Mucho respeto y pocas garantías

Artículo publicado el 18 de Julio de 2006
Artículo publicado el 18 de Julio de 2006

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En la Unión Europea se garantiza la libertad de prensa, pero no está asegurada. Las diferencias entre la Europa del Este y la del Oeste son enormes: la protección de los informadores está en peligro.

Tras un rápido clic, viene la confirmación de envío: “Su mensaje ha sido enviado a la siguiente dirección”. Todo esto suena a comunicación inofensiva a través de Internet. Lo que el interesado desconoce, sin embargo, es que los detalles de esta comunicación (remitente, receptor, fecha, hora de salida..., etc.) han sido sistemáticamente registrados.

En diciembre de 2005 el europarlamento votó una directiva para armonizar la legislación de los Estados miembro. La directiva prevé que los datos de las telecomunicaciones se conserven por los operadores durante un periodo de 24 meses. La policía puede saber ya -si tuviera algo que investigar- quién está comunicándiose con quién y cuándo.

En diciembre de 2005 la UE aprobó las directrices de almacenamiento sistemático de todos los datos de teléfonos e Internet con el fin de conseguir mejores condiciones para el procesamiento penal de quienes cometan delitos, de forma que, en lo sucesivo, todos los datos de interconexión de teléfono, mensaje de texto o Internet quedarán registrados durante un periodo que oscila entre los seis y los veinticuatro meses. Con esta medida, se asegura que las autoridades puedan averiguar quién se ha comunicado con quién en qué momento y dónde.

Según la Asociación Alemana de Periodistas, dicha medida sirvió para allanar el camino a la supervisión masiva de periodistas y de sus contactos. "Tanto la libertad de prensa como la protección de los informadores parecen estar en peligro con esta nueva directriz”, asegura un comunicado de la Asociación Alemana de Periodistas (DJV). “Si los informadores no pueden asegurar la confidencialidad de los números de teléfono y las direcciones de correo electrónico de los contactos de los periodistas, estas personas se lo pensarán dos veces a la hora de ponerse en contacto con la prensa”.

¿Qué significado tiene aquí “garantizar”?

La UE se compone hasta hoy de 25 Estados miembro. Esto supone 25 tradiciones y culturas diferentes, así como también 25 legislaciones nacionales distintas. A este respecto, la Comisión Europea no ha asumido la competencia necesaria para conseguir un derecho europeo que regule los asuntos de la libertad de prensa de forma unitaria.

De acuerdo con el Artículo 11 de la Carta de los Derechos Fundamentales: “se respeta la libertad de los medios de comunicación y su pluralidad”. Dice “se respeta”, no “se garantiza”. “Se omitió la palabra “garantía” prevista originalmente para la libertad de prensa del catálogo de valores fundamentales por miedo a poner en peligro las soberanías nacionales”, apunta la eurodiputada Karin Junker. Además de su puesto en la junta directiva del partido socialdemócrata alemán, la diputada alemana es miembro del Consejo de Radiodifusión y del programa Arte de la Radio y Televisión del Oeste de Alemania (WDR). Cuando Junker habla sobre los problemas de los medios de comunicación en el plano de la UE se la ve sin duda muy versada. Si bien es cierto que critica la frágil formulación de la Carta Europea de Derechos Fundamentales, también admite que “Si viviese o trabajara en otro país, perdería dicho derecho. Me gustase o no.”

En el resto de Estados, la asociación europea de periodistas ve evoluciones preocupantes en el terreno de la concentración de medios de comunicación. Así, en Irlanda, la empresa Independent Newspapers controla el 80% del mercado de la prensa escrita.

Incluso en los Países Bajos, que se encuentra en los mejores puestos de la clasificación de Reporteros sin Fronteras, la concentración mediática se está convirtiendo en un problema. En el sector televisivo, la productora pública NOS y el operador comercial alemán Bertelsmann controlan juntos el 85% del mercado. Y las tres empresas NV Holdingmaatschappij De Telegraaf, PCM Uitgevers NV y Wegener NV acaparan el 83% de los lectores de prensa impresa.

Problemas en Europa del Este

Si echamos un vistazo a la ampliación de la UE, el panorama pinta aún peor, y esto lo sabe bien Marc Gruber, vicepresidente de la Federación de Periodistas Europeos. “Nosotros lamentamos mucho que las garantías de la libertad de prensa, de la pluralidad de los medios de comunicación y de un sector de radiodifusión público no se haya convertido en una condición sine qua non para la incorporación de nuevos países”.

Según palabras de Gruber, “la prensa nacional de los países del Este tiene grandes dificultades para mantenerse en el mercado. En Ucrania, periodistas críticos con el gobierno siguen siendo objeto de agresiones. En Polnia, un editor de prensa fue condenado a pagar una multa de 5.000 euros en 2005 por insultar en uno de sus periódicos al Popa Juan Pablo II.

No es extraño que uno se pregunte si los representantes europeos se han planteado realmente el tema de la libertad de prensa con anterioridad. “No se puede agradar a todos”, se justifica Karin Junker.

Primeros pasos en la buena dirección

Pero de todo esto se puede sustraer una vertiente positiva. Gracias a la Unión Europea, existe en todos los países miembro una ley para la libertad de información. Esto quiere decir que los documentos que se producen en el ámbito europeo han de ser comprensibles, se deben poder contrastar con facilidad y accesibilidad. Es más, las autoridades están obligadas a dar difusión a temas comprometidos como la economía.

Además, en el ámbito de la televisión se reconocen buenos resultados. La directiva europea Televisión sin Fronteras fija las condiciones para la retransmisión de programas televisivos en el mercado interior europeo: tráfico libre de programas televisivos, protección de la diversidad cultural, protección del menor, derechos de contraprogramación, regulaciones de la publicidad y promociones de las producciones europeas son sólo algunos ejemplos de estas condiciones.

Sin embargo, muchas son las preguntas que quedan en el aire. ¿Por qué sólo se regula todo lo relativo a la televisión? ¿Qué pasa con otros medios de comunicación tales como la radio, los medios impresos o Internet? ¿Cómo podrán los periodistas garantizar en el futuro una información crítica si las nuevas directivas para el almacenamiento sistemático de datos de Internet y telefónicos ponen en peligro la protección de las fuentes? Sólo hay una cosa clara: mientras la soberanía en cuestiones culturales y de radiodifusión resida sólo en los países miembro, poco se podrá hacer en contra del peligro que corre la libertad de prensa en el plano europeo.