Nobel: aparta de mí este cáliz

Artículo publicado el 7 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 7 de Septiembre de 2007
Ganar el Premio Nobel de literatura no significa reconocimiento automático. De hecho algunos escritores recalcitrantes no han dudado en expresar su rechazo a un premio tildado a menudo de parcialidad.

En septiembre de 2007, se celebrará el centenario de la muerte del escritor Sully Prudhomme. Obrero reconvertido en poeta que terminara por convertirse en académico, Prudhomme es también el primer galardonado con el premio Nobel de literatura. Es muy probable que sólo unas pocas personas hayan oído hablar de él. A la inversa, uno de sus desafortunados competidores, rechazado por los académicos de entonces, se cuenta hoy entre los clásicos: a Leon Tolstoi se le acusó de ser demasiado político y el jurado prefirió en su lugar premiar al autor de Estancias y poemas.

La historia del premio Nobel de literatura comienza con lo que el futuro juzgaría como una injusticia. Numerosos son, por cierto, los “errores” de este tipo y la lista de galardonados cuenta tanto con ilustres olvidados de la literatura como con otras celebridades de la pluma que jamás fueron premiados, como Émile Zola o Franz Kafka.

Además del prestigio que confiere el premio, el galardonado recibe más de 10 millones de coronas (1,1 millón de euros). Lo que no impide a algunos rechazar el premio o suscitar el escándalo por su obtención.

1964: El caso Sartre

Para “no ir a hacer el mono a Estocolmo” en términos de Simone de Beauvoir, para no verse “institucionalizado”, el padre del existencialismo, escribió a la Academia sueca para pedir a sus miembros que no le concedieran el Premio “ni en 1964 ni más tarde”. Estos no tuvieron en cuenta su petición: la decisión final era irrevocable gracias o por culpa de su libro Las palabras. Cuando Jean-Paul Sartre se entera de que ha ganado el Premio Nobel escribe una segunda misiva a la Academia para explicar su renuncia. Sus contemporáneos no comprendieron por qué renunció a la coqueta suma que se le ofrecía junto con el Premio y los periódicos en seguida le acusaron de buscar la polémica y publicitarse.

2006: Günter Grass, antiguo soldado de las SS

En 2006, el escritor alemán, galardonado en el año 1999 con el Nobel de literatura, corre un tupido velo sobre el mundo de la literatura al revelar que se alistó, a la edad de 17 años, en un cuerpo de élite del ejército nazi, la Waffen SS. El Premio Nobel de la paz Lech Walesa le exigió de inmediato que devolviera su condecoración de ciudadano de honor de la ciudad polaca de Danzig. En cambio, la fundación Nobel hizo saber que no exigiría que devolviera el Premio. Sin embargo, como signo de supremo ostracismo, su biografía oficial en la web de la Academia sueca nunca ha sido actualizada.

2004: Elfriede Jelinek, Austria a mi pesar

Knut Ahnlund, un miembro del jurado de la academia sueca, que la acusó de haber escrito tan sólo una “masa de textos” sin pies ni cabeza, saltó de inmediato a los titulares. Hasta dimitió de su puesto en la Academia para desligarse de un jurado que recompensaba lo que él calificaba de “pornografía”. Feminista y voz virulenta contra la extrema derecha, es conocida por sus declaraciones críticas con Austria. La autora de La pianista tampoco asistió a la ceremonia de entrega del premio. Nuevo escándalo. Fue su editora quien acudió en su lugar y difundió un discurso filmado de la escritora aceptando el premio y reconociendo que “el premio le permitiría trabajar con una independencia perfecta”.

3 idiomas se reparten la mitad de los premios

A día de hoy, el premio se enfrenta a nuevas acusaciones. Lejos de la imparcialidad deseada por su creador, que pretendía recompensar a escritores sin tener en cuenta el idioma, la Historia muestra sin embargo cierta parcialidad.

No menos de un cuarto de los premios otorgados hasta la actualidad está repartido entre autores de habla inglesa. La lengua francesa ha visto a 13 de sus representantes premiados, lo que representa cerca del 13% de los galardonados. El alemán sigue con cerca del 12% de los premiados. Por tanto, 3 idiomas reúnen a casi la mitad de los galardonados. A modo de comparación, el chino sólo cuenta con un premiado y de los 4 africanos premiados, 3 escriben en inglés (Coetzee, Sonyinka y Gordimer).

Algo eurófila y también algo machista, la Academia sueca tiene tendencia a dar preferencia a los escritores frente a las escritoras, ya que sólo se cuenta a 10 mujeres entre los galardonados.

i>Jean-Paul Sartre (Foto, tinajankulovski/flickr)

Günter Grass (Foto, Habakuks Ansichten/flickr)

Elfriede Jelinek (Foto, Isaak Mao/flickr)