No infravaloremos el 2005

Artículo publicado el 6 de Enero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 6 de Enero de 2005

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Pacto de Estabilidad, presupuesto quinquenal y Lisboa: ¡para el año nuevo hay tanta economía en la agenda de los 25! Un asunto que también es político del que dependerà el futuro del pryecto europeo.

El año de la consolidación. El big bang institucional y genésico vivido por Europa en 2004, dará lugar, en 2005, a un proceso de reposicionamiento sobre nuevas coordenadas políticas, económicas y sociales que aún están por plasmarse.

La Europa que entra en el nuevo año es radicalmente diferente respecto a aquella que hace tan sólo 12 meses aún tenía que vivir uno de los periodos mas revolucionarios de su breve historia de integración. La ampliación a 25, la aprobación de la primera constitución, la renovación de la Comisión y del Europarlamento, el “sí” a la apertura de negociaciones con Turquía, y los trágicos atentados de Madrid han modificado irreversiblemente los equilibrios de la Unión. Ahora tendrá que poner un poco de orden en torno a todas estas novedades, para no padecer una posible “crisis de rechazos”.

El electorado desorientado

Los desafíos que tendrá que afrontar Europa en 2005 presentan un perfil más bajo respecto a aquellos que han animado 2004. Además, constituirán el primer verdadero banco de pruebas para la Unión. La pregunta ahora es: “¿hasta qué punto esta gigantesca entidad política y económica se halla realmente en grado de funcionar?”

Los tres grandes temas que colmarán la agenda de los 25 –al menos durante el primer semestre– son estrictamente de caracter económico: en el orden del día: la reforma del Pacto de Estabilidad, el relanzamiento del Proceso de Lisboa, la definición de las prespectivas financieras para el periodo 2007/2013. No conseguirán probablemente atraerse la atención de los 450 millones de ciudadanos europeos, pero representarán exámenes cruciales para comprender, hasta al final, qué futuro nos espera. Una reforma del pacto vacía de contenido, un relanzamiento poco convincente de la Agenda de Lisboa, o un presupuesto extremadamente reducido o insuficiente, implicarán sin salida alarmantes señales sobre la real convicción de los líderes europeos a la hora de afrontar unidos el difícil momento que atraviesa nuestra economía. Sin embargo, una reforma del pacto en un sentido mas flexible, pero sin traicionar su rigor originario; una verdadera revisión de Lisboa, con objetivos claros y realistas; y un presupuesto adecuado a las exigencias del balance comunitario, enviarían señales de verdadero liderazgo a un electorado ya de por si desorientado y cada vez mas euroescéptico. En la cuenta, también habrá que poner, obviamente, los inevitables roces y conflictos típicos de una comunidad de vecinos, la europea, en donde el aumento del número de familias no ha sido hasta ahora acompañado de una paralela convergencia de intereses.

El as en la manga de Blair a favor de la adhesión turca

Pero 2005, también será el año de los primeros referendos sobre la constitución cuyos éxitos serán determinantes a la hora de influir en el camino del tratado hacia su propia ratificación: habrá que vigilar de cerca en particular el proceso danés, el francés y el polaco. Un solo “no” podría poner en seria dificultad todo el proyecto. Esto sin contar con el comienzo de las negociaciones de adhesión de Turquía, en octubre: el visto bueno, tras el último consejo europeo, se alcanzó con grandes dificultades. ¿Reconocerá el gobierno de Recep Tayyp Erdogan a Chipre -ya miembro de la UE- al menos de facto? Y si no lo hiciera, ¿cómo reaccionará Chipre? ¿Cerrará un ojo, empujado por la Presidencia de turno, en manos de la filo-turca Gran Bretaña en el segundo semestre de 2005, o tomará las medidas necesarias?

La visita de Bush al corazón de Europa

Por último, 2005 también será el año de la visita de George W. Bush al corazón de la Unión Europea: Bruselas. ¿Qué Europa le recibirá? ¿La Europa de los amigos y de las palmadas en la espalda -de Blair y Berlusconi- o la que desconfía de él y de su política unilateral -la del trío Chirac/Schröder/Zapatero-? O, dicho de otro modo, ¿conseguirá esta Europa, aún tan dividida en política exterior, encontrar una línea común ante Bush?

Las implementaciones de las nuevas políticas migratorias, la lucha contra el terrorismo, las relaciones con Rusia y la ampliación a Bulgaria, Rumanía y Croacia son los otros principales retos del calendario.

Vaya como vaya, tenemos ya una certeza: no debemos infravalorar el 2005. Aunque los desafíos que traiga no sean comparables –por impacto mediatico– a aquellos del año pasado, nos dirá qué futuro le espera al proyecto político, que desde hace 50 años ilusiona a nuestro continente.

Y, también, si en la “ordinaria administración”, los 25 líderes de la Unión consiguen hacer prevalecer –a pesar de muchas dificultades– una línea común, entonces se podrá mirar al futuro del proyecto comunitario con confianza. En caso contrario, la Unión podría encaminarse hacia una de las crisis políticas mas graves de su historia. Una crisis de donde podría surgir una Europa diferente, mas pequeña y políticamente más integrada, opuesta a una UE demasiado extensa e ingobernable. Es inútil y difícil hacer previsiones: la Historia nos dirá cual de las dos hipótesis marcará nuestro futuro. Lo que sí es seguro, es que se podrá contar con Café Babel como observatorio permanente y abierto de estas novedades.