Nadie conoce a Barroso

Artículo publicado el 24 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 24 de Junio de 2004

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Europa no necesita las discusiones apenas fructíferas desarrolladas por los principales países europeos en Bélgica, sino un debate político transparente y transnacional.

Finalmente, nuestros estimados Jefes de Estado han llegado a un acuerdo. Tras largos forcejeos, los 25 miembros del Consejo han aprobado el proyecto de una constitución europea. Pero con eso no hemos ganado nada: el consenso entre parlamentos nacionales y opinión pública en algunas naciones aún no está asegurado. Sobre todo en países como Gran Bretaña y Polonia, cuyos ciudadanos han mostrado sin titubeos su escepticismo frente a Europa en las pasadas elecciones. La aprobación de la constitución europea no es “histórica”, pero sí lo será la aplicación de la misma- y eso aún queda por ver.

El poder al Parlamento

Mientras que Irlanda intermediaba sabiamente en las negociaciones relativas a la constitución europea, el Presidente de la Comisión, Prodi, no tomaba la decisión fundamental. Las arduas transacciones tras las puertas de Bruselas eran reflejo del virus de la Unión: los opacos juegos de poder entre los Jefes de Gobierno pasaban a convertirse en un muro entre los ciudadanos y sus ejecutivos europeos. ¿Cómo se puede construir una Europa política si a cada rato se cuela un nuevo nombre por entre las puertas de Bruselas -Barnier, Barroso, Vitorino, Cox-, nombres que la mayoría de los ciudadanos europeos nunca había oído anteriormente? Las eternas luchas entre los Jefes de Estado muestran sobre todo lo siguiente: si la Unión Europea se propone superar el pensamiento individualista y las luchas intraeuropeas (cf. los debates entre el federalismo y la postura transatlántica) se le debe conceder una posición clave al Parlamento como órgano democrático y espacio del debate público; algo que no se limite a la elección del Presidente de la Comisión (el candidato a la presidencia necesita ya de todas formas la aprobación del Parlamento europeo). Hans-Gerd Pöttering, presidente del Grupo Popular hizo bien al entrometerse en la asignación de cargos en Bruselas. Junto con Chris Patten mencionó un nombre que podía revocar el apoyo al mayor grupo del parlamento, aun ganándose al mismo tiempo la enemistad del presidente francés. “Yo no soy miembro del PPE y como consecuencia no estoy atado a sus decisiones", decía Jaques Chirac, olvidando con su actitud aristocrática que es miembro de la UMP, que, por su parte, se encuentra dentro del Partido Popular Europeo.

Se podrá defender o no la postura de Chirac a favor de que el presidente de la comisión proceda de un país dentro de la Eurozona y del tratado Schengen (excluyendo así a catorce países de la UE). Pero lo que no se puede discutir es que la voluntad del pueblo, representada a través del parlamento, es soberana por encima de las opiniones del Jefe de Estado. Los partidos deberían haber tenido la oportunidad de elegir a un candidato antes de las elecciones: el que vota en Alemania a la SPD debe saber qué candidato a la presidencia de la Comisión Europea apoyará el Grupo parlamentario Socialista Europeo. Quien da su voto a Forza Italia tiene el derecho de estar informado de la política del grupo PPE. En la Europa de los 25, la vida política se debe determinar por el debate de ideas y conceptos y no por la actitud oportunista y elitista propia de las alianzas de Bismarck. Las vanas negociaciones de poder en Bruselas han provocado un lamentable escepticismo con respecto a Europa.