Museos a la luz de las estrellas

Artículo publicado el 10 de Octubre de 2016
Artículo publicado el 10 de Octubre de 2016

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La Larga noche de los museos en Austria permite a los visitantes disfrutar de cientos de museos y atracciones culturales hasta altas horas de la madrugada.

Desde hace ya 17 años, el primer sábado de octubre se celebra en Austria la Lange Nacht Der Museen (o la Larga noche de los museos), en la que cerca de 700 museos austriacos abren sus puertas hasta la una de la madrugada y una única entrada permite el acceso a todos ellos.

Este año, alrededor de 360 000 personas disfrutaron de la oportunidad de visitar museos, galerías e instituciones culturales por todo el país. La atracción más popular resultó ser el Naturhistorisches Museum (Museo de Historia Natural) de Viena, que abrió sus maravillosas puertas doradas a 11 400 visitantes que esperaban, quizá, poder ver a la Venus de Willendorf, una de las más antiguas estatuillas que se conservan de la Prehistoria y un elemento de gran importancia para entender los comienzos de la humanidad. Tan solo en Viena, 134 instituciones participaron en el evento, desde las galerías más tradicionales, como las mundialmente famosas Albertina, Leopold y Belvedere, a museos como el Museo de Historia Natural, mencionado anteriormente, y el de Sigmund Freud. Otros museos más curiosos y originales formaron parte también de las festividades. Entre estos últimos destacan el Museo de pompas fúnebres, el Museo del Condón (sí, ha leído bien) y el que tal vez sea el más inocente, un museo dedicado a bolas de nieve.

No obstante, el evento  no se celebró tan solo en la capital. Instituciones de toda Austria abrieron sus puertas y recibieron a visitantes hasta bien entrada la noche. Yo mismo puedo atestiguar que esta celebración llega a todos los rincones del país. Hace dos años en esta fecha me encontraba visitando un pintoresco y fascinante museo en una pequeña ciudad en Burgenland, cercana a la frontera con Hungría. Aunque el museo en sí era muy interesante, la fiesta en el sótano que duró hasta altas horas de la madrugada fue inolvidable. Escuchar a un hombre cantar Hey Jude con un marcado acento de Burgenland es algo que jamás conseguiré sacarme de la cabeza. Y es que aquella noche tuvo mucho que ver con el amor que siento por este país.

Aunque la experiencia de este año en Viena haya sido algo diferente, no significa que no la haya disfrutado. Con la compra de un ticket (16€, o 12€ con tarifa reducida) se tiene acceso a las 134 instituciones participantes en Viena. Así que, armado con este valioso documento me dispuse a disfrutar de la noche.

En total conseguí visitar cuatro museos, comenzando por el pabellón de exposiciones de la Secesión, que fue epicentro de la revolución cultural y artística de principios del siglo XX. Este edificio, coronado por una cúpula dorada, es un símbolo de este movimiento y fue utilizado originalmente para exponer las obras de pintores y escultores como Gustav Klimt, Joseph Hoffman y Max Kurzweil. El Friso de Beethoven de Klimt, perteneciente a la 14a exposición de la Secesión dedicada al compositor, es uno de los tesoros que podemos encontrar en este pabellón. El área principal de la exposición está dedicada actualmente a la artista georgiana residente en Berlín Thea Djordjadze. Allí, Djordjadze ha trasladado su estudio y ha reorganizado el espacio de tal forma que ha creado una gran instalación que se antoja un reflejo de la libertad creativa de todo artista. Sin embargo, a pesar de ser un edificio impresionante, con exposiciones que invitan a la reflexión, el pabellón no parece haber sido creado para el aficionado al arte de a pie. Existe poca información acerca de las obras a disposición de los visitantes, por lo que podría resultar poco atractivo para todo aquel que visite la galería por primera vez, hecho que parece contradecir la filosofía de un evento que se supone accesible para todos.

El siguiente museo que visité fue la Casa de Mozart. Este apartamento en el centro de Viena fue el lugar en el que el renombrado compositor pasó los dos años más productivos de su vida. A pesar de no contar con muchas pertenencias de Mozart, la casa conserva objetos de la época y ofrece información acerca de la vida y obra del artista. Además, proporciona al visitante una visión general de cómo era la vida privada del compositor, de su relación con su esposa e hijos, así como de la relación con su padre y otros compositores, como la amistad que mantuvo con el también compositor austriaco Joseph Haydn.

Un corto trayecto en metro me llevó a la segunda parte de mi noche. En el Kunsthistoriches Museum (Museo de Historia del Arte) encontramos obras de los grandes maestros del arte europeo. El edificio es, por sí solo, una obra de arte, con sus elaboradas cornisas, vibrantes doraduras, suelos y escaleras de mármol que resplandecen bajo la luz y lo dotan de una cierta distinción. La orquesta tocando al pie de la escalera no hizo más que acentuar esta sensación de elegancia.

Es cierto que la grandeza de sus obras de arte no destaca tanto como aquellas de las célebres galerías europeas como el Louvre, la National Gallery o el Prado, y ni siquiera consigue alcanzar el nivel de otros museos vieneses como el Albertina o el Leopold. Sin embargo, sí que ofrece una variedad de arte tanto del norte como del sur de Europa, desde el Renacimiento al Barroco, con obras destacables como el Tríptico de la Crucifixión de Weyden o La coronación de espinas de Caravaggio. La primera planta alberga además una exposición de arte egipcio y escultura romana que muestra la evolución del arte y la civilización occidentales de una forma clara y concisa.

Ya en el exterior, a pocos pasos de allí, se encuentra el Naturhistorisches Museum, pasando por la estatua de la Emperatriz María Teresa que da nombre a la plaza en la que se irguen ambos museos. Si bien la fachada del edificio refleja el Kunsthistorisches Museum como un espejo, su interior no consigue alcanzar tal esplendor.

En la primera planta nos encontramos con una fila tras otra de muestras minerales con poca información acerca de las mismas y, tras un recorrido por la tabla periódica, se llega a la sección sobre la Prehistoria. Los utensilios y las vitrinas nos ofrecen una visión de cómo era la vida para los primeros humanos, principalmente en Austria y Europa Central. En una de esas salas se esconde la Venus de Willendorf. A primera vista la estatuilla puede resultar un tanto tosca, pero si la examinamos de cerca podemos ver que la talla de la piedra caliza es deliberada y compleja. Aunque algún visitante se mostró interesado en ella, parece que esta figura religiosa de la Prehistoria no impresiona a todo el mundo. 

Cabe mencionar que este museo no es tan interactivo como otros museos modernos de historia natural o ciencia, por lo que gran parte de las exposiciones están algo anticuadas. La estructura de sus instalaciones resulta bastante difícil de seguir y parece que no ha sido planeada con detenimiento. Por ejemplo, para llegar a la sección sobre evolución humana se debe pasar primero por la de cultura prehistórica. Una nueva disposición del espacio, más lineal, probablemente serviría para que los visitantes pudieran seguir y entender de forma clara la evolución de la humanidad.

No obstante, por lo que he podido comprobar, la mayoría de los museos y galerías de arte en Viena no tienen como objetivo informar al público general, sino atraer a aquellos que ya tienen conocimientos previos acerca de un tema, artista o era específicos. Si a esto le añadimos que a veces el precio por entrada es desorbitado, estos museos se convierten en lugares bastante exclusivos que pueden llegar a desanimar a algunos.

Por sí solo, el evento está bien organizado y funciona como una máquina bien engrasada. En Viena, se ponen a disposición de los visitantes lanzaderas que los llevan de un museo a otro de la ciudad y el canal público que organiza el evento, ORF, lo retransmite por televisión y en las diferentes estaciones de radio locales para que ninguna región quede excluida. A pesar de que algunos no están conformes con que el periódico populista Kronen Zeitung ayude a financiar el evento, su participación hace posible que las entradas sean más baratas y que, de esta forma, aquellas personas que no podrían permitirse pagar la entrada a estos museos en circunstancias normales puedan vivir la experiencia. Sin duda, este es el objetivo principal del evento: abrir las puertas de las instituciones históricas y culturales austriacas de par en par.

La Larga Noche de los Museos parece haberse consolidado como una de las fechas más significativas del calendario cultural austriaco. Este año la cifra de visitantes totales llegó a los seis millones, demostrando una vez más su popularidad. El primer sábado de octubre se ha convertido en una noche en la que toda Austria tiene la oportunidad de celebrar lo mejor del país y hacer gala de su patrimonio cultural e histórico, además de su carácter único, ante los austriacos y los que, como yo en octubre de 2014, llegan por primera vez al país.