Nelson Mandela: queda mucho por hacer

Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 17 de Diciembre de 2013

Nel­son Man­de­la simboliza el pro­gre­so en lo re­fe­ren­te a los de­re­chos de las per­so­nas negras, tanto en Su­dá­fri­ca como en el resto el mundo. Sin em­bar­go, a pesar de los lo­gros de fi­gu­ras tales como Man­de­la, King y Mal­colm X, el ra­cis­mo sigue sien­do una fuer­za in­si­dio­sa hoy en día.

La dis­pa­ri­dad eco­nó­mi­ca entre ne­gros y blan­cos es enor­me. Es un hecho sim­ple que se re­fle­ja en los re­sul­ta­dos de las es­ta­dís­ti­cas: en Su­dá­fri­ca se vive mucho mejor si se es blan­co. La si­tua­ción es idén­ti­ca en el resto del mundo. La tras­cen­den­tal tarea de Man­de­la dista mucho de ha­ber­se com­ple­ta­do.

En Eu­ro­pa oc­ci­den­tal a me­nu­do nos fe­li­ci­ta­mos en lo re­fe­ren­te a la dis­cri­mi­na­ción y el ra­cis­mo, con­si­de­rán­do­lo desde el re­la­ti­vis­mo, sobre todo en re­la­ción con los EE.UU. Sin em­bar­go, es su­per­fi­cial per­ci­bir el pro­gre­so de una so­cie­dad en temas de dis­cri­mi­na­ción re­cu­rrien­do a la com­pa­ra­ción, sobre todo cuan­do es­co­ge­mos los Es­ta­dos Uni­dos como re­fe­ren­te, un país en el que las tres cuar­tas par­tes de la po­bla­ción blan­ca tiene opi­nio­nes ra­cis­tas, tales como “los ne­gros pre­fie­ren acep­tar pres­ta­cio­nes de la se­gu­ri­dad so­cial”, y la mitad creen que “las per­so­nas de color son menos in­te­li­gen­tes que los blan­cos”. A la gente le en­can­ta se­ña­lar a Obama como sím­bo­lo del pro­gre­so den­tro de los Es­ta­dos Uni­dos, pero no lo­gran darse cuen­ta de que es el no­veno se­na­dor de color desde la crea­ción del Se­na­do en 1789. Se usan estas ano­ma­lías como pan­ta­lla de humo para en­mas­ca­rar la falta de pro­gre­so para los ne­gros en todo el mundo.

¿Dónde nos en­con­tra­mos hoy en día?

Es ne­ce­sa­rio pre­gun­tar­se cómo de mal está el tema del ra­cis­mo y la dis­cri­mi­na­ción en el Reino Unido. El ra­cis­mo en este país ha re­co­rri­do un largo ca­mino desde el in­fa­me dis­cur­so de los“ríos de san­gre” de Enoch Po­well. Los prin­ci­pa­les me­dios de co­mu­ni­ca­ción hacen cola para arre­me­ter con­tra Nick Grif­fin, la cara de la ex­tre­ma de­re­cha en In­gla­te­rra. La ac­ti­tud ante el ra­cis­mo ma­ni­fies­to ha sido por lo ge­ne­ral po­si­ti­va, tanto en sen­ti­do de facto como de jure. Sin em­bar­go, lo verdaderamente preocupante es el sen­ti­mien­to dis­cri­mi­na­to­rio sub­ya­cen­te que se cuece en la cho­co­la­te­ra del mul­ti­cul­tu­ra­lis­mo fa­lli­do. En el Reino Unido se pro­pa­ga y anima la dis­cri­mi­na­ción fur­ti­va. Puede que las con­se­cuen­cias no sean tan ob­vias, pero aún así son muy da­ñi­nas.

Nuestros líderes ig­no­ran com­ple­ta­men­te a las mi­no­rías ét­ni­cas. Es escasa la presencia de personas negras en las pro­fe­sio­nes de mayor es­ta­tus, desde po­lí­ti­cos a pe­rio­dis­tas pa­san­do por edu­ca­do­res y fun­cio­na­rios. A me­nu­do oímos ha­blar de la falta de mu­je­res negras en las salas de jun­tas o en la po­lí­ti­ca. Per­so­nal­men­te, creo que no es­cu­cha­mos con su­fi­cien­te fre­cuen­cia lo poco re­pre­sen­ta­das que están dichas personas en al­gu­nas po­si­cio­nes pro­mi­nen­tes de nues­tra so­cie­dad.

Distintas oportunidades

A estas ins­ti­tu­cio­nes no les pa­re­ce mal re­pro­du­cir esta ima­gen una y otra vez. El pro­ble­ma se ve agra­va­do por la falta de ejem­plos a se­guir para los jó­ve­nes, tanto en car­gos pú­bli­cos como den­tro del hogar. Si un niño negro en­cien­de la te­le­vi­sión, verá mu­chos mú­si­cos y de­por­tis­tas como él. Si va al co­le­gio, al mé­di­co, ve las no­ti­cias o mira a los po­lí­ti­cos, se dará cuen­ta de que una abru­ma­do­ra ma­yo­ría de ellos son blan­cos. A lo largo de toda mi edu­ca­ción en la zona oeste de Lon­dres y en Bu­ckinghams­hi­re, solo tuve un pro­fe­sor negro.

Al­gu­nos sos­tie­nen que la raza (si es que existe) no es el pro­ble­ma, sino la si­tua­ción so­cio­eco­nó­mi­ca in­di­vi­dual. Las per­so­nas de color sue­len ser más po­bres, tener menos edu­ca­ción, ob­te­ner peo­res re­sul­ta­dos en el co­le­gio, tie­nen tasas más altas de cri­mi­na­li­dad, etc. Si se tie­nen en cuen­ta estas otras va­ria­bles sociales, en reali­dad la raza no tiene efec­to al­guno sobre la pro­ba­bi­li­dad de co­me­ter un delito.

Es interesante leer las es­ta­dís­ti­cas de las uni­ver­si­da­des del grupo Rus­sell. Quizá se pueda pensar que en este te­rreno la si­tua­ción está más igua­la­da. Que a pesar de no estar tan re­pre­sen­ta­dos en nú­me­ro den­tro de las uni­ver­si­da­des del grupo Rus­sell, los ne­gros ob­tie­nen tan bue­nos re­sul­ta­dos como los blan­cos, te­nien­do en cuen­ta todos los demás fac­to­res in­flu­yen­tes, tales como lo­gros pre­vios, área de es­tu­dio, edad, gé­ne­ro, dis­ca­pa­ci­dad, etc. En reali­dad su­ce­de lo con­tra­rio. Los ne­gros sacan peo­res notas, con­si­guen tra­ba­jos peor pa­ga­dos y dis­fru­tan de una ex­pe­rien­cia uni­ver­si­ta­ria menos equi­li­bra­da. Y esto sucede por algo.

un techo de cris­tal sobre sus ca­be­zas

Es ex­tre­ma­da­men­te di­fí­cil ca­li­brar este pro­ble­ma. Pro­ce­de de la niñez y se ma­ni­fies­ta en las ex­pec­ta­ti­vas in­di­vi­dua­les: lo que creen que la so­cie­dad es­pe­ra de ellos y cómo sien­ten que la so­cie­dad los trata. Bá­si­ca­men­te, las per­so­nas negras no tie­nen la misma con­fian­za que sus ho­mó­lo­gos blan­cos en cuan­to a su edu­ca­ción o tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal. Sien­ten que tie­nen un techo de cris­tal sobre sus ca­be­zas y, en con­se­cuen­cia, rea­li­zan ajus­tes prag­má­ti­cos. Las in­ves­ti­ga­cio­nes y cues­tio­na­rios de las uni­ver­si­da­des del grupo Rus­sell mues­tran que las per­so­nas negras se sien­ten menos có­mo­das en un am­bien­te edu­ca­ti­vo, in­clu­so du­ran­te el pe­rio­do uni­ver­si­ta­rio. Se sien­ten más in­cli­na­dos a acep­tar con­se­jo la­bo­ral pro­ve­nien­te de sus com­pa­ñe­ros que de sus pro­fe­so­res. Sus ho­mó­lo­gos blan­cos no tie­nen el mismo pro­ble­ma para ac­ce­der a in­for­ma­ción de los do­cen­tes. Los es­tu­dian­tes blan­cos pa­re­cen sen­tir­se con más de­re­cho a bus­car ayuda de sus pro­fe­so­res y están más con­ven­ci­dos de que dicha ayuda está pró­xi­ma y dis­po­ni­ble.

Es poco rea­lis­ta es­pe­rar que estos pro­ble­mas se vayan a erra­di­car rá­pi­da­men­te, ya que están pro­fun­da­men­te arrai­ga­dos tras años de dis­cri­mi­na­ción his­tó­ri­ca. Al­gu­nos blan­cos, y tam­bién un buen nú­me­ro de ne­gros, se es­tre­me­cen ante la idea de la dis­cri­mi­na­ción po­si­ti­va, sin darse cuen­ta de que los blan­cos han sido y si­guen sien­do los be­ne­fac­to­res de una his­to­ria y una so­cie­dad que lleva años dis­cri­mi­nan­do a su favor. Las so­cie­da­des más in­clu­si­vas, aque­llas que pue­den li­be­rar de ma­ne­ra efec­ti­va el po­ten­cial de todos sus ciu­da­da­nos, son las que pros­pe­ran. Hemos re­co­rri­do un largo ca­mino y se­gui­mos pro­gre­san­do, pero no hay que dejar que la muer­te de Ma­di­ba nos en­ga­ñe, pues él mismo se daría cuen­ta de que aún hay mucho camino por recorrer si que­re­mos ser ver­da­de­ra­men­te li­bres. La lucha por la igual­dad y la jus­ti­cia con­ti­núa. Hay que se­guir ha­cien­do cam­pa­ña por la re­con­fi­gu­ra­ción y el re­ca­li­bra­do de nues­tras so­cie­da­des hasta que al­can­ce­mos un equi­li­brio que per­mi­ta ex­plo­tar el po­ten­cial de todos los ciu­da­da­nos.