Mujer europea busca trabajo bien remunerado

Artículo publicado el 1 de Agosto de 2005
Artículo publicado el 1 de Agosto de 2005

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Mientras la mujer sigue su carrera de obstáculos en la lucha por la igualdad, los gobiernos europeos toman tímidas medidas para favorecerla. España ya se ha puesto en marcha. Pero aún quedan países donde los derechos se quedan en la puerta del hogar.

Pilar tiene a sus espaldas una brillante carrera política y ahora ejerce de periodista y escritora. Está casada y tiene tres hijos, dos de ellos adoptados. Compagina su vida familiar con una apretada agenda profesional que la lleva a coger aviones semana sí, semana también. Ella es el ejemplo de la mujer de éxito, que por méritos propios llega a la cúspide de la pirámide social. Pero ésta no es la realidad más extendida. Miles de mujeres en toda Europa sufren discriminación económica, social, laboral y familiar. Muchos gobiernos europeos quieren transformar esta discriminación en positiva y favorecer la paridad de hombres y mujeres en la sociedad.

Un ejecutivo paritario

Las mujeres cobran un 29% menos que los hombres en el trabajo y ocupan sólo el 2,5% de cargos directivos en las empresas. En los niveles educativos más bajos, las diferencias pueden llegar al 56,2%. Esto ocurre en España, pero el gobierno de Madrid quiere equilibrar la balanza. Los socialistas, ahora en el poder, han dado el mejor ejemplo: 8 mujeres y 8 hombres forman el primer equipo paritario de la Historia en el ejecutivo de un país. El gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, presidente español, presentará el próximo otoño una Ley de Igualdad que prevé medidas de discriminación positiva para la paridad política y planes de igualdad en las empresas, con sanciones incluidas.

A pesar de los esfuerzos, mucho más que eso le hará falta a Zapatero, pues según un estudio reciente del Foro Económico Mundial, España se encuentra en la cola de Europa en igualdad entre hombres y mujeres (ocupa el lugar 22 de 30 entre los miembros de la OCDE). Los países nórdicos, con Suecia, Noruega, Islandia, Dinamarca y Finlandia, ocupan las cinco primeras posiciones. Un solo ejemplo: el gobierno noruego sanciona las empresas que no tengan un 40% de mujeres en los consejos de administración.

A por la igualdad salarial

Aunque la discriminación positiva, que tiene origen en la affirmative action de los Estados Unidos, ha llegado a España con el actual gobierno de izquierdas, en Francia es cuestión de derechas. En este país, las mujeres también se encuentran en inferioridad en el trabajo. Aunque en Francia ya está vigente una ley de igualdad profesional desde el 2001, ésta se está mostrando insuficiente y el salario de los franceses es todavía un 20,6% más elevado que el de las francesas por hora trabajada. De ahí que el parlamento francés esté estudiando también una ley para promover la igualdad salarial.

Los esfuerzos legislativos en otros países de la Unión también merecen un apunte. Es el caso del Reino Unido, donde desde 1975 una ley declara ilegal la discriminación por razón de sexo. A pesar de ello, aún quedan lagunas, ya que las diferencias salariales entre los ingleses aún son importantes: ellos cobran un 23,3% más que ellas. Además, 30 años después de esta ley, las estadísticas dicen que un millón de mujeres británicas embarazadas sufrirán discriminación en el trabajo en los próximos cinco años. El problema es la perspectiva arcaica sobre lo que una mujer embarazada puede hacer en el trabajo. Ellos lo ven como una enfermedad. El embarazo no afecta a mi forma de trabajar, pero no me dieron la oportunidad de demostrarlo, explica Michelle Smith, una consultora de ventas, en un estudio sobre la discriminación de la mujer embarazada en el trabajo hecha por la Comisión Europea para la Igualdad de oportunidades.

Nuevos países, más diferencias

Con la Unión ampliada, la situación en los nuevos Estados miembro es aun peor. Por ejemplo, en Eslovaquia no hay legislación alguna sobre la igualdad de género. Ni tan sólo se garantizan los derechos de la mujer. La sociedad eslovaca tiene aún un sistema patriarcal con raíces muy profundas donde las mujeres jóvenes piensan, en un 73,6%, que la participación en la vida política local es la única forma de mejorar esta situación. Es significativo, por ejemplo, que la responsable del Comité por los Derechos de la Mujer en Eslovaquia, Anna Záborská, del Partido Demócrata (KDH), se muestre en contra de la igualdad de género en muchas de sus declaraciones públicas.

En la República Checa, el 60% de la población piensa cosas como los hombres, a trabajar; las mujeres, en casa. Por eso, el gobierno es consciente de la necesidad de hacer políticas de igualdad. Pero de momento, se queda en las intenciones. Todo lo contrario ocurre en Hungría, donde el gobierno ya prepara un programa de acción para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, sobre todo por lo que respecta a la reinserción de las mujeres al mundo laboral después de la maternidad.

Lo que queda por llegar

Roxana, como buena esposa, ha de obedecer y seguir a su marido. Incluso ella misma cree que ha de ser madre-esposa-ama de casa y que tiene que limpiar, cocinar y planchar. Este es el estereotipo más extendido en uno de los países aspirantes a la Unión: Rumania, en el cual un 80% de la población piensa así. Pero fuera del hogar, el gobierno quiere adaptarse a los requisitos comunitarios en lo que respecta a la igualdad de género. Así, ya en el año 2001 aprobó una ley contra el acoso sexual en el trabajo.

A pesar de todo, no es suficiente que la Unión Europea imponga los criterios de igualdad de oportunidades para la adhesión de nuevos miembros o exija a los actuales aprobar leyes en este sentido. Esta lucha debería salir de las propias mujeres, con el sacrificio personal por delante.