Ni Una Peseta

Artículo publicado el 29 de Octubre de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 29 de Octubre de 2003

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Con solamente una contribución simbólica, Europa ha decidido ignorar las llamadas para ayudar a reconstruir Iraq. No obstante, la decisión es justa: esta carga no nos corresponde.

Han pasado meses desde que el último misil cayó en Bagdad, pero la semana pasada cayó otra bomba: la "cuenta" para la reconstrucción de Iraq. El Banco Mundial ha estimado la cantidad en 55.000 millones de dólares. Cifra ésta contraria a las estimaciones hechas a principios de año y que es probablemente más realista.

El pasado lunes los Ministros de Asuntos Exteriores se reunieron en Luxemburgo para discutir la aportación de la Unión Europea a los esfuerzos de reconstrucción. Sólo un país, el Reino Unido (que ya tiene las manos atadas con el tema de Iraq) prometió cualquier ayuda, ofreciendo 375 millones de euros. Otros países han decidido quedarse sentados: Alemania y Suecia rechazaron cualquier ayuda adicional mientras Francia permaneció en silencio. Los países más pequeños hicieron notar que la UE ya ha comprometido 200 millones de euros, así que no habrá por su parte aportaciones adicionales. Pero esta es solo una pequeña cantidad comparada con los 55.000 millones que serán necesarios.

Los comentaristas americanos, como Thomas Friedman del New York Times, pueden ver en esto otra señal de cinismo de la "vieja Europa". Y, sí, existe un elemento de cinismo. Tal y como expresó un diplomático europeo no hace mucho: "Los que rompieron Iraq tendrán que recomponer los trozos".

Pero, por el contrario, es el cinismo de la presente Administración de los EE.UU. el centro del problema. No se puede esperar de los países europeos que contribuyan a un proceso de reconstrucción en el que los contratos ya han sido prácticamente otorgados en exclusiva a empresas americanas, las mismas empresas que van a apoyar monetariamente la reelección del actual presidente. Se entiende que los contratos se otorgasen a empresas de los EE.UU., cuando se asumía que los contribuyentes americanos y las exportaciones de petróleo iban a pagar la cuenta. Pero ahora, como esto no sucede, la obligación no tiene que recaer en nosotros.

Aun más, el centro de la cuestión es que la ayuda europea se gastaría mejor en otras partes del mundo. Afganistán, por ejemplo, ha sido prácticamente olvidada desde hace un año. Pero, a diferencia de Iraq, no tiene petróleo que ayude a pagar la reconstrucción y sigue siendo un caldo de cultivo para la producción de opio, atentados contra los Derechos Humanos y el descontento islámico.

Porque aún es Afganistán, y no Iraq, como dijo recientemente Bush, el punto central de la lucha contra el terror. Ésta es la razón por la que nuestro primer objetivo tiene que seguir siendo la reconstrucción de Afganistán, la revitalización de su economía y la extensión de la presencia de las fuerzas de la ONU en todo el país. El gobierno alemán ha anunciado hoy que enviará 450 soldados a la región norteña de Kunduz, que es claramente un paso en la dirección correcta y tendremos, sin duda, que ir aún más lejos.

Europa sigue siendo el donante mayor del mundo: pero la "cuenta" de la reconstrucción de Iraq es una bomba que no va a hacer blanco en nuestro portal.