Multilingüismo: traduciendo el proyecto europeo

Artículo publicado el 2 de Enero de 2007
Artículo publicado el 2 de Enero de 2007

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El multilingüismo es es una de las características principales de la UE: por un lado refleja la diversidad de la comunidad europea, pero también da fe de su rigidez.

Si atendemos a las palabras de Durão Barroso, “la traducción es la verdadera lengua europea”. Así es como el actual presidente de la Comisión europea justificaba la reciente creación de la cartera de Multilingüismo, que ha recaído en el rumano Leonard Orban.

Una diversidad unida 23 veces

Desde 1958, el Consejo de la UE ha mantenido el principio de la estricta igualdad de las lenguas nacionales en el seno de la comunidad económica europea (CEE). Por entonces, los seis países fundadores no usaban más de cuatro lenguas: el alemán, el francés, el italiano y el holandés. 50 años después, la UE cuenta con 23 idiomas oficiales. El principio de igualdad sigue consagrado en los tratados comunitarios.

Dicho esto, no todos los Estados miembro persiguen que su lengua nacional sea tomada en consideración como lengua oficial en la UE. Luxemburgo ha renunciado a ello debido a su multilingüismo interno. Malta, sin embargo, negoció con éxito que el maltés se convirtiera en lengua oficial europea el momento de su adhesión en 2004.

Irlanda, miembro desde 1973, decidió de pronto no renunciar a que el gaélico fuera lengua oficial en la UE. La lengua de los celtas es desde este año idioma oficial europeo.

Diagnóstico: egoísmo

La UE tiene dificultades para aplicar el principio de igualdad de los idiomas oficiales. Posee el mayor servicio de traducción del mundo: cada año, una legión de traductores traducen más de 1,3 millones de páginas. Con todo, sucede a veces que una decisión política se tome con retraso a lo previsto por culpa de una traducción que no llega en todas las lenguas de la UE.

Por ello, los funcionarios europeos, salvo los parlamentarios, se han puesto de acuerdo de modo informal sobre tres lenguas de trabajo: el inglés, el francés y el alemán.

El modo e el que cada uno de los 27 Estados miembro asimile el multilingüismo refleja el problema fundamental de la UE. Incluso los países con varias lenguas oficiales se oponen a renunciar al uso de su lengua en provecho de la comunidad. Ampliar la UE a más Estados debería significar que cada uno acepte que hay que llegar a un compromiso. Desde el rechazo del tratado constitucional, Europa se limita a aplicar lo que autorizan todos y cada uno de los Estados miembro, dejando de lado las reformas más urgentes.

Intérpretes del proyecto europeo

El futuro de la UE está en las manos de sus Estados miembro y, sobre todo, de sus ciudadanos. Aunque se usen muchas lenguas distintas, no existe un lenguaje común. La traducción es, pues, la verdadera herramienta de comunicación de Europa, aunque esto no quiera decir que cada país deba insistir en que su lengua sea la lengua de trabajo.

La prioridad es otra: traducir el proyecto europeo y la terminología tecnocrática al idioma de la gente de a pie. Los Estados miembro y las instituciones europeas parecen tener dificultades en comunicar con sus ciudadanos. Es tiempo de implicar más a la sociedad civil en este diálogo.