Ni Carisma ni ideas

Artículo publicado el 20 de Julio de 2004
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Artículo publicado el 20 de Julio de 2004

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El nuevo presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, es para muchos una página en blanco. ¿Qué podemos esperar de él cuando empiece a jugar su papel en Bruselas?

Justo antes de finalizar su turno como presidente del Consejo Europeo, Bertie Ahern (Primer Ministro Irlandés) zanjó todas las especulaciones. José Manuel Durão Barroso, Primer Ministro de Portugal, sería el Presidente de la Comisión Europea. Los Jefes de Estado han elegido a alguien cuya reputación no sugiere que vaya a imprimirle demasiado carisma al cargo de Presidente de la Comisión, ni tampoco que vaya a impulsar políticas integradas y convincentes. Hasta ahora, este político conservador era visto por el resto de Jefes de Estado como algo parecido a un "hombre medio" bien intencionado. Algo que comprobamos por ejemplo hace un año, cuando el día anterior al comienzo de la Guerra de Iraq, se apresuró a invitar a las Azores a los instigadores de la Guerra (Blair, Bush y Aznar).

Una prueba de fuerza para los conservadores

Se dice que precisamente por esto el Presidente francés Chirac, y el Canciller alemán Schröder, intentaron bloquear la nominación del conservador portugués. De todos modos, al final el poderoso eje franco-alemán no se ha podido deshacer de Barroso. En palabras de Bertie Ahern, "una gran mayoría de lideres políticos" apoyaba a Barroso sin reservas. Además, otro importante actor en la escena política de Bruselas también estaba a favor del portugués, Hans Gert Pöttering, líder del PPE, grupo conservador en el Parlamento Europeo. Pöttering está contento con la elección de "un Europeo convencido y partidario del método comunitario". Tras hacerse con la victoria en las Elecciones Europeas del 13 de junio, los conservadores pronto dejaron claro que querían que sus puntos de vista sobre quién tuviera que ser el nuevo Presidente de la Comisión fueran escuchados.

A pesar de que todo parece ir funcionando, la prueba de fuerza todavía no ha terminado para los conservadores. El Parlamento Europeo aún debe aprobar el nombramiento del Presidente de la Comisión, pero por ningún lado consta que sea el partido mayoritario el que tenga que dar su aprobación; de hecho, el Partido Popular Europeo, con 280 eurodiputados, tiene el mayor número de ellos en Bruselas y en Estrasburgo, pero aún así Barroso necesita 367 votos para que su candidatura salga adelante.

De dónde van a salir esos votos todavía no está claro, porque la mayoría de los representantes del pueblo Europeo no están demasiado entusiasmados con la elección que sus gobiernos han hecho. En boca de Daniel Cohn-Bendit, líder del grupo de los Verdes: "No puedo dar ni una sola razón por la que debiera votarle". Poul Rasmussen, eurodiputado Socialdemócrata ya avisó: "será muy difícil convencer a los Socialdemócratas que el candidato es el hombre adecuado para el cargo". Los liberales también se muestran escépticos. Estando así la cuestión, podría suceder que los partidos parlamentarios, normalmente desesperados por alcanzar un consenso, acaben enfrentándose entre sí. Y no les faltaría razón, ya que el camino recorrido por Barroso desde la cima del gobierno portugués hasta el corazón (burocrático) de Bruselas no es del todo convincente. Ahora mismo Barroso no es conocido ni por tener un carácter carismático ni por sus status en Europa. Una de las frases favoritas de Barroso es "el carisma llegará con la responsabilidad". Probablemente, su nivel de popularidad fuera de Portugal ronda el cero, y en Bruselas este conservador moderado es visto como una página en blanco. Lo que tenga planeado como presidente de la Comisión es virtualmente un misterio. Al menos, como profesor de Ciencias Políticas y Derecho tiene el título debajo del brazo.

El Camaleón

Barroso tampoco llegará a la "capital" europea gozando de grandes simpatías en su país. La línea dura con la que ha seguido aplicando recortes presupuestarios le ha colocado en el nivel de popularidad más bajo que jamás haya tenido. En su patria, el en su día Marxista Barroso es comparado con un camaleón -ha cambiado de tendencia política con cierta frecuencia-. Es demasiado pronto para saber qué posición adoptará el "chico nuevo" entre los Federalistas europeos y los escépticos de la integración. En cualquier caso, le gustaría ser el punto de unión entre los críticos con los EEUU y los fieles atlantistas en la UE. Una de sus consignas es que Europa vuelva a ser una tras el fiasco de Iraq. Pero esta no se perfila como la razón para su nominación como Presidente de la Comisión. Más bien parece que por ser de Portugal, uno de los miembros pequeños de la Unión, no representa al candidato más conveniente a los ojos de Francia y Alemania. De modo automático esto ha hecho que fuese más atractivo para el resto de Estados miembro, algo que dice mucho sobre el futuro de la política en Bruselas.

Una agenda repleta aguarda al nuevo líder en Bruselas. La Estrategia de Lisboa, gracias a la cual Europa espera convertirse en la mayor economía del planeta en el 2010, vaga sin rumbo y necesita un nuevo impulso. Además, para Barroso, la Estrategia representa un cuestión de honor. Posteriormente, la Comisión tiene que cuadrar los presupuestos para el 2006 y los años sucesivos -donde con un Presidente tan partidario de los recortes se prevé que surjan conflictos-. Se tienen que llevar a cabo nuevas negociaciones de acceso a la UE. Y por si fuera poco, el partidario de la guerra de Iraq y Eurofilo de un pequeño estado miembro tendrá que limar las diferencias generadas por la guerra y el debate sobre la Constitución entre atlantistas y críticos frente a Washington, y entre estados grandes y pequeños. Quizás resulte ser mejor de lo que parece: después de todo, su predecesor, Romano Prodi, llegó a su despacho entre alabanzas múltiples para después defraudar como casi todos en Bruselas. Esperemos al menos que el “chico nuevo” haga las cosas de otra manera.