Móstar: Puentes lejanos

Artículo publicado el 13 de Noviembre de 2014
Artículo publicado el 13 de Noviembre de 2014

Hace algunas semanas, Cafébabel Estrasburgo presentó el proyecto de dos jóvenes de Estrasburgo que han partido en una furgoneta Combi Volkswagen hacia las carreteras de Europa del Este. Hoy dedicamos nuestra columna al "Bulli Tour Europa" para presentaros Móstar. ¡Buen viaje!

Mós­tar cuenta con una veintena de puentes, bellas riberas a ambos lados del río Ne­retva y numerosas ins­ti­tu­ciones cultu­rales. Inmejorablemente si­tuada en la salida de las gargantas que unen la región con Sa­ra­jevo, al pie de hermosas mon­tañas, la ciudad resplandece con el sol de principios de verano. El centro his­tó­rico se re­cons­truyó después de la guerra de 1993 alrededor del Stari Most, el "puente viejo", desde el que se lanzan saltadores acrobáticos para conseguir algunos marcos convertibles bos­nios (BAM). Está lleno de turistas, y en cada tenderete de la ciudad vieja hay bonitas pos­tales con la frase I Love Mos­tar. Sin embargo, Móstar está dividida en dos. "Nos han contado que algunos habitantes no han cruzado el puente en toda su vida", dice un chico en la ciudad vieja. Al oeste, los croatas y, al este, los bos­nios: la línea del frente de 1993 que bordeaba el río Neretva no ha desaparecido. 

En Móstar todo existe por duplicado: dos hos­pi­tales, dos clubs de fútbol, dos com­pa­ñías eléc­tri­cas, dos sis­temas edu­ca­tivos… ¡Para unos 80.000 ha­bi­tantes, la ciudad cuenta con cuatro teatros! A ca­da uno de los dos lados, su teatro tradicional y su teatro de marionetas: un lujo muy por encima de las posibilidades de la ciudad.

Cada uno en su casa

"Es estúpido tenerlo todo por duplicado, en el este y en el oeste. Necesitamos más dinero que Estados Unidos para hacer func­ion­ar nuestra ciudad, ¡y no lo podemos conseguir!", ex­plica El­ve­din Ne­zi­ro­vic, di­rec­tor del Centro Pa­va­rotti, un lugar dedicado a la cultura y a la for­ma­ción mu­si­cal. Lamenta el bajo presupuesto asignado a los pro­yectos mixtos que desarrollan para mantener unidas las po­blaciones. "Una gran cantidad  de dinero va a parar a  pro­yectos bastante in­útiles. Delante del Centro Pa­va­rotti, podéis ver obras de pavimentación en este mo­mento; sin embargo, las aceras que teníamos estaban en buen estado. La ciudad tiene ahora otras iguales ¡pero nuevas!, mientras que muchos edificios están siempre en ruinas y gran cantidad de pro­yectos fede­ra­tivos carecen de fondos para poder ver la luz".

Desde 2011, El­ve­din Ne­zi­ro­vic di­rige este centro cultu­ral que intenta, mediante la creación de pe­queños grupos de mú­sica clá­sica o de grupos de rock, reunir a los habitantes más allá de su na­cio­na­lidad. "¡Esto les disgusta enormemente! La cultura per­mite unir a la gente, pero aquí los po­lí­ti­cos no quieren esa unión. Según ellos tienen que permanecer ab­so­lutamente separados". En Mós­tar, el desempleo y el amiguismo contribuyen a no solucionar nada: "Si eres bosnio y quieres un buen puesto en una empresa cuyo di­rec­tor es croata, no tendrás ninguna oportunidad. Por supuesto, a la inversa ocurre igual".

Una ju­ventud abierta

En el patio del Centro Abra­se­vic, una par­te de la ju­ventud de Mós­tar se re­úne al anochecer para tomar algo o ver una película. Este centro cultu­ral, des­truido durante la guerra, se reconstruyó hace vein­te años en la orilla oeste. De­sde hace un año, Vla­di­mir Coric es su joven di­rec­tor: "Mon­tamos exposiciones y conciertos para los jóvenes de Mós­tar sin im­portarnos para nada la na­cio­na­li­dad de cada uno". El centro tiene doce trabajadores en nómina y cuenta con una vein­tena de voluntarios. "Intentamos tender puentes entre mentalidades con el fin de acercar y unir las dos par­tes de la ciudad", ex­plica Vla­di­mir. Desde hace algún tiempo, el Centro Abra­se­vic tenía que haber abierto un albergue ju­venil para acoger a más vi­si­tantes. "Para los jóvenes que están de paso en Mós­tar, no siempre es fácil darse cuenta de lo que sucede aquí", nos dice con sinceridad Vla­di­mir.

De hecho, según el guía que le a­com­pañe por la ciudad y según la orilla donde se encuentre, la his­toria que se cuenta es diferente. Aquí, como en todos los Bal­canes, no existe una ver­sión com­ún de los hechos, sino una dura competencia de memorias entre vecinos. En 2013, en el barrio croata, la estela en memoria de los soldados bos­nios víctimas de la guerra, fue destruida por un ex­plo­sivo. "Tenemos que sentirnos todos como ciudadanos de la misma ciudad, y no pen­sar en etnias o en na­cio­na­lidades", lamenta El­ve­din Ne­zi­rovic.

¿Quién mueve los hilos en Mós­tar?

Ranka Mu­te­ve­lic es la di­rec­tora del teatro de ma­rionetas de la orilla este, encima de la ciudad vieja bos­nia. Se encarga desde hace más de diez años de la col­ec­ción del teatro, ins­talada desde­ 1952 en la an­tigua sina­goga de Mós­tar. En 1993, el teatro fue des­truido y solo sobrevivió al desastre una fi­gu­rilla que hoy en día se encuentra en el despacho de la di­rec­tora. Ranka Mu­te­ve­lic lamenta que no se haya producido una fu­sión entre los dos teatros: en beneficio del joven público de la ciudad, ello habría permitido llevar a cabo grandes crea­ciones, equipos más efi­caces y más recursos. De hecho, las dos estructuras estaban de acuerdo para unirse: "En 2008, un re­pre­sen­tante de la Unión Eu­ro­pea vino a Mós­tar. Consultó a los dos teatros y nego­ció con ca­da uno de nosotros para que nos fu­sion­ásemos en una sola ins­ti­tu­ción. Nosotros pen­samos que era primor­dial constituir un fondo mutual con nuestros recursos económicos. El re­pre­sen­tante de la Unión Europea redactó un pro­to­colo que en­vió al alcalde de Mós­tar. Desde entonces, y han pasado seis años, no hemos tenido ninguna noticia. Es realmente un pro­blema po­lí­tico el que di­vide la ciudad; los ha­bi­tantes querrían vivir en armonía de una forma normal, pero los po­líticos avivan el odio".

Un sím­bolo de convivencia

Entre los muros de la an­tigua sina­goga, el director búl­garo Todor Valov se apresura de­lante de la com­pa­ñía per­ma­nente de teatro. Está viviendo aquí y realiza el montaje de Un corazón de piedra, una pieza del re­per­torio teatral al­e­mán. En el descanso, nos lleva junto al escenario donde descansan las ma­rionetas, seres de repente in­ani­mados. "La ciudad está dividida por cuestones de iden­ti­dad, pero sé que los teatros se re­la­cionan entre sí", ex­plica.

"Los di­rec­tores están pendientes de los estrenos que tienen lugar en el lado contrario res­pec­ti­va­mente, y acuden a ellos. El sím­bolo de esta ciudad es el 'puente viejo' que fue des­truido en 1993. Hoy, ya reconstruido, debería servir para unir a los ha­bi­tantes de Mós­tar. Es para eso para lo que tiene que ser­vir la cultura y el teatro: para unir a la gente más allá de las iden­ti­dades", concluye Todor Valov.

Este ar­tículo forma par­te de una serie de re­por­tajes realizados en el marco del pro­yecto "Bulli Tour Eu­ropa", del que Ca­fé­ba­bel Stras­bourg es colaborador. Para ver otros artículos relacionados visitar la página (www.​bul­li­tour.​eu). Cré­dito de la foto: "Bulli Tour Eu­ropa"