Nikolina Dimitrova: presentadora de televisión con vocación europea

Artículo publicado el 3 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 3 de Septiembre de 2005

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La periodista de la televisión búlgara Nikolina Dimitrova está construyendo un sólido puente entre Bulgaria y Europa y el resto del mundo con su programa "Prismáticos".

El pequeño chalet a orillas del Mar Negro donde me espera Nikolina Dimitrova está situado en una bahía pintoresca, no lejos de la conocida ciudad turística búlgara de Albena. Estamos sentadas en el jardín delantero de la bella casa vacacional con la vista puesta en los viñedos y en el mar. Sobrevuela olor a algas, a mejillones y a piedra caliza.

La grácil Nikolina Dimitrova mezcla su yogur con las frutas del bosque que le ha traído su vecino esta misma mañana, y habla con voz cálida y suave. La antigua presentadora de los informativos del segundo canal de la televisión búlgara produce desde hace cinco año uno de los programas de mayor éxito en dicho país: Dalekogled (Prismáticos).

Mirando por los prismáticos tres veces por semana

Nikolina dialoga con extranjeros que vinieron a Bulgaria después de 1989 y que decidieron quedarse un largo tiempo, para posteriormente culminarlo con reflexiones propias, monólogos o historias. Trabajadores, estudiantes, funcionarios o embajadores; árabes, americanos, africanos, y sobre todo europeos. Muchos son los que se han sentado sobre la conocida silla roja, símbolo del programa, para contar sus impresiones sobre el país y sus gentes, en un simpático y frecuentemente incorrecto búlgaro.

"A nosotros los búlgaros nos han impuesto durante 45 años un parche en los ojos y apenas nos hemos enterado de lo que pasaba en el mundo. Por ello, es mayor nuestro deseo de coger unos prismáticos y así ver lo que piensan los demás de nosotros, cómo nos conciben".

Para la mayor parte de los invitados del programa, Bulgaria era un país desconocido antes de que aterrizasen en él. Muchos alemanes, por ejemplo, cuentan que antes de llegar confundían a Bulgaria con Rumania. Muchos dicen estar muy sorprendidos por la honradez, el nivel educativo e intelectual, la facilidad con la que la gente lleva su difícil vida de diario y las ganas de festejar a pesar de la extendida pobreza.

"El búlgaro es curioso, abierto y descubridor: eso es lo que más he oído", cuenta Nikolina Dimitrova. Se acuerda de un sueco que relató su viaje en un viejo coche por una carretera en muy mal estado. De repente el coche se quedó parado al romperse una correa y no podía moverse del lugar. El conductor -búlgaro- le pidió a su mujer que se quitara las medias para utilizarlas como pieza de recambio. El viaje pudo entonces proseguir.

Muchos de los ya más de 700 invitados extranjeros contaron también que les molesta el desorden, la suciedad, los robos y la falta de cuidado por el medio ambiente de los búlgaros. Critican, de manera constructiva y cariñosa, cómo los búlgaros, después de haber sido expuestos a radiación en la cadena de producción de su empresa, llaman por teléfono para dar las gracias por las bien intencionadas recomendaciones.

Madre y trabajadora

La señora Dimitrova nos hace un café. Responde brevemente a las preguntas más personales que le hago. Nació en la pequeña ciudad búlgara de Dobritch y estuvo en el instituto de lenguas extranjeras, por aquel entonces una escuela de elite. Después de un muy exitoso paso por el instituto, aprueba los difíciles exámenes de entrada de la prestigiosa universidad búlgara de St. Kliment Ochridski. Tras su paso por la universidad, trabajó para la televisión y también como relaciones públicas. Ahora tiene dos empleos, como muchos búlgaros y búlgaras que tienen que luchar mes a mes para sobrevivir.

"Lo más valioso que he conseguido en mi vida es mi hijo Iván", dice Nikolina. "Es muy complicado conseguir compatibilizar familia y trabajo. Cuando nació, tenía que llevármelo a todas partes e incluso interrumpir entrevistas para callarle o cambiarle los pañales…"

Un nuevo concepto

Tras la caída del telón de acero, emigró una octava parte de la población búlgara –una cifra alarmante, sobre todo al constatar que se trató en especial de gente joven y con estudios: el país se desangró. Sin embargo, Nikolina Dimitrova cuenta que cada vez más búlgaros vuelven a su país de origen. Esta tendencia ha hecho cambiar el concepto de su programa desde principios de 2005. El tiempo de programación corresponde ahora a aquellos que han retornado.

Principalmente presenta a gente que ha estudiado en Europa o que ha fundado una empresa y que vuelve a Bulgaria para difundir sus experiencias y los conocimientos adquiridos. "Traen el ritmo europeo al país, mezclan el temperamento búlgaro con los métodos de trabajo y el orden occidentales". Para la periodista, los que retornan son aquellos que difunden la idea europea, los que darán a Bulgaria un rostro europeo.

Para el futuro, Nikolina Dimitrova está planeando un documental sobre europeos que llevan tiempo viviendo en Bulgaria y que presentan a sus compatriotas, desde su propia perspectiva, al pequeño país balcánico. Una mujer delicada que encara la difícil tarea de construir un puente entre su país y Europa.