No es fácil quedarse en Europa: los modelos británico y francés

Artículo publicado el 26 de Junio de 2007
Artículo publicado el 26 de Junio de 2007
La creación en mayo de 2007 de un ministerio francés de Inmigración e Identidad Nacional dirigido por Brice Hortefeux, plantea la posibilidad de pagar a los inmigrantes para que regresen a sus países de origen.

El informe comunitario más reciente sobre movimientos migratorios y demandas de asilo (2003), establece que el 11,75% de la población migrante mundial -demandantes de asilo, refugiados y todos aquellos que buscan una mejor calidad de vida en el extanjero confundidos- los on por haber llamado a la puerta de Europa. Con la reciente transferencia de competencias en políticas reguladoras del flujo migratorio desde los Estados nacionales a la Unión Europea, ¿cómo logrará esta última que los 25 millones de residentes no comunitarios en la UE se sientan en casa?

Un mosaico británico quebrado

Con sus considerables poblaciones inmigrantes, países como Bélgica, Alemania, Italia, Países Bajos, España y Austria a menudo se enfrentan con tensiones resultantes de los retos planteados por la integración de sus inmigrantes. Tras los atentados terroristas de 2005 en el Reino Unido, la inmigracióin se ha empezado a considerar como una amenaza para la seguridad y la estabilidad del país. El 7 de julio de 2005, las bombas en el metro de Londres demostraron que incluso en un país orgulloso de su éxito a la hora de integrar ciudadanos extranjeros, el 25% de los musulmanes en el mismo simpatizaban con los motivos aducidos por los terroristas.

El modelo británico recibió en su día loas por la eficacia de sus medios de integración. El objetivo era crear un mosaico multicultural en el país. Las minorías religiosas y culturales tienen el derecho de conservar su herencia identitaria a la vez que a participar en la vida cívica, social y económica de su nuevo país de acogida. Eso sí, la asimilación de individuos de cultura distinta deriva de una decisión voluntaria.

A pesar de sus ventajas, el modelo británico no es tan perfecto. Críticos como el periodista británico Martin Wolf sostienen que el multiculuralismo “es peligroso porque socava la comunidad política, además de devaluar el concepto de ciudadanía”. Para los críticos, el modelo no anima lo suficiente a tomar conciencia de la pertenencia a una comunidad, y obvia el sentido de una identidad nacional común.

Inmigración à la française

En un país en el que siete millones de habitantes nos tienen ancestros europeos –entre los cuales, cinco millones son descendientes de musulmanes- el concepto de identidad nacional se encuentra en el corazón del modelo republicano de integración. A diferencia de lo que saucede en el Reino Unido, a los inmigrantes que llegan a Francia se les exige con más rigor adptarse a los valores fundamentales de la Vª República: liberté, égalité, fraternité.

Sin embargo, pocos son los que están dispuestos a olvidar parte de su identidad personal -incluidas la religión, las costumbres y valores de origen- como quedó demostrado en el acalorado debate sobre la prohibición del velo en las escuelas en febrero de 2004. A esto hay que sumarle que tener muy altas calificaciones en la escuela o en la universidad y dominar el francés como cualquier otra lengua materna no son una garantía contra la exclusión socioeconómica. Las revueltas en los suburbios de Francia siguen produciéndose de vez de en cuando, con los descendientes de los inmigrantes como protagonistas. La causa principal de las grandes revueltas del otoño de 2005 en Francia fue identificada por los medios de comunicación en las condiciones socioeconómicas degradadas de las popblaciones inmigrantes, residentes en su mayor parte en distritos pauperizados. Ello sin hablar del racismo latente en la sociedad gala.

¡Europa necesita a los inmigrantes!

Resulta paradójico considerar la inmigración y el multiculturalismo como una amenaza. La persistente tasa de natalidad negativa en Europa subraya la deseperada necesidad de acoger a la población inmigrante para estabilizar nuestras economías y sus sistemas de pensiones. Un informe de Nacionas Unidas publicado en el año 2000 calculaba que Europa incurriría en un déficit de mano de obra si no acogía a al menos 35 millones de inmigrantes adultos de entonces a 2025. Entretanto, la xenofobia sigue alimentándose en el temor a los inmigrantes poco cualificados que vendrían supuestamente a “robar” los empleos de los europeos. Sin embargo, los inmigrantes terminan tomando los empleos que los europeos no quieren ya desempeñar, o bien montan su propio negocio, lo cual aumenta la creación de riqueza de sus países de acogida. La diversidad cultural debería presentarse como la garantía de la fuerza creativa de cada país.

La Convención de Dublín sentó en 1990 los principios para una agenda europea de protección de los refugiados y demandantes de asilo. Sin embargo, por ahora incluso la Comisión Europea censa problemas al recabar datos que permitan comprender las tendencias de los movimientos migratorios. Y es que los datos son recabados y organizados por cada estado y sus oficinas nacionales de estadísticas mediante métodos distintos, con lo que se hace muy difícil elaborar una planificación y un análisis a escala europea.