Nosotros, los que hacemos pelis porno en casa

Artículo publicado el 9 de Mayo de 2012
Artículo publicado el 9 de Mayo de 2012
“Because internet is for porn!”, decía una canción que apareció en Internet hace algunos años... y es difícil afirmar que se equivoca. La pregunta, que surge de forma espontánea, es debida a que un producto pobre de medios, a veces de calidad fascinante por su ridiculez, atrape tanto a la gente como para convencer a muchos de que se pongan en el otro lado de la cámara.

“No solo es cuestión de dinero —dicen Marco y Evan, en Youporn— , lo que nos gusta más es la variedad y la naturaleza del porno en red”. Naturaleza en el porno parece un oxímoron, pero no son los únicos que lo dicen. “A la larga, las cuatro caras de siempre te cansan —dice Simona—. Para mí, significa la posibilidad de decidir lo que ver sin preocuparme de los precios de los canales temáticos. Además, si pago por el cibersexo, no tengo la sensación de déjà vu”. “No digo que haya diálogo sino mucha más participación”, afirma Roberto.

Será cosa del inconsciente, aunque todos coinciden en la principal cualidad: es gratis. En el fondo, el dinero es el denominador común que une al cliente con el actor al otro lado de la cámara web. Es suficiente con una cámara de fotos de alta definición, la ineludible conexión a Internet y listo. No hay ni productores, ni directores, ni fallos técnicos, ni guiones, ni castings, etc.

“Si Justin Bieber lo ha conseguido…”

Con solo unos minutos para cargar el vídeo en la red ya se puede eliminar la distancia entre el productor y el consumidor. Sin embargo, si se escucha a quién hace las películas y no solo las ve, parece reduccionista centrarse solo en el discurso económico o narcisista (incluso si Gymena, española, dice medio en serio y medio en broma que “si Justin Bieber ha logrado hacerse famoso en Internet, ¿por qué no podría hacerlo yo, con el cuerpo que tengo?”).

O como Misty, que ha empezado a colgar vídeos por el placer de probar algo nuevo y dar algo de vidilla a la relación con su marido; también él es un actor amateur. Se definen como una pareja muy liberal por lo que no han tenido ningún problema al experimentar este nuevo universo, movidos por la curiosidad más que por la necesidad material.

Tampoco Kitty pone el dinero en primera posición. “Como modelo profesional no me contratan mucho más. He decidido probar porque mi trabajo estaba consiguiendo que odiara mi propio cuerpo. Al final, encontraba mi reflejo en el espejo como si fuera un robot. No obstante, al hablar con la gente, no me dicen cumplidos muy poéticos, ¡pero sinceros, seguro que sí!” Entonces, es exhibicionismo puro, aunque ¿y si le pidieran algo más íntimo o atrevido? “¡Rotundamente no! Está bien jugar un poco, pero me tengo mucho respeto como persona. Mi vida sexual es cosa mía y no soy el juguete de nadie”.

Entonces, ¿el porno también tendría una función liberadora? Los hay quien, ante la cámara, parecen perder la vergüenza que tendrían en un contexto normal; otros, en cambio, ya tienen las ideas claras. El cuerpo es suyo y no es la gente quien tiene que decir lo que deben hacer. Sin embargo, puede haber inconvenientes.

“Los pocos que se hacen estrellas de la web pueden verse en la situación de perder el control de su vida laboral —cuenta Diego, de Brasil—. Mi mujer y yo empezamos tomándonoslo como un juego, pero después con el tiempo nos hemos hecho famosos. Lo hemos dejado ya que la intrusión de la gente y sus expectativas no merecían la puesta en escena”. Al contrario que Misty, que afirma lo hipócrita que es hacerse los liberales a medias y que por un precio justo estaría dispuesta a hacer casi todo; y subraya el “casi”.

La mayor ganancia no es el dinero

“La web nos ha dado simplemente un instrumento para realizar aquello que es lo más natural del mundo. —afirma por otro lado Attika, de Suecia— ¿qué diferencia hay entre buscar sexo en una discoteca o aquí? Es incluso mejor ya que puedo hablar primero con las personas y ver cómo son. En las discotecas siempre corres el riesgo de acabar con un lerdo con algunas copas de más que se te duerme encima. ¿Y qué gano yo con eso? Ahorro para la bebida con lo que gano por los vídeos que he hecho, ni siquiera me da para comprarme una bici nueva”. Sin embargo, la mayoría no está así de relajada. Muchísimas personas quieren asegurarse de que su afición no tenga repercusiones en la vida real. Un gran número de personas me han llegado a apagar la conexión en la cara cuando han descubierto que llevaba un blog. “En Alemania, la vida de los homosexuales no es nada dura y es un caso poco frecuente; mi familia de Ucrania también ha aceptado mi condición —dice Juri—. Sin embargo, mi vida sexual no es una cuestión de Estado”.

“La web nos ha dado simplemente un instrumento para realizar aquello que es lo más natural del mundo”

“No sorprende que mucha gente te haya respondido de malas maneras —añade Tika—. Yo misma he respondido así por curiosidad. Ya tengo bastante con la gente que me juzga, solo me falta encontrar a los periodistas que te califican como una enferma o, peor aún, como la hija de Satanás (parece que también en Europa del este la derecha ha empezado de nuevo a ganar fuerzas)”. De un extremo al otro, Igor explica que cuando se registró en la página web, su popularidad aumentó mucho. “La gente es mucho más abierta de lo que se dice. Los hay incluso que se informan al detalle, aunque después renuncien por diversas razones”.

Es la misma opinión que Martina P., uno de los últimos casos “hot” del ciberespacio italiano, expresa con un directo “yo hago lo que me sale de los co*****”, mensaje que mantiene en la misma página web que la está volviendo famosa. Una lástima que, en este último caso, la chica sea menor, lo cual nos deja una página en blanco sobre el tema. El contraste sobre la legitimidad de hacer del propio cuerpo aquello que se desee es uno de los puntos de desencuentro entre la moral conservadora y la liberal. “Hay una palabra que define la venta del propio cuerpo: ¡prostitución!”, declara mucha gente en el blog. “¡Es legal en muchos países civilizados, aceptadlo!”, declara con sorna Igor.

Fotos: portada,  ©xenotrope/flickr; nel testo: (cc) hampton/flickr; video: snustad/youtube e foxtv/youtube.