No es país para hipsters (todavía)

Artículo publicado el 28 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 28 de Mayo de 2014

 ¿Qué es lo que ocurre si un fenómeno de masas se difunde por un país con tradiciones culturales diferentes? Os mostramos un viaje por el mundo de los hipsters marroquíes de Casablanca, una juventud mucho más diversa y variegada respecto a la homologación cultural de los "colegas" occidentales. Las imágen nos lo cuentan...

La in­da­ga­ción de los hips­ters de Ca­sa­blan­ca surge hace mucho tiem­po. En Eu­ro­pa es una ver­da­de­ra ob­se­sión: mu­chos ya los odian. In­clu­so hay quien tiene miedo de en­trar en la ca­te­go­ría por lle­var una ca­mi­sa a cua­dros o un par de All s­tar y se des­mar­ca in­me­dian­ta­men­te de los "bi­go­tu­dos pre­su­mi­dos". Hace tiem­po que en Ber­lín, París y Lon­dres se inició una cru­za­da con­tra la in­va­sión ma­si­va de un es­ti­lo que, atri­buí­do a unos pocos, se ha con­ver­ti­do en poco tiem­po en el fe­nó­meno de moda pre­do­mi­nan­te en las prin­ci­pa­les ciu­da­des eu­ro­peas y ame­ri­ca­nas.

Si este es­ti­lo ya forma parte de una reali­dad con­so­li­da­da en Oc­ci­den­te ¿qué ocu­rre en paí­ses fuer­te­men­te li­ga­dos a la tra­di­ción como Ma­rrue­cos? ¿Será di­fí­cil ves­tir­se si­guien­do las modas oc­ci­den­ta­les? ¿Tam­bién allí ha lle­ga­do el mundo de las gafas gi­gan­tes, las bicis de piñón fijo y los pan­ta­lo­nes de tiro alto? Echan­do un pri­mer vis­ta­zo en In­ter­net pa­re­ce que sí.  En Trip Ad­vi­sor se puede en­con­trar in­clu­so un local, el Art Club, co­no­ci­do por ser el lugar de en­cuen­tro de los hips­ters ma­rro­quíes. En Ca­sa­blan­ca, la ju­ven­tud que se ob­ser­va es mucho más di­ver­sa y co­lo­ri­da res­pec­to a la ho­mo­lo­ga­ción hips­ter de Oc­ci­den­te. Los aman­tes del arte cir­cen­se to­da­vía lle­van gran­des bi­go­tes, las ca­mi­sas a cua­dros aún te hacen "nerd" y la va­rie­dad de es­ti­los de vida no tie­nen nada que en­vi­diar a paí­ses como Ita­lia, Fran­cia o Es­pa­ña. Vamos a verlo de cerca.

La noche de Ca­sa­blan­ca se pue­bla de per­so­na­jes de todo tipo: Saad @B-ro­ck, uno de los lo­ca­les más de moda de la ciu­dad.

Las way­fa­rer to­da­vía son una pren­da de la old school.

Los gran­des bi­go­tes aún per­te­ne­cen a los cir­cen­ses. En la foto vemos a Snoopy, de la es­cue­la de circo @l'aba­toir.

EN BUSCA DEL ES­TI­LO PRO­PIO

En los úl­ti­mos 15 años la li­ber­tad de ex­pre­sión en Ma­rrue­cos ha dado pasos de gi­gan­te, sobre todo tras la su­ce­sión de la corte real de Has­san II a Muham­med VI en 1999. Por este mo­ti­vo, apa­ren­te­men­te, pa­re­ce que ves­tir­se de forma al­ter­na­ti­va a la tra­di­ción o bus­car un es­ti­lo pro­pio y per­so­nal esté con­vir­tién­do­se en más fácil, a pesar de las di­fi­cul­ta­des que exis­ten en un país en vías de desa­rro­llo. Ad­qui­rir ropa no es fácil en un país en el que el suel­do medio aún ronda los 200€ y el coste de vida es com­pa­ra­ble al es­pa­ñol. En cuan­to a la re­la­ción con la re­li­gión, la obli­ga­ción de lle­var el velo es ya un le­jano re­cuer­do del pa­sa­do. Quien lo lleva lo hacer de forma libre y no por im­po­si­ción.

Dani tra­ba­ja en TV y en la radio. No hay mu­chas emi­so­ras que re­trans­mi­ten mú­si­ca oc­ci­den­tal, pero las pocas que hay son muy se­gui­das.

La in­fluen­cia de Es­ta­dos Uni­dos es muy fuer­te en Ma­rrue­cos. Pa­re­ce que el "sueño ame­ri­cano" siga vivo aquí.

Taha: "No soy un hips­ter, aun­que a veces me gusta ves­tir como ellos. Cada día cam­bio de es­ti­lo y los ve­ci­nos me miran como si fuese raro".

Ca­mi­nan­do por la calle en­con­tra­mos algún ex­ce­so de es­ti­lo.

MÁS ALLÁ DEL NIHI­LIS­MO

Hay quien sos­tie­ne que los hips­ters han sus­ti­tuí­do en Eu­ro­pa a los squat­ter, pero que, al con­tra­rio de estos, ig­no­ran la po­lí­ti­ca. En Ca­sa­blan­ca, en cam­bio, el em­pe­ño y el in­te­rés civil están muy di­fun­di­dos. "Queda mucho por hacer aquí, en Ma­rrue­cos", me ex­pli­ca Ali, re­cién li­cen­cia­do en len­guas, con un look reg­gae-sty­le. "Hay es­pa­cios dis­po­ni­bles [como l'Aba­toir] y cada vez hay más per­so­nas que pue­den per­mi­tir­se ir a con­cier­tos y ele­gir qué mú­si­ca es­cu­char gra­cias a la red; los fes­ti­va­les mu­si­ca­les están lle­nos de per­so­nas de todo tipo, de hip­pieships­ters, de heavys a ra­pe­ros de di­fe­ren­tes es­tra­tos so­cia­les. Y esta ju­ven­tud tiene ham­bre de hacer y crear el nuevo Ma­rrue­cos".

Is­mael, jóven fo­tó­gra­fo: "si lle­vas una ca­mi­sa a cua­dros y gafas gran­des a la Uni­ver­si­dad to­da­vía te ta­chan de em­po­llón".

El look retro imita al de los 70.

Las chi­cas, aun­que se vis­ten de forma oc­ci­den­tal, son muy re­ser­va­das y di­fí­ci­les de fo­to­gra­fiar. Aquí, Mary en la uni­ver­si­dad.

Ali es­cu­cha rock y reg­gae y me cuen­ta que en los úl­ti­mos años en Ma­rrue­cos han sur­gi­do di­ver­sos fes­ti­va­les mu­si­ca­les, todos gra­tui­tos. Los or­ga­ni­za­do­res de even­tos se están mul­ti­pli­can­do. Hay una gran de­man­da de even­tos cul­tu­ra­les y mu­si­ca­les y la ofer­ta poco a poco se está ade­cuan­do a la cre­cien­te de­man­da. 

Así que, si bus­cáis un lugar le­jano para ir de va­ca­cio­nes con la bici de piñón fijo, bi­go­ta­zos abri­llan­ta­dos y dis­cur­sos au­to­rre­fe­ren­cia­les, ha­béis en­con­tra­do el des­tino per­fec­to. Ca­sa­blan­ca no es, to­da­vía, un lugar para los hips­ters.

Este ar­tícu­lo forma parte de una edi­ción es­pe­cial de­di­ca­da a Ca­sa­blan­ca y rea­li­za­da en el marco del pro­yec­to "Eu­ro­med Re­por­ter", lan­za­do por Ca­fé­Ba­bel en co­la­bo­ra­ción con I Watch Organization, Search for Com­mon Ground y la fun­da­ción Anna Lindh. Pron­to en­con­tra­réis todos los ar­tícu­los en nues­tra re­vis­ta.