre el tris­te ama­ne­cer de un miér­co­les cual­quie­ra fuera y el am­bien­te que había den­tro era sim­ple­men­te ex­tra­or­di­na­rio. La mú­si­ca alta pero suave hacía su tra­ba­jo sobre la marea de gente que bai­la­ba sin parar. Todo el mundo pa­re­cía eu­fó­ri­co y en­tu­sias­ta, algo tan con­ta­gio­so  que pron­to me des­hi­ce de mi mal humor de todas las ma­ña­nas.

El even­to atra­jo una gran va­rie­dad de gente, desde chi­cas ves­ti­das con tutús hasta ex­tra­ños gru­pos de chi­cos que in­ten­ta­ban coger man­za­nas de un ba­rre­ño con la boca e in­clu­so tra­ba­ja­do­res de ofi­ci­na tra­jea­dos. La gran ma­yo­ría te­nían entre 20-30 años, pero también se podía ver gente de ge­ne­ra­cio­nes an­te­rio­res, las cua­les, me atrevería a decir que daban de sí mucho más que el resto. Los dis­fra­ces eran ge­nia­les, aun­que al­gu­nos de­ma­sia­do lla­ma­ti­vos para la vista a esa hora de la ma­ña­na.

No me animé a participar pero me di cuen­ta de cómo todo el mundo tenía una pa­sión es­pe­cial por el baile, disciplina en la que eran real­men­te bue­nos. Por ejem­plo, había una pa­re­ja bailando tango y un hom­bre for­ni­do en mayas haciendo pi­rue­tas fren­te al es­ce­na­rio. El nivel de baile y la pista bien ilu­mi­na­da ha­cían que du­da­ra sobre si debía sacar a la luz mis li­mi­ta­dos y an­ti­cua­dos pasos de baile. Sin em­bar­go, des­pués de un pe­que­ño em­pu­jón de un ama­ble asis­ten­te me atre­ví a for­mar parte de la gran masa de baile.

El DJ era el cen­tro de aten­ción in­clu­so en una noche tan atí­pi­ca como esta,  la gente es­ta­ba an­sio­sa y re­cep­ti­va, ya que es­pe­ra­ba el prin­ci­pio de cada can­ción. Los DJ's bai­la­ban en­se­ñan­do al resto cómo se debía hacer. La mú­si­ca era va­ria­da, desde mú­si­ca house a mú­si­ca ac­tual y clá­si­cos de las pies­tas de baile. La di­ver­si­dad es­ta­ba ser­vi­da, con el fin de que todo el mundo es­tu­vie­ra feliz y no dejara de bai­lar.

En lugar de pasar la tí­pi­ca noche en el pue­blo bebiendo Sam­bu­ca sin des­can­so, allí tomaban café y zumos que ayu­da­ban a des­per­tar cuer­po y mente. Había ma­sa­jes, pero sólo si lle­ga­bas lo su­fi­cien­te­men­te tem­prano para apun­tar­te en la lista. Des­afor­tu­na­da­men­te, me en­te­ré tarde.

El afterhour quizá no sea lo más ade­cua­do para las ma­ña­nas, pero la ver­dad es que fue algo re­fres­can­te y lleno de ener­gía que rompió con la mo­no­to­nía ma­tu­ti­na. Tam­bién era una al­ter­na­ti­va in­tere­san­te fren­te a las fies­tas nocturnas a las que es­ta­mos acos­tum­bra­dos hoy en día a nuestra edad. De­jan­do a un lado mi yo gru­ñón de por la ma­ña­na, me uní al baile y dis­fru­té de todas y cada una de las cosas que ofre­cía el even­to. Mor­ning Glory ofre­ce una al­ter­na­ti­va sa­lu­da­ble, com­ple­ta y di­fe­ren­te a la hora de salir de fies­ta. Una opción que nunca había con­tem­pla­do.