No es sólo la economía, estúpido

Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 22 de Diciembre de 2004

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Las consecuencias del sistema capitalista van mucho más allá de las económicas, influenciando el tejido de la sociedad moderna.

Margaret Thatcher declaró en cierta infame ocasión, que “la sociedad no existe”. 17 años más tarde el mundo es un lugar completamente diferente pero, con algunas excepciones notables, el sistema económico que ella defendía es ahora la única ideología política que se ha exportado al resto del mundo. La caída del Telón de Acero provocó que su único rival, el comunismo, se derrumbara en Europa. Hoy en día se espera que la comunidad global en su conjunto abrace los prodigios del capitalismo con entusiasmo. Pero más allá de las implicaciones económicas, ¿qué significa el capitalismo de libre mercado para la sociedad, en Europa y fuera de ella?

Hundirse o nadar

En términos capitalistas, Margaret Thatcher estaba diciendo la verdad cuando rechazaba el concepto de “sociedad”. En un mundo capitalista, el éxito individual lo es todo por lo que trabajar con y para otros y el beneficio de la sociedad es una idea imposible de entender. El capitalismo es en esencia individualista invitando a “hundirse o nadar” frente a la vida. ¡Enhorabuena a todos los que aprenden a nadar! Los que se hunden, peor para ellos. En apariencia, sin embargo, el capitalismo moderno mundial aparece como fervientemente comunitario. Nuestro mundo está dominado, por el concepto de “derechos”, sugiriendo que la consideración hacia los menos afortunados es un aspecto central de los sistemas políticos occidentales. Pero la noción de derechos fundamentales para todos fue creada en una época de conciencia social como la posguerra con el objetivo de prevenir los abusos contra los más débiles por parte de los más fuertes. Hoy en día, esos derechos se están usando de forma creciente para permitir a los individuos continuar viviendo como les parece, sabiendo que con la ley internacional tienen todo el “derecho” a hacerlo y que cualquier intento de prohibírselo es una violación los mismos.

Individualismo a escala internacional

Por lo tanto, ¿qué supone esta tendencia individualista para las decenas de organizaciones internacionales creadas durante la época con más conciencia social de la posguerra, como la UE, la OSCE y las Naciones Unidas? Si los ciudadanos están decididos a alcanzar su propio éxito, los países están, según todas las informaciones, siguiendo el mismo camino. La invasión estadounidense de Irak es sólo un ejemplo de la moderna idea de que aunque el resto de la sociedad internacional no esté de acuerdo, el propio deseo para hacerlo como se crea conveniente es suficiente para justificar cualquier acción. Así, las Naciones Unidas se quedan obsoletas por el desprecio de los países a reconocer la necesidad de trabajar con otros que no sean los que les proporcionan gratificación inmediata. La tendencia hoy es buscar “aliados”, los que están con nosotros, como opuestos a los que están “contra nosotros”. Esta vuelta al secular sistema de buenos y malos está en contradicción directa con el sueño de la posguerra de unidad y cooperación internacional.

Asimismo, las actuales perturbaciones en el funcionamiento de la UE reflejan la triste realidad de que sus Estados miembros no desean continuar trabajando juntos para mejorar el destino de Europa, sino simplemente lograr lo que sea al margen de las instituciones y después marcharse cuanto antes. La idea de que parte del objetivo de la UE es mejorar la vida para todos los europeos es ahora ridícula. ¿Por qué debería preocuparse el Reino Unido si hay problemas en Portugal?, ¿por qué debería ser un problema francés el que Eslovaquia necesite ayuda? La supervivencia para los mejor dotados es la actitud que resuena en los pasillos de Bruselas, y que se traduce de forma creciente en intentos conjuntos por parte de los Estados miembro de retirar de ciertas áreas de la UE políticas comunitarias que no encajan en sus planes estatales individuales.

Por supuesto, algunos argumentarán que el capitalismo ofrece beneficios para la sociedad en su conjunto. ¿Cómo olvidar la cantidad de ayuda que esas naciones ricas y capitalistas dan a los países del tercer mundo? La ayuda internacional está bien y es positiva pero incluso aquí el egoísmo que tan a menudo se esconde bajo la sombra del capitalismo es fácil de ver. La cantidad de ayuda que un país próspero decide donar a un país pobre está frecuentemente influenciada por consideraciones políticas, y vinculada a los beneficios económicos futuros para el país donante. Recientemente se ha denunciado que la administración Bush está incluso suspendiendo la ayuda a los países que rechacen apoyar la inmunidad para los estadounidenses en el Tribunal Penal Internacional. Esto no es altruismo, sino la antigua manipulación del débil por el fuerte.

La realidad es que hasta que la gente deje de ver el capitalismo como un mero sistema económico y reconozca que afecta negativamente a la misma base de nuestra sociedad, Europa y el mundo en su conjunto continuarán sufriendo. Hemos conseguido crear un mundo donde la codicia y provecho personal están tan bien considerados que, la pobreza de aquellos que son incapaces, por cualquier razón, de correr con el rebaño en la carrera por el bienestar material se olvida. Lo que los políticos quieren que pensemos, me parece al menos evidente, es que no estamos en el mejor momento para la comunidad internacional.