'No Fracking Way': la campaña de protesta en Europa

Artículo publicado el 18 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 18 de Marzo de 2015

Fracking, independencia energética y miedo: en Europa cada Estado se mueve con autonomía a la hora de hablar sobre esta técnica. La última licencia para la extracción de gas esquisto o pizarra ha sido otorgada en España, donde los ciudadanos ya se han puesto en pie de guerra en contra del fracking.

Hace pocas semanas el Gobierno español dio vía libre a la filial española del grupo canadiense BNK para empezar a experimentar la técnica de extracción conocida como fracking (fracturación hidráulica) en el territorio nacional: A partir del 2016 los sondeos exploratorios serán llevados a cabo en 12 lugares de la región de Burgos, entre Valladolid y Bilbao.

El fracking consiste, en pocas palabras, en inyectar en el suelo un líquido a base de agua y agentes químicos para fracturar las rocas de modo que sean disponibles las reservas de gas esquisto o pizarra (shale gas en inglés). La población local ya está en pie de guerra y quienes se oponen a esta técnica han creado una plataforma web en común llamada "el dinero no se bebe".

Las voces críticas de activistas ecologistas y de ciudadanos se escuchan fuerte en cualquier parte del continente cada vez que se habla de fracking; recordemos el caso de Polonia en 2013 y las protestas en Escocia a finales del año pasado.

Los peligros

¿Por qué esta técnica de extracción es tan arriesgada para el medio ambiente y para la salud humana? Antes todo por la alta probabilidad de contaminación del agua de los acuíferos. El líquido inyectado en el suelo para fracturar las rocas contiene formaldehido, ácidos cítricos, acéticos y otros agentes contaminantes. También el uso del agua en el ciclo productivo es considerable: se habla del uso de millones de litros.                                                                                                                      Según un estudio realizado por la revista Science en julio de 2014, que ha tomado en cuenta cuatro instalaciones en Oklahoma, en Estados Unidos, concluyó que la perforación del suelo y la presión ejercida por el líquido podrían haber causado un incremento de la incidencia de terremotos. Las violaciones ambientales por parte de las empresas multinacionales comprometidas en operaciones de fracking no son ciencia ficción. Según un expediente de finales de enero, publicado por el Environment América Research and Policy Center, "en Pensilvania -uno de los Estados americanos más afectados por las perforaciones- las compañías de fracking violan sistemáticamente las normas y legislaciones creadas para proteger el medio ambiente y la salud humana: Entre el 1 de enero de 2011 y el 31 de agosto de 2014, las 20 compañías más agresivas han cometido una media de una violación y media por día".

Por lo tanto, son comprensibles los temores de los ciudadanos europeos cuando se plantea este tema. Si realmente Europa decidirá sobra si proseguir por esta vía, dependerá de las negociaciones transatlánticas sobre el Tratado de Libre Comercio (TTIP), que cambiarán de manera radical la relación entre los gobiernos y las empresas. Si una multinacional considera que potencialmente podría ser perjudicada por un cambio de política de un Estado, tendrá la posibilidad de recurrir ante un tribunal especial gracias al ISIDS (Investor-to-State Dispute Settlement). En este caso, una multinacional que se ocupe de extracción de shale gas podría oponerse a las legislaciones ambientales (nacionales o europeas) que considera como perjudiciales para sus intereses. Esto debilitaría considerablemente la fuerza de las leyes destinadas a la conservación del suelo y a las reservas de agua que correrían el riesgo de ser puestas en tela de juicio por las peticiones ante el tribunal especial.

Por ahora, en Europa cada estado se mueve con autonomía: mientras que las licencias en España y Alemania son recientes, otras fueron activadas hace algunos años en Inglaterra, Polonia, Rumanía y Dinamarca. Aunque Francia sea considerado el Estado con las reservas de gas de esquisto o pizarra más altas, ha mantenido en vigor la prohibición de la fracturación hidráulica votada en 2011. Otros países como Irlanda, están investigando o esperando los resultados de estudios independientes para tomar una decisión.

Algunos sostienen que la extracción de shale gas nos permitirá alcanzar la independencia energética de Rusia, con todas las consecuencias geopolíticas que esto traería; es necesario preguntarse si este juego vale la pena. El precio serán los considerables riesgos para la salud y el medio ambiente al que se añade la posibilidad de ver sustancialmente mermada la soberanía nacional o de las instituciones comunitarias.