MR. CAMERON, No todos los rumanos son vampiros

Artículo publicado el 8 de Enero de 2014
Artículo publicado el 8 de Enero de 2014

El Reino Unido, antaño un imperio en el que nunca se ponía el sol, ahora impide el acceso a su isla con osadía. Recientemente ha introducido leyes contra los búlgaros y los rumanos, quienes supuestamente inundan el mercado laboral británico. El gobierno de Cameron los transforma lentamente en un ejército de Dráculas que quieren chupar todas las prestaciones de los industriosos británicos.

La men­ti­ra que más nos cuen­tan los po­lí­ti­cos de de­re­chas es que la in­mi­gra­ción es da­ñi­na para la so­cie­dad. Los in­mi­gran­tes, la ma­yo­ría ile­ga­les, nos qui­tan nues­tros pues­tos de tra­ba­jo, no se in­te­gran y crean gue­tos donde reina la vio­len­cia. David Ca­me­ron no es más que otro líder eu­ro­peo que en­ca­ja en esta re­tó­ri­ca. Su go­bierno se ha apre­su­ra­do a apro­bar leyes que im­pi­den el pago de pres­ta­cio­nes a los in­mi­gran­tes des­em­plea­dos que re­si­den en el Reino Unido menos de tres meses.

El nuevo in­for­me anual del Cen­tro para la In­ves­ti­ga­ción Eco­nó­mi­ca y Em­pre­sa­rial pre­di­ce que para 2030 la eco­no­mía bri­tá­ni­ca su­pe­ra­rá a la ale­ma­na. Como po­de­mos leer en el in­for­me: "la de­mo­gra­fía po­si­ti­va con una in­mi­gra­ción con­ti­nua­da [y] menos ex­po­si­ción a los pro­ble­mas de la eu­ro­zo­na que otras eco­no­mías eu­ro­peas se com­bi­na con im­pues­tos re­la­ti­va­men­te bajos según los es­tán­da­res eu­ro­peos para pro­mo­ver un cre­ci­mien­to más rá­pi­do que en la ma­yo­ría de eco­no­mías oc­ci­den­ta­les”. El hecho de que la in­mi­gra­ción en reali­dad me­jo­ra la eco­no­mía en vez de de­bi­li­tar­la debe de ser una gran sor­pre­sa para David Ca­me­ron y los demás po­pu­lis­tas.

Lo único que quie­ro es lle­var­me tu di­ne­ro”

El Pri­mer Mi­nis­tro bri­tá­ni­co ad­mi­tió re­cien­te­men­te que el fra­ca­so en la apli­ca­ción de con­tro­les de mo­vi­mien­to tran­si­to­rio para los nue­vos es­ta­dos miem­bros de la UE, como Po­lo­nia en 2004, había sido un “gran error” para el Reino Unido. A par­tir del 1 de enero, el mer­ca­do de tra­ba­jo de todos los paí­ses eu­ro­peos es­ta­rá abier­to a los búl­ga­ros y a los ru­ma­nos. Ca­me­ron teme que se re­pi­ta lo de 2004, cuan­do en vez de lle­gar los 13 000 po­la­cos que se es­ti­ma­ba, lle­ga­ron un cuar­to de mi­llón en un año. Desde en­ton­ces, los po­la­cos son el se­gun­do grupo más gran­de de ex­tran­je­ros, por de­trás de los in­dios.

Lo que los con­ser­va­do­res bri­tá­ni­cos no quie­ren en­ten­der (o más bien, sobre lo que mien­ten cí­ni­ca­men­te) es que los in­mi­gran­tes son ahora esen­cia­les para re­ju­ve­ne­cer la so­cie­dad e im­pul­sar la eco­no­mía. Las mu­je­res po­la­cas tie­nen más pro­ba­bi­li­da­des de dar a luz a niños en el Reino Unido que en Po­lo­nia (esta mi­gra­ción es más un pro­ble­ma para Po­lo­nia, que pier­de sus fu­tu­ras ge­ne­ra­cio­nes, que para el Reino Unido). No hay mu­chos que vivan de las ayu­das, ya que la gran ma­yo­ría tiene tra­ba­jo – solo 20 000 po­la­cos es­ta­ban des­em­plea­dos en 2011. Tam­po­co hay un in­cre­men­to sig­ni­fi­ca­ti­vo de la vio­len­cia en las áreas en las que re­si­den. Pero des­pués de diez años, su po­si­ción en la so­cie­dad ha me­jo­ra­do y se es­pe­ra que los ru­ma­nos y los búl­ga­ros pue­dan ocu­par sus pues­tos de tra­ba­jo.

Una bien­ve­ni­da hos­til

No es la pri­me­ra vez en la his­to­ria que las cri­sis eco­nó­mi­cas y so­cia­les pro­vo­can xe­no­fo­bia. El Reino Unido ex­pe­ri­men­ta la cre­cien­te po­pu­la­ri­dad del na­cio­na­lis­mo y siem­pre se crea un enemi­go. Esta vez le ha to­ca­do a los búl­ga­ros y los ru­ma­nos. Se les des­cri­be como una masa que ace­cha a la es­pe­ra de las ayu­das so­cia­les bri­tá­ni­cas. Desde luego, Ca­me­ron se dio cuen­ta de la si­tua­ción eco­nó­mi­ca y de las ac­ti­tu­des so­cia­les. Como que­ría ob­te­ner un buen re­sul­ta­do en las elec­cio­nes, re­cu­rrió a lemas po­pu­lis­tas. Es una es­tra­te­gia digna de un po­lí­ti­co del mon­tón, pero no de un hom­bre de es­ta­do. Ca­me­ron teme al Par­ti­do de la In­de­pen­den­cia del Reino Unido, un grupo eu­ro­es­cép­ti­co que tiene po­si­bi­li­da­des de ob­te­ner un buen re­sul­ta­do en las elec­cio­nes al Par­la­men­to Eu­ro­peo en mayo. Para re­for­zar la iden­ti­dad cuan­do ésta es débil, hace falta un enemi­go. Los in­mi­gran­tes son per­fec­tos para el papel. Pero el deber de un líder es mi­ti­gar la agi­ta­ción so­cial, no exa­ge­rar­la.

Por tanto, el Pri­mer Mi­nis­tro in­glés pasa a ocu­par la po­si­ción de Ni­co­las Sar­kozy. Él tam­bién que­ría lle­var­se los votos del Fren­te Na­cio­nal, así que se le ocu­rrió la idea de ex­pul­sar a los ru­ma­nos de Fran­cia. Ojalá su suer­te sirva de aviso para Ca­me­ron.

Puede que ne­ce­si­te­mos pen­sar en lo que se ha con­ver­ti­do la Unión Eu­ro­pea, por­que len­ta­men­te em­pie­za a re­pre­sen­tar todos los va­lo­res a los que se opo­nían los pa­dres fun­da­do­res: xe­no­fo­bia, des­con­fian­za y la fi­lo­so­fía de “sál­ve­se quien pueda”. Y el señor Ca­me­ron es la cara de la nueva UE.