¡No toquéis la Universidad griega!

Artículo publicado el 10 de Julio de 2007
Artículo publicado el 10 de Julio de 2007
El gobierno griego ha aprobado varias reformas para modernizar el sistema universitario: límite de tiempo para los estudios y apertura de institutos privados. Los universitarios griegos protestan.

Grecia ocupa los primeros puestos de Europa por número de universitarios mayores de 29 años y por número de alumnos que eligen estudiar en el extranjero.

En marzo 2005, dos profesores de la Universidad de Atenas, Michael Mitsopoulos y Theodore Pelagids, se preocuparon por este tema. Avisaron de que el sistema tenía que cambiar. Entonces, el Gobierno aprobó varias reformas que preveían la introducción del sistema 3+2 (tres años para la diplomatura y dos para especializarse), un límite máximo para acabar la carrera, el principio de autonomía administrativa de las universidades y la posibilidad de crear universidades privadas. Reformas que ya se realizaron en muchos países de la Unión Europea antes y que ayudan a crear espacios de enseñanza comunes muy importantes para el desarrollo del continente. Ahora bien, estas reformas han provocado las protestas de los universitarios griegos. En 2006, unas 200 universidades resultaron ocupadas durante meses, y en las calles se produjeron numerosas manifestaciones y huelgas. El pasado mes de marzo, los alumnos, junto con los profesores, protestaron en las calles de todas las ciudades contra las nuevas leyes, pero el Gobierno no quiere volver atrás.

Todos tenemos que tener las mismas posibilidades

¿Por qué tantas protestas? “Es una reforma imperialista y capitalista”, dice Nikos, un alumno de arquitectura. Sus colegas también afirman lo mismo. “La Universidad tiene que ser pública y gratuita. Todos tenemos que tener las mismas posibilidades”. Sin embargo, ¿estamos seguros de que todos tenemos las mismas posibilidades? La realidad es diferente. Las estructuras y el material didáctico, a menudo, son insuficientes: en algunas facultades, Internet es un milagro, así como la posibilidad de coger un sitio libre en las aulas o en las bibliotecas. “El Gobierno tenía que hacer una reforma más radical. Ésta es sólo una tímida tentativa de reforma”, aduce Georgios Mavrogordatos, profesor de Ciencias políticas de la Universidad de Atenas. Georgios tiene para todos: colega, superiores y políticos. Se acuerda de su experiencia en la Universidad de Berkley en California y no tiene ningún problema con decir que no le gusta la universidad en donde trabaja: “A veces, en los exámenes, se presentan personas inscritas desde hace veinte años para cursos que ya no existen. En cada convocatoria, muchos ni se presentan. Esto crea muchos problemas de organización. Listas kilométricas que deben reelaborarse constantemente.”

Los docentes, por su parte, gozan de un estatus privilegiado. “Algunas leyes prevén un determinado número de horas por cada clase y deben ser clases presenciales. Muchas veces, estas normas no se respetan”, dice Mavrogordatos. En la postura opuesta se encuentran los alumnos “profesionales”, los que viven en la Universidad desde hace mucho tiempo y en vez de estudiar se dedican al politiqueo.

Los movimientos de los alumnos en Grecia son organizaciones juveniles de partidos nacionales interesados en entrenar a sus jóvenes promesas: qué mejor que el ámbito universitario para captar votos.

La policía no puede entrar

Particular ha sido la discusión sobre la decisión del Gobierno de hacer una nueva reforma del régimen de asilo en la Universidad. Desde hace 30 años, a la policía se le niega la posibilidad de entrar en edificios y residencias universitarios, a excepción de casos de violación, homicidio u otros delitos graves. “Este derecho es una gran conquista para los alumnos y nadie debe abolir esta ley”, afirma un estudiante. Tras esta afirmación, piensa en los trágicos días del noviembre 1973, cuando unos alumnos asaltaron los edificios de la Politécnica de Atenas para protestar contra la dictadura instaurada en 1967, revuelta reprimida el 17 de noviembre del mismo año. “Las imágenes de los coches armados entrando en el patio de la Politécnica siguen presentes en nuestra memoria”, exclama el joven.

Ahora bien, ¿cómo mantener el orden en una zona donde no se acepta ningún tipo de control por parte de las autoridades? “No hace falta la vigilancia”, prosigue el alumno, “tenemos este derecho y no abusamos de él”. Durante todas las manifestaciones, los problemas los han causado los anárquistas, no los universitarios. Sin embargo, un profesor que pasa junto al alumno no piensa lo mismo. Recuerda una pequeña anécdota: “Una tarde me quedé en mi oficina hasta muy tarde, en el edificio ya no quedaba nadie. De repente entró una alumna con su novio, un chico de casi dos metros, para protestar sobre la nota que había sacado en el último examen realizado. Los dos empezaron a amenazarme. Yo llamé a secretaría para que avisaran a la policía y el conserje me contestó que era inútil porque no podían hacer nada”.