¡No a Schröder, no a la Constitución, sí a Europa!

Artículo publicado el 26 de Mayo de 2005
Artículo publicado el 26 de Mayo de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El canciller alemán Gerhardt Schröder sufrió en Renania del Norte-Westfalia una aplastante derrota electoral. Entretanto, se espera que los franceses y los holandeses voten en contra de la Constitución Europea. Los europeos dicen no a una política que se olvida de la responsabilidad social.

Un No francés en el referéndum sobre la Constitución Europea que se celebra el próximo 29 de mayo se hace cada vez más probable. Los holandeses, que votan tres días más tarde, es probable que rechacen el texto también. El escepticismo acerca del Tratado constitucional europeo es síntoma de un malestar general sobre el desarrollo de la Unión Europea.

Si bien en los tiempos de la confrontación Este-Oeste la Comunidad Europea se presentaba como una isla de bienestar, hoy en día, los gélidos vientos de la globalización acechan a los europeos. La socialdemocracia, en su día protectora del hombre de a pie, se ha visto transformada. Con Blair y Schröder, y bajo el "credo de la liberalización y la competencia", la socialdemocracia se ha convertido en un despiadado abogado defensor de recortes sociales, destrozándose de este modo a sí misma. Blair sólo consiguió vencer en las últimas elecciones británicas gracias a un gran esfuerzo y al sistema electoral británico (en el que se resulta elegido por mayoría relativa). Schröder afronta las próximas elecciones anticipadas alemanas (en septiembre de este año)

con un balance catastrófico (¡cinco millones de parados!) y sin apenas opciones.

De la Eurogeneración al Europroletariado

Detrás de la caída del SPD (partido socialdemócrata alemán) y el No francés, se encuentra un sentimiento común de descontento e injusticia. La UE se presenta como reflejo de una globalización galopante, que destroza todas las fronteras y donde sólo los más fuertes sobreviven. En el mundo globalizado, no todo lo que parece es realmente lo que uno cree, como cuando empresas alemanas de transporte, para reducir sus costes laborales, conducen bajo bandera chipriota. En Alemania, naturalmente. A Chipre no se desplazan ni para declarar sus impuestos.

Los polacos planchan en París. Clandestinamente y sin seguridad social, por supuesto. Empresas de trabajo temporal proporcionan trabajo a familias enteras de Alemania del Este en Holanda. Para recolectar la cosecha de tomates. Lejos queda la feliz y políglota "Eurogeneración", de los Interrail y los Erasmus, que se alegra por pasar un cuatrimestre académico en Barcelona tomando tapas. La UE genera un nuevo "Europroletariado" que se ve obligado a trabajar allí donde todavía queden empleos. El No francés no se dirige hacia la idea de Europa en sí, ni siquiera contra el texto de la Constitución, sino contra una política dogmática, centrada en el mercado y que se presenta sin ningún tipo de alternativas.

Cuando el sentimiento de unidad se sacrifica frente al principio de competencia, se pierden los fundamentos de la Europa política. Un No francés ofrece la oportunidad para iniciar un verdadero debate transnacional acerca de la estructura y el desarrollo futuro de la Unión. La izquierda proeuropea pondrá las cartas boca arriba y deberá desarrollar alternativas dentro de un diálogo internacional. Un No puede transformar la frustración de los europeos por la fatalista política de mercado en un movimiento paneuropeo que se consagre a una Europa social.