No sufriremos por el honor de nadie

Artículo publicado el 7 de Febrero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 7 de Febrero de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

A pesar de las nuevas leyes, muchas mujeres turcas siguen sufriendo maltratos en sus familias, sin que las autoridades reaccionen verdaderamente. Amnistía Internacional reacciona.

“Güldünya Tören llamó a su hijo Umut (Esperanza), ya que sabía que ella no viviría mucho tiempo. Estando embarazada, rechazó casarse con su primo. La enviaron a casa de su tío en Estambul. Uno de sus hermanos le dio una cuerda y le pidió que se ahorcara. Se escapó, pidió protección a la policía y le aseguraron que su tío y su hermano no la matarían. En febrero de 2004, poco después de que naciera su hijo, sus hermanos intentaron matarla disparándole en plena calle. En el hospital, imploró a la policía que la protegiera. Una noche, en la habitación sin vigilancia, sus asesinos le dispararon en la cabeza. Güldünya dejó de vivir poco después...”

En Turquía, como en otros países, las mujeres ven sus derechos fundamentales pisoteados en nombre del honor, del amor, de los celos, de la pasión o de la tradición dentro de su propia familia. Ninguno de estos valores legitima el recurrir a la violencia. Los crímenes por honor, como el del que fue victima Güldünya Tören sólo son uno de los aspectos del maltrato que sufren las mujeres. El horror de esos crímenes no debe hacernos olvidar a todas aquellas a las que violan, apalean, fuerzan a prostituirse y casarse a la fuerza a veces muy jóvenes. Las pruebas forzadas de virginidad siguen practicándose a pesar de su prohibición. De hecho, en algunas comunidades el honor de los hombres depende de la pureza de su mujer, de sus hermanas y de su madre. El comportamiento de las mujeres es a partir de ahí un asunto de familia y no una elección personal. Este escándalo humanitario, muy a menudo sufrido en silencio, ha de ser tenido en cuenta por los Estados como lo exige Amnistía Internacional en su reciente campaña de prevención: “Basta de violencia contra las mujeres”.

La magnitud de la violencia

Un tercio de las mujeres del mundo sufre maltratos dentro de la familia. Ciertos estudios dejan pensar que la situación en Turquía puede compararse con este dato. Una investigación llevada a cabo en 1995 y 1996 por la Dirección General de la Condición Femenina para el Primer Ministro turco reveló que en las barriadas de la capital, Ankara, al 97% de las mujeres les pegaban sus maridos; entre las mujeres que pertenecían a la clase media y alta, el 23% declaró en un primer tiempo que su marido era violento, pero esta cifra pasó al 71% cuando se le plantearon preguntas sobre formas específicas de violencia. Además un estudio publicado por el instituto médico-legal de Estambul en 2003 revela que de 40 mujeres fallecidas por muerte violenta, 34 murieron en su casa ahorcadas o envenenadas, 20 fueron claramente asesinadas y 10 mostraban signos visibles de violencia.

La discriminación

Discriminación y violencia hacia las mujeres están en estrecha relación. En algunas regiones de Turquía, desde que nacen, las niñas pueden estar prometidas en matrimonio. Acceden con más dificultad a la escuela y a los estudios superiores que los chicos, y una vez llegada la edad adulta, la mujer está menos informada de sus derechos. Tendrá menos oportunidades de poder desarrollar sus capacidades en los distintos sectores de actividad, sobre todo en política. Sin profesión y sin recursos financieros propios, le será difícil acabar con una relación violenta. Según la UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), 640.000 niñas no van a la escuela (obligatoria en Turquía), cuando la ley concede tanto a mujeres como a hombres el mismo derecho a la educación. En los libros de texto, las mujeres están a menudo representadas en tareas subalternas, que las desvalorizan, y los hombres tienen los papeles de toma de decisiones.

Deber de protección y reparación

Amnistía Internacional apela a todos los dirigentes, Estados, organizaciones como las Naciones Unidas, la Unión Europea y el Consejo de Europa a que sostengan y promuevan iniciativas dirigidas a garantizar la prevención de los malos tratos y la protección de las mujeres. Las autoridades turcas tienen que aplicar de manera absoluta las reformas aportadas a sus leyes y velar por que todas las mujeres víctimas de maltratos obtengan reparación. Los culpables de estos malos tratos han de ser condenados con penas proporcionales a su crimen. Y en cuanto a las instituciones religiosas, están llamadas a abandonar toda acción que aliente o tolere el maltrato a las mujeres, y a respetar los derechos de éstas.

El gobierno turco, con el apoyo de la comunidad internacional, tiene que poner en marcha mecanismos de protección: un número suficiente de refugios y una infraestructura social permitiría apoyar a las mujeres que hayan sufrido malos tratos. El gobierno turco ha adoptado una ley que estipula que un refugio para mujeres se establecería en cada municipalidad de más de 50.000 habitantes. Es de gran importancia que estos refugios se desarrollen en cooperación con las ONG de mujeres que tienen experiencia en el tema y que se benefician de la confianza de las mujeres. También hace falta que la policía y el poder judicial estén formados de manera que puedan actuar rápida y eficazmente contra cualquier forma de maltrato de las que son víctimas las mujeres y que le concedan la importancia que se merece. En fin, la introducción de programas de educación cívica en las escuelas, valorizando el papel de la mujer en el seno de la familia y de la sociedad permitiría a las chicas convertirse en mujeres con confianza, y a los chicos de ver en ellas unas compañeras iguales en derechos, favoreciendo un cambio de actitud de las comunidades. Las reformas legales, por si solas, no podrán erradicar la violencia contra las mujeres. El gobierno turco, la sociedad civil y la Unión Europea han de convertirlo en un objetivo prioritario, y al igual que para la tortura, promover una “tolerancia cero”.