No es país para mujeres: las políticas de género de la India

Artículo publicado el 29 de Octubre de 2013
Artículo publicado el 29 de Octubre de 2013

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Cuando volví a Europa este verano tras mi viaje a la India, la gente me preguntaba lo mismo una y otra vez. ¿No tenías miedo? Desde el caso de la mujer de 23 años de Nueva Delhi que fue violada en un minibús en 2012 y después murió como consecuencia de sus heridas, muchos solo oyen violación, riesgo y Edad de Piedra en cuestiones de género cuando menciono la India.

Desde entonces, las noticias de protestas multitudinarias en Nueva Delhi y crímenes contra turistas mujeres en Orcha, Madhya Pradesh y Agra han sido el centro de atención. En 2013, la India es un destino turístico non gratum. Si piensas que la cobertura mediática europea es inquietante, probablemente te volverías loca en la India. Raro es el día en el que mi amiga australiana y yo no leemos algo sobre violencia de género. Sin embargo, los artículos del Assam Tribune o del Telegraph Calcutta  rara vez aluden a extranjeras. Se trata de numerosos ataques a mujeres indias, jóvenes o mayores, violaciones de menores y crímenes contra niñas pequeñas. Cuando hojeo el periódico por accidente en un pequeño restaurante en Shillong, palidezco de miedo. Cuando leemos la historia de dos niñas de 4 y 5 años violadas en Megalaya, el duelo del restaurante intenta reconfortarnos. “No debéis tener miedo, nosotros os cuidaremos.” Sonríe de manera tranquilizadora y nos entrega la tarjeta de su restaurante. “Ese es mi número. Llamadme si tenéis problemas.”

En marzo de 2013, la Asociación de Cámaras de Comercio e Industria de la India (ASSOCHAM) anunció una caída del 25 % en el número de turistas extranjeros que visitan el país. Según una controvertida encuesta de la Fundación de Desarrollo Social de ASSOCHAM, las agencias de viajes y oficinas de turismo han registrado una disminución específica del número de mujeres que visitan la India del 35 %. El sentimiento creciente de inseguridad, que parece invadir a muchas mujeres cuando piensan en la India, parece ser más que una emoción latente. Sin embargo, esta primavera en el noreste de la India no me sentí menos segura que otros años. Eso podría deberse a que los modales sociales aquí son más modernos que en el resto de la India. Pero incluso en Bengala Occidental y Assam, ambas muy hindús y relativamente conservadoras, me moví con tanta libertad como es posible para una mujer de viaje por la India. Estructuras patriarcales inflexibles, religiones orientadas a sacerdotes y dioses de género masculino, injustas tradiciones de dotes, el papel de la esposa hindú como sirvienta de su dios-marido, violencia doméstica y abortos de fetos femeninos; hasta el turista más inocente pronto se dará cuenta de que algo va mal en la India en lo que respecta a los derechos de las mujeres. Por consiguiente, el país ocupa el puesto 136 de los 186 países en el Índice de Equidad de Género 2012 de la ONU. Las últimas cifras de violaciones son igual de alarmantes. En el último informe de la Oficina Nacional de Registro de Crímenes de la India, la cifra de violaciones asciende 24 923 casos registrados en 2012. Teniendo en cuenta que la India tiene más de mil millones de habitantes, de los cuales 600 millones son mujeres, está más que claro que los números pueden ser engañosos. Las violaciones aún son un tema extremadamente tabú en la India, por lo que muchos asaltos no se denuncian a la policía. Muchas mujeres simplemente están demasiado asustadas, apaciguadas, expuestas o, en el peor de los casos, son sometidas a abusos de nuevo.

La experiencia de una mujer occidental será, por lo general, muy diferente. Aunque en seguida se la reconocerá, no solo por su color de piel, y a pesar de ser un objeto de deseo por parte de muchos hombres indios, también es la extraña, la otra. La intocable, en un sentido diferente. Las reglas de hospitalidad son muy estrictas en la India y es extremadamente importante cumplirlas. La protección de las visitantes siempre ha sido una de estas normas. Da igual si se trata de un anciano oficial del Gobierno en Guwahati, un joven músico en el ferry a Majuli o el dueño de un restaurante en Shillong, todos son conscientes de nuestra situación particular y nos ofrecen su protección. Por otra parte, una extranjera siempre tiene que detectar diferencias culturales y respetar las normas sociales. Para estar segura, es importante cubrirse con ropa grande y mostrar cierta reserva en las interacciones sociales con los hombres, así como algunas reglas básicas que minimizan en gran medida los malentendidos culturales y las experiencias desagradables. No camines sola después de que anochezca. No bebas con grupos de hombres que están de juerga. No te montes en un coche con extraños. Todas estas normas de conducta son fáciles de entender y, en última instancia, pueden encontrarse en la mayoría de guías de viaje.

Hay pocas turistas, algunas de ellas víctimas de crímenes violentos en el pasado, que se comportan de maneras que pueden incrementar los riesgos. Naturalmente, no ser consciente de posibles creencias falsas generalizadas y comportarse de manera poco apropiada no justifica la violencia. El hecho de llevar ropa que en la región se puede considerar reveladora o aceptar que un hombre desconocido te lleve en su vehículo nunca significa que una mujer pueda ser tocada sin su consentimiento. Especialmente, no como en la leyenda machista más degradante de que “está pidiendo que la violen”. Una mujer siempre debería estar segura, independientemente de cómo se vista o cómo se comporte. Por desgracia, esto no siempre es así y a la India aún le queda mucho para alcanzar ese ideal. Serán necesarias muchas décadas de trabajo por parte de los activistas sociales y las feministas abordando la raíz del problema, junto con importantes reformas sociales y legales para que las mujeres en la India estén en igualdad de condiciones y tan seguras como los hombres.

Sin embargo, no ayuda mucho lamentar el destino de las mujeres indias, especular acerca de la inmolación de las viudas (prohibida desde 1829) y los abortos ilegales, así como tampoco rechazar la India en su conjunto. Las mujeres extranjeras que visitan la India no están menos seguras en 2013 que antes. Si te ciñes a las reglas básicas, el riesgo puede reducirse considerablemente sin tener que vivir en una “jaula dorada” como turista mujer. A largo plazo, los hombres indios no pueden sino beneficiase de acostumbrarse a las turistas femeninas, rectificando la imagen a menudo terriblemente distorsionada de la “mujer occidental”, forjada mediante leyendas, Internet y la pornografía.

La verdadera raíz de todos los males no son las estructuras sociales y religiosas ni los defectos legislativos. Más bien son síntomas de la desigualdad básica entre hombres y mujeres. Si se quiere remediar y que las mujeres indias sean iguales como seres humanos y ciudadanos, los hombres tienen que hacer un esfuerzo también. Esto es exactamente a lo que aspira la campaña Bell Bajao! Un millón de hombres. Un millón de promesas, iniciada por Mallika Dutt en 2008. Dutt, fundadora de la ONG Breaktrough, la cual intenta concienciar sobre los derechos humanos con la ayuda de la cultura pop global, lleva 13 años luchando por los derechos de las mujeres en la India y en el resto del mundo. En un artículo en el Times of India, pidió recientemente un cambio cultural que no se centre en apoyos legales ni en arreglos sociales provisionales, sino en la creación de igualdad entre hombres y mujeres. Dutt alberga muchas esperanzas. “En la India y en todo el mundo, deben empezar a cambiar dos cosas cruciales: primero, que la gente entienda que la violencia contra las mujeres es un problema global urgente y segundo, que cada vez más de esas personas sean hombres.” Por supuesto, se necesitan urgentemente nuevas leyes para que las mujeres tengan más derechos y un sistema más transparente para denunciar, perseguir y sentenciar a los violadores. Pero esto no será de gran ayuda si la mayoría de hombres no respeta a las mujeres en la vida cotidiana.

Afortunadamente, la sensibilidad por los derechos de las mujeres parece estar aumentando. Cuando una familia nos acoge bajo su protección en el tren, un joven empleado de hotel nos sirve chai y mithai (dulces) para disculparse por la ajada habitación y el comportamiento maleducado de algunos de sus huéspedes varones o cuando el dueño de un restaurante desarrolla sentimientos paternales hacia nosotras, me siento más segura y más agradecida por ello. Porque la mayor parte del tiempo, un pequeño gesto, una sonrisa amable o un poco de ayuda es lo que me hace decidir si me siento segura o no. Desde luego, rechazar la India en su totalidad no es la decisión correcta. En vez de eso, el debate indio acerca de los derechos de las mujeres debería ser una razón para reflexionar y actuar. Al fin y al cabo, todos deberíamos luchar por la igualdad entre hombres y mujeres, no solo en la India.