“Non” a la Constitución.... ¿o a la ampliación?

Artículo publicado el 3 de Mayo de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 3 de Mayo de 2005

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El referéndum francés del próximo día 29 de mayo se acerca mientras el no parte en cabeza en los sondeos. ¡He aquí una de las razones!

La novedad en el enésimo No francés de 2005 es que, frente al tradicional No antieuropeo, ha surgido un No que se define como pro-europeo. Adquiere por fin motivos para todos aquellos que claman por un No alegando razones que no siempre han tenido relación con cuestiones puramente europeas. Se piensa, en efecto, que el rechazo a la Constitución no tendrá en el fondo más impacto que el del retorno a las negociaciones por parte de los distintos Jefes de Estado y de Gobierno europeos; negociaciones mediante las cuales los franceses con total seguridad obtendrían un mejor tratado.

Tales consecuencias existirán, pero no serán positivas ni para Francia, ni para el resto de Europa. La decisión que deberá tomar el pueblo francés el próximo 29 de mayo ante la consulta planteada responderá al mismo tiempo a otra pregunta: ¿Podemos todavía seguir confiando en Europa?

La primera brecha

Con el lanzamiento del proceso de integración nacido en los años cincuenta, se trató de trabajar sobre la “confianza” para construir la paz, distinta de la construcción basada en el equilibrio de la amenaza nuclear. Es por tanto ahí donde reside toda la fuerza del ideal europeo, del “sueño europeo”: un deseo de paz, de convivencia, de solventar nuestras diferencias pacíficamente, creando por tanto un marco sólido para que nunca más las palabras pudiesen quedar vacías. Un ideal de solidaridad: solidaridad social transfronteriza…

Sin embargo, ¿como podríamos considerar un devenir político común si tal compromiso ya no es posible, si precisamente hemos perdido la confianza? El No es el rechazo al compromiso, el rechazo al trabajo común.

Un No francés a la Constitución sería por tanto la primera brecha. ¿A qué se debería? Tal rechazo en Gran Bretaña no sería ni sorprendente ni molesto para la construcción europea. No obstante, Francia es miembro fundador y motor esencial de la Unión. Además, la confianza entre los distintos miembros de la Unión, muy debilitada por la crisis iraquí, quedaría seriamente dañada.

¿Una Europa dentro de dos?

Para los diez nuevos países que se adhirieron el primero de mayo de 2004, la mala voluntad de la que hicieron prueba los antiguos miembros, particularmente Francia y Alemania, respecto a la financiación de la ampliación, ha creado un sentimiento de rechazo muy aprovechado por los euro-escépticos locales. Estos pueden retomar el poder en Polonia y Chequia en los próximos meses. Por otro lado, la polémica surgida en Francia respecto a la deslocalización de empresas, abordada otra vez en un reciente programa televisivo durante el cual el presidente Chirac intentó convencer a los jóvenes de votar Sí, ha demostrado hasta qué punto la ampliación de la Unión ha sido mal enfocada en el país galo, donde aún perdura el miedo a las “hordas venidas del Este”. En el fondo, decir No a la Constitución no es más que decir No a la ampliación que en ningún momento se aprobó por consulta popular. De hecho, en Francia no se confía aún en esos “checoslovacos” y “yugoslavos” considerados aún como topos a sueldo del gran diablo americano. Dicho esto, tras el No, ellos también perderán su confianza. “¡Poco importa!”, comentan los partidarios del No, “volveremos a una Europa de seis Estados, como en los inicios de la Comunidad Económica Europea”. Incluso a dos junto a Alemania, si hiciese falta. Laurent Fabius, antiguo primer ministro socialista, no habla más que de cooperación reforzada y núcleos duros. Los Hunos se quedarán a las puertas, encabronados y con sus pobres. Y la Europa social no será nunca para ellos, ingratos que nos roban nuestras fábricas y nuestros empleos… (¡!)

Corte de manga para Europa

Este texto constitucional es una ocasión -¿quizás la última?- para restablecer la confianza europea alrededor de un proyecto común, de un texto común que, recordémoslo, ha sido firmado por los 25 gobiernos. Los partidarios del No saben que es imposible obtener tal unanimidad para cualquier enmienda. A su vez, quieren hacer creer que la renegociación del texto recibirá la aprobación general. Bella paradoja. No ha sido un camino fácil el recorrido hasta este punto: cuatro años de negociaciones y de trabajo, cuatro años para lograr un consenso que, como todo compromiso, no puede contentar por entero a todo el mundo. Rechazar de plano este texto so pretexto de que no gusta Chirac, o de que se pretende ocupar su puesto, sería una estupidez. Apelar al No prometiendo “otra Europa” en la que ni siquiera estaremos para construirla es simplemente demagogia. Votar No tampoco impedirá a los Estados comprometidos por las políticas reguladas en la tercera parte de la Constitución de existir. Nos privaría de todas las mejoras aportadas por el nuevo texto. Votar No sería, pues, pegarle un corte de manga a toda Europa. Viniendo de ultraderechista francés de Villiers, no extrañaría a nadie, pero de alguien que se considere pro-europeo, resulta paradójico. Por último, contra lo que nos quieren hacer creer los partidarios del No, sus consecuencias serían duras, tanto para Francia como para el resto de Europa.