Mucho más que pastelería – con Gesine Schwan

Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2004

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La polifacética presidenta de la Europa-Universität en la frontera germano-polaca luchaba por la reconciliación entre este y oeste cuando la UE aún no existía. Buen presentimiento con la visionaria de Frankfurt-Oder.

El cisne es sin duda un animal precioso. En la tradición cultural europea ha sido siempre un símbolo de pureza, inocencia y virginidad, y en la época barroca el cutis femenino, pálido como el de un cisne era considerado un signo inequívoco de extraordinaria belleza. Naturalmente hace ya mucho de esto. Ahora podemos ver niños dando de comer migas de pan a los cisnes en un estanque en algún lugar apartado de la ciudad y en la prensa del corazón alemana se puede leer de vez en cuando, especialmente en la época estival, emocionados reportajes, informando de agresiones de “cisne salvaje negro” a una inocente pensionista. Incluso la lengua alemana utiliza el vocablo cisne para indicar que algo nos ha producido una impresión funesta, por ejemplo, cuando se tiene un mal presentimiento ante el futuro, con una expresión que literalmente traducida sería algo así como “esto me cisnea fatal”.

Sin embargo, desde la pasada primavera los cisnes se ven con mejores ojos en Alemania. Ahora es símbolo de esperanza, autoestima y absoluta confianza. Y todo esto se debe a que la Presidenta de la “Europa-Universität Viadrina” se apellida Schwan (cisne en alemán y un apellido muy poco común), un cisne de éxito y muy especial. Gesina Schwan, de 61 años de edad, presidenta de la mencionada universidad, situada en Frankfurt-Oder, ha conseguido que el público alemán la adore pocas semanas después de su presentación como candidata del gobierno al cargo de Presidenta del gobierno. En mayo, la candidatura de la que sería la primera presidenta de Alemania seguía siendo rechazada y varias asociaciones de mujeres se lamentaban de que se hubiera apostado, para tal cargo y en unos comicios inútiles, únicamente por una candidata “de pega”. Sin embargo y a pesar de todo ello, aún seguimos acordándonos y siempre con placer de las refrescantes apariciones de Gesina Schwan en tertulias televisivas y entrevistas en periódicos.

De gran preparación y temperamento

El filósofo y visionario alemán Jürgen Habermas alabó a la candidata de manera efusiva en el periódico Der Zeit: Pelea valientemente y no deja a nadie indiferente por su presencia, sus amplios conocimientos y brillantes declaraciones. Tiene, ante todo, un temperamento político convincente”. Esta opinión es compartida por un amplio sector de la población. Según un sondeo realizado antes de las elecciones a la presidencia del gobierno por el instituto demoscópico alemán Emnid, el 40% de los ciudadanos alemanes votarían en una elección directa por Gesine Schwan, mientras que el 38% de ellos se decantaría por su rival y posible vencedor Horst Köhler. Probablemente se hayan dado cuenta de que Gesine Schwan no se decanta por una dirección política clara. Esto se observa claramente en su propia biografía. Nacida en 1943, comenzó su carrera científica muy rápido, de hecho, es una experta en marxismo y en la actualidad centra su actividad en cuestiones de cultura política. Al principio de su carrera buscó la reconciliación con Polonia, por lo que estudió polaco, y estuvo vinculada durante los años 80 al movimiento clandestino conocido por el nombre “Solidarnosc”.

Sin embargo, en el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania), al que se unió en 1970, defendió una posición más bien conservadora. Se contaba que tenía “preferencia” por Helmut Schmidt y cómo ambos eran partidarios del rearme de la OTAN con cohetes de medio radio de acción. Muy consciente de la situación de Europa del Este, Schwan abogó apasionadamente por hacer concesiones a las dictaduras comunistas de Europa, siempre que éstas quisieran mejorar la situación de los derechos humanos en su seno. En una publicación del SPD de 1983, lanzó al entonces presidente Willy Brandt la cuestión de “minimizar la diferencia entre democracia y dictadura”. Poco después abandonó la Grundwertekomission del SPD. De modo que más de un miembro del partido la hubiera maldecido como el mencionado “cisne salvaje negro”. Además, tras su nombramiento, Gesine Schwan no se somete a disciplina alguna por parte del partido. Manifiesta su posición contraria al canciller, la creación de universidades de elite en Alemania y se lamenta de la tendencia de imponer reformas fiscales en los niveles sociales más bajos.

«Algo más que extender la masa con un rodillo»

Pero ante todo Gesine Schwan es una europeísta convencida. En 1999 fue nombrada presidenta de la aún incipiente Europa-Universität “Viadrina”, en la que estudian más de 5000 estudiantes procedentes de 30 países diferentes. Una tercera parte de estos estudiantes son polacos. Por este motivo, Schwan trabaja a diario de manera activa en esta asociación europea en aquellas cuestiones que no siempre y por desgracia pueden ser atendidas por la clase política dominante en Europa. Por tanto, cuando se pronuncia sobre Europa no ve el peligro de hablar por hablar. Todo lo contrario, declaró en el diario Leipziger Volkszeitung que en la ampliación hacia el este «no se trata sólo de extender la masa con un rodillo», sino de ir hacia una «nueva creación de Europa». No es un comentario a la defensiva. Schwan aboga por que se permita al pueblo pronunciarse sobre la constitución de Europa. Además se debería tener en cuenta que «la UE está ofreciendo la oportunidad de acercarnos al desafío de la globalización y de la nueva división del trabajo en el mundo de manera fructífera y abierta».

Una mujer que rebosa de confianza en sí misma y de optimismo y que dice lo que piensa incluso si ello va en contra de la opinión dominante. Una mujer que ya había prestado grandes servicios a favor de la reconciliación europea cuando la UE ni siquiera existía. Una mujer que siempre ha hecho esfuerzos por la democracia. ¿Hacen falta más cualidades para ser nombrada “europea del año”? Imposible. Con una mujer como Gesine Schwan la cuestión europea no puede darnos mala espina.