¿Nos vamos de tour por Groenlandia?

Artículo publicado el 14 de Mayo de 2013
Artículo publicado el 14 de Mayo de 2013

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Amantes de las auroras boreales, de los paseos en trineo de perros y de los paisajes helados: Noruega o Islandia ya están pasados. Sí, el nuevo destino del turismo “fresquito” es Groenlandia. Con el cambio climático a la orden del día, algunos turistas vienen también a ser testigos de su destrucción.

Turismo de catástrofe (anunciada)

Groenlandia está de moda. Es un destino caro, pero valorado cada vez más por los turistas daneses, alemanes y franceses. Esta desconocida región autónoma danesa atrae a una media de 1,5 millones de visitantes al año, el equivalente a casi 30 veces la población groenlandesa.

Kulusuk

Frente a esta carrera contrarreloj, el turista en busca de sensaciones únicas reconoce su impotencia ante la grandeza de un fenómeno casi irreversible.

Desde hace unos años, los paseos en trineo y las rutas en barco para contemplar focas y ballenas no son el único objetivo de los amantes de la naturaleza. La desaparición del casquete glaciar se ha convertido para muchos en un espectáculo magnífico y aterrador a la vez. El fiordo de Ilulissat, catalogado como patrimonio mundial de la Unesco, por ejemplo, se derrite a un ritmo medio de 20 a 35 metros por día, expulsando cada año un millar de icebergs. Se trata sin duda de un fenómeno natural, pero intensificado por un calentamiento climático que es mayor en las regiones polares. En Ilulissat, han proliferado, cual setas metálicas, los iglús de verano. En una pequeña cabaña de aluminio, el turista puede disfrutar del confort moderno, a la vez que contempla el infinito azul y blanco del telón de fondo. A lo lejos, hay barcos, sobre todo enormes barcos de cruceros, que aprovechan el deshielo para llegar un poco más lejos. Después de Chernóbil y de Pompeya, la fascinación por el espectáculo apocalíptico se reinventa, con la belleza de un paisaje que desaparece año tras año. Como la selva amazónica, los glaciares están en peligro. Frente a esta carrera contrarreloj, el turista en busca de sensaciones únicas, reconoce su impotencia ante la grandeza de un fenómeno casi irreversible.

Cada cinco años, los mapas deben ser redibujados

Paradójicamente, Groenlandia saca provecho de su pérdida de territorio, o más bien, de que el hielo suelte trozos enteros de tierra. Este fenómeno abre nuevos accesos y nuevas vías, lo que se traduce en nuevas oportunidades para cruceros y para circuitos de senderismo. La región tiene, por tanto, buenas perspectivas en cuanto a su actividad turística, fuente de empleos y de ingresos.

Fanny Leroy ha pasado más de un mes sobre el terreno, para un reportaje. Ella tuvo la sensación de que los groenlandeses estaban más bien contentos de los cambios climáticos. En el aeropuerto, además de los turistas, hay empresarios de todo el mundo, que llegan con la esperanza de hacer fortuna con el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo y materias primas (hierro, el uranio, tierras raras). Los pescadores, por su parte, se alegran de que el calentamiento del mar traiga nuevas especies de peces. Las comunidades de esquimales, los inuit, cazadores desde hace siglos, viven una pequeña revolución. Ahora que la hierba crece en lugares antes cubiertos casi permanentemente de nieve, podrán dedicarse a la agricultura. Patatas, coles y heno para las ovejas. De nuevo, más perspectivas económicas.

Esto solo durará un tiempo. A la velocidad a la que el paisaje cambia, los mapas deben ser redibujados cada 5 años. Groenlandia ha registrado para el año 2012 un deshielo record: hacía 30 años que no se observaba una reducción similar del casquete glaciar. Desaparecen los glaciares y los animales de la banquisa, como el famoso oso blanco, lo sabemos.

Con la modernización, también se pierden un poco las tradiciones, según Fanny Leroy. “Las mujeres ya no enseñan a sus hijas a curtir pieles de foca, ni los padres, a sus hijos, a pescar o a cazar. Ahora ya no solo se come foca o ballena, pero sí que encontrarás todo lo necesario para preparar un sushi japonés o un curry indio”, afirma Fanny.

A fin de cuentas, tal vez haya que ir a verlo. Ahora, si tienes una conciencia “verde”, casi mejor no vayas en avión.

Fotos: Cortesía de (cc) ilovegreenland/flickr ; Texto  Kulusuk  (cc) ezioman/flickr ;  casa en Kulusuk (cc) nick_russill/flickr ; (cc) STML/flickr