Música británica de protesta: ¿Quién nos dará un motivo para salir de la cama?

Artículo publicado el 31 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 31 de Mayo de 2015

Ante un año convulso y repleto de elecciones, no solo en Reino Unido sino en el resto del mundo, es el momento de preguntarse, ¿qué ocurrió con la música política de la era Thatcher? Y, ¿qué puede hacer a los músicos y a los ciudadanos alzar sus voces nuevamente?

“La idea de la cultura popular como fuerza para reconfortar a los afligidos y despertar a los conformistas ha sido llevada al extremo en el siglo XXI”.  Billy Bragg, cantautor británico conocido por su pertenencia al movimiento 'anti-folk' de los años 80, ha notado, y con razón, que la música que una vez daba voz  a los privados del derecho al voto se desvanece. Inglaterra necesita revivir las canciones de protesta, porque si hay algo capaz de despertar a una sociedad de su hibernación política, es la música. La discrepancia pública y las canciones de protesta siempre han ido de la mano.

Desde los himnos de los Levellers y Diggers en el siglo XVII hasta las canciones antibélicas en la Inglaterra de la posguerra, cada movimiento de protesta ha tenido sus propios himnos. Con el surgimiento del punk en los años 70, el género se convirtió en una crítica a los problemas políticos, económicos y sociales. Hasta la fecha, Career Opportunities de The Clash, Ghost Town de The Specials o  God Save The Queen de los Sex Pistols, se recuerdan por el modo en que hacen referencia a la agitación social y a los problemas de desempleo del país. 

El efecto Thatcher

Sin embargo, no fue hasta los años 80 y 90 cuando 4 gobiernos conservadores consecutivos ocuparon el número 10 de la calle Downing, en Londres, haciendo que la música británica de protesta alcanzase su máxima expresión. La principal responsable de esto fue Margaret Thatcher: Ningún político antes o después ha logrado causar un impacto tan disgregador en la sociedad británica. Como Noel Gallagher dijo en la revista The Quietus: “Sabías en qué posición te encontrabas con Thatcher y por eso nos dijimos, ok, ella es el enemigo”.  

Con la Dama de hierro como primera ministra de Inglaterra, el disgusto del público hacia sus políticas neoliberales destructivas se reflejaba en la escena musical alternativa. La guerra de Thatcher contra la clase trabajadora incluso llevó a una histórica alianza de músicos llamados Red Wedge, creada por Billy Bragg, Paul Weller y Jimmy Somerville, para iniciar a los jóvenes en la política y alejar a los Tories. Muchos otros actos británicos vincularon sus nombres a la iniciativa, con Elvis Costello, Madness, Lloyd Cole y The Smiths entre los artistas que participaron de sus giras. El anti-Thatcherismo se mantuvo firme a lo largo de los años 90 y los Manic Street Preachers (Predicadores Callejeros Maníacos) emergieron como una de las bandas con mayor influencia del movimiento.

De la protesta a la pasividad

La nueva victoria de los Laboristas en las elecciones de 1997 expulsó finalmente  al partido Tory que había estado en el poder durante casi 20 años. Se suponía que Inglaterra finalmente vería la luz al final del túnel. Pero en lugar de ello, el Gobierno de Blair continuó la era de la oscuridad. Los nuevos Laboristas simplemente no hicieron lo suficiente por combatir la desigualdad como para que las personas lo notasen y su retórica sonaba demasiado similar a la de los Conservadores. Los álbumes Kid A y Amnesiac de Radiohead, son probablemente los que mejor captan el ánimo de derrota generado por los gobiernos sucesivos del Nuevo Laborismo, que no supieron estar a la altura de lo esperado.

Mientras que el Thatcherismo inspiró un ánimo combativo en la sociedad, el tiempo que el Nuevo Laborismo pasó en el Gobierno generó el efecto opuesto, envolviendo a la sociedad en un estado de pasividad. Asimismo, la frustración de las personas con la política se desvíaba desde un único partido político al sistema político fragmentado, que ya no parecía ofrecer a los votantes una opción. Morrissey ha criticado el sistema a través de canciones como Irish Blood, English Heart (Sangre Irlandesa, Corazón Inglés) y World Peace Is None Of Your Business (La Paz Mundial No Es De Tu Incumbencia), mientras que el líder de Manic Street Preachers, James Dean Bradfield, ventiló sus frustraciones en la revista New Statesman, diciendo: “Siempre odiaré al partido Tory. El único problema es que ahora también odio al Laborista”. 

La caída de las canciones de protesta

La mayoría de los músicos que definieron la música británica de protesta en los años 80, superaron la política, con la notable excepción de Billy Bragg cuyo activismo político se mantiene igual de firme. Paul Weller recientemente explicó por qué dejó de escribir canciones políticas: “Escribiría exactamente lo mismo que escribía hace más o menos 30 años”. Aún más preocupante resulta el hecho de que las nuevas bandas casi no parecen demostrar interés por la política. Esto puede ser una consecuencia directa del descenso pronunciado de los temas que hacen referencia a la clase trabajadora en las listas de éxitos musicales. Después de todo, además del gran interés en la política, otros de los rasgos que comparten Bragg, Morrissey y Bradfield es que  todos provienen de clases trabajadoras. 

La caída de las canciones de protesta puede también explicarse a raíz del auge de los géneros musicales apolíticos como el pop y el dance a expensas del rock. Como dijo Bono: “El pop suele decirte que todo está bien mientas que el rock te dice lo que no está bien pero que puedes cambiar. El rock es desafiante. La mayoría de la música pop no te moviliza, te adormece”. Se trate o no de una opción consciente la de buscar sedantes en lugar de subversión en la música actual, está claro que la música de protesta ha perdido protagonismo. Por supuesto que existe presión de las discográficas para no ser francos pero es algo que jamás detuvo en el pasado a los rockeros revindicativos. De hecho, el género nunca hubiese existido si los artistas se hubiesen preocupado más por sus ventas que por expresar su opinión.

Sin importar lo duras que hayan sido las últimas décadas de gobiernos decepcionantes, este no es el momento de quedarse callado. Como Ed Miliband dijo a Russell Brand, el hecho radica en que la combinación de las personas y la política genera cambios. El progreso nace de las personas que demandan un cambio por lo que es importante que sigamos presionando. Ahora, en lugar de un político, imagina que tu músico favorito da ese mensaje de forma más pegadiza. Si eso no logra despertar el interés de las personas por los temas políticos que les conciernen, nada lo hará.