Novedades en la orilla izquierda

Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 12 de Septiembre de 2005

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El Partido de la Izquierda cambia el panorama político alemán. ¿Construye su éxito sobre la desilusión causada por las reformas del gobierno actual, o estamos ante el nacimiento de un nuevo movimiento político con dimensión europea?

El nuevo Partido de la Izquierda (Linkspartei) nació de la coalición entre el Partido del Socialismo Democrático (PDS, el antiguo partido estatal de la ex-República Democrática de Alemania SED), que cosecha sus mayores éxitos en el este del país, y el partido Alternativa Electoral por el Empleo y la Justicia Social (WASG), anclado en el oeste y que aglutina a socialdemócratas y sindicalistas descontentos con la política del gobierno de Schröder. La popularidad de este partido se debe principalmente la presencia de dos pesos pesados de la izquierda alemana: por un lado Gregor Gysi, elocuente abogado y antiguo secretario general del PDS, que acapara de nuevo la atención política y se encargará de conseguir al electorado del este para esta empresa; por otro lado está el antiguo ministro de economía y enemigo personal de Schröder, Oskar Lafontaine, en su día candidato a la cancillería por el partido socialdemócrata, encargado de trabajarse el oeste, como polo de atracción de electores socialdemócratas decepcionados y orientados hacia la izquierda más tradicional.

Más "social" para los decepcionados

El caldo de cultivo del Partido de Izquierdas es el incontrolable paro, la deuda estatal creciente, las reformas del Estado del bienestar consideradas poco razonables por este partido (que Schröder empujó con su “Agenda 2010”) y el ataque a los logros sociales en favor de la economía. El programa electoral presentado en Berlín abarca sobre todo medidas sociales como un sueldo mínimo de alrededor de 1.250 euros al mes, el incremento del subsidio de paro y su equiparación entre el este y el oeste (incluso después de 16 años desde la reunificación alemana, los sueldos y las prestaciones sociales son menores en Alemania del Este que en Alemania del Oeste), un seguro social y una renta mínima. Aunque los partidos tradicionales duden abiertamente sobre la eventual financiación de estas medidas: el Partido de Izquierdas no puede ser ignorado.

Desde hace semanas, se ha convertido en la tercera fuerza política, con un 10% de intención de voto, de manera que podría echar por tierra la posible coalición negriamarilla entre cristianodemócratas y liberales. Incluso aunque el partido socialdemócrata siga negándose categóricamente a colaborar con sus críticos de izquierdas, el Partido de la Izquierda obliga a todos los partidos a posicionarse claramente ante el (frecuentemente planteado como única alternativa) modelo económico neoliberal. Mientras los demás partidos replican, argumentando que el nuevo partido promete un Estado social del pasado y unas propuestas que no se pueden financiar, el Partido de la Izquierda consigue atraer a desilusionados de todos los campos.

¿Un fenómeno paneuropeo?

También otros partidos de izquierdas europeos han recibido un nuevo empujón: Portugal, donde el Bloque de Izquierdas -un grupo de intelectuales de izquierdas- alcanzó el 6,4% de los votos, ha girado hacia la izquierda. Las próximas elecciones en Italia y Francia podrían ir en la misma dirección si los fragmentados partidos de izquierdas uniesen sus fuerzas. Los Liberal Demócratas británicos se posicionaron claramente, en su último programa electoral, a la izquierda del partido laborista de Blair. En la República Checa, el partido comunista KSCM ocupa el segundo lugar en las encuestas.

Sin embargo, dado que los partidos de izquierda europeos han estado tradicionalmente fragmentados y lidiando entre sí, es necesario preguntarse si están preparados para aprovechar su recién ganada popularidad y actuar de manera efectiva en el ámbito europeo. Es posible que el movimiento anti-globalización pueda actuar de bisagra entre los partidos, al ser un movimiento capaz de movilizar más allá de los pequeños círculos nacionales. Pero, la evidente división entre el movimiento anti-globalización (no parlamentario) y su potencial transnacional para movilizar, choca abiertamente con la realidad de los partidos políticos parlamentarios, anclados en los Estados-nación, haciendo desvanecerse las posibilidades de realización de un movimiento europeo de izquierdas.

Queda todavía, pues, por demostrar si el Partido de la Izquierda alemán consigue dar un paso en la dirección de un partido de izquierdas europeo. Su relevancia se basará sin duda en su capacidad para decidir conjuntamente con los partidos tradicionales la agenda política. Si lo consiguen también los demás partidos de izquierda europeos, podría verse un gran cambio en la política europea.