Nuestra Europa. Una visión

Artículo publicado el 7 de Julio de 2009
Artículo publicado el 7 de Julio de 2009
J. sintió una repentina satisfacción. Se dio cuenta de la suerte que tenía por haber nacido en este siglo y en una Europa pacífica...

J. leía con tal fascinación, que el inquieto movimiento en la estación de Bruselas a penas le molestaba. Mientras daba vueltas por nuestro Nuevo Mundo, revisó mentalmente épocas pasadas, utilizando su imaginación. 

En su ordenador, se informó de que la causa de las dos guerras mundiales en los últimos siglos se debe buscar, sobre todo, en el creciente nacionalismo. Durante la primera gran guerra en el siglo XX, el resultado del afán de expansión de todos los países europeos, trajo la segunda guerra mundial gracias a la interacción de tres factores: la supuesta superioridad de unos pueblos a otros, la recesión mundial y una gran capacidad de poder personal en toda Europa”.

©lukasz.kryger/flickr

J. estaba fascinado y perplejo al mismo tiempo. Señaló las palabras nacionalismo y recesión, porque tenía una idea inapropiada sobre sus significados. En aquel entonces, las personas de las distintas regiones de Europa vivían, en gran parte, separadas las unas de las otras y viajar era un privilegio de muy pocos. En aquella época, no existían los trenes de alta velocidad y solo la élite se encontraba en una situación en la que podían entenderse con personas de otras culturas. J. pensó que era fácil odiar lo que no se conoce. Por aquel entonces, los recursos de energía y el alimento eran todavía limitados. 

Un aviso en la pantalla de vídeo llamó su atención, sacándolo así de sus pensamientos. Se anunciaba que el tren de alta velocidad de Kiev se iba a retrasar. ¡Ese era su tren! Hacía varias semanas que J. no la veía y la echaba de menos, sobre todo por las noches. Pero los retrasos en el transporte europeo se sucedían muy frecuentemente las últimas semanas, así que no era una razón para preocuparse. Una de las razones de estos retrasos es el hecho de que para favorecer a las regiones asiáticas, los gobiernos europeos están invirtiendo en la construcción y mejora de la red de comunicaciones en el Cáucaso. J. se sumergió de nuevo en su lectura. Quería leer un poco más hasta que ella llegara. 

©denmar/flickrEn su pantalla de ordenador seleccionó otra explicación y volvió a leer: Nacionalismo – ideología política predominante en Europa hasta el siglo XXI. 

El Nacionalismo parte de la base de que las personas de una región que poseen un determinado color de piel, una herencia cultural, una fuerza económica o una religión determinadas presentan ventajas frente a otros grupos (denominados naciones).

¡Venga, religión! En su pantalla apareció un artículo de varias páginas, que señaló con un marcador. Hasta la llegada de su tren todavía tenía tiempo, así que decidió buscar un rincón tranquilo para relajarse. Ya continuará más adelante con sus lecturas. 

En la sala de descanso alumbraba una luz tenue y olía ligeramente a aceites etéreos. Hacía un fresquito agradable, pero no frío. J. encontró enseguida un sillón vacío. Se disponía a experimentar la sensación de cuando sus ojos se cierran de cansancio y su sentido caía lentamente en el reino de los sueños.

Conforme iba leyendo aprendió que la religión fue a menudo durante el siglo XX la causa y el pretexto de los análisis bélicos, porque tanto los creyentes como los eruditos de los distintos cultos se basaban en la infalibilidad y la superioridad de sus propias creencias. 

Una vez más, a J. le entorpecieron su lectura, al llegarle a sus oídos unos gritos fuera de la habitación de descanso. Les siguieron unas órdenes. No solo J., también los otros huéspedes que se encontraban en la sala de descanso salieron disparados como una escopeta de sus sofás. Entonces resonó un silbido ensordecedor.

Corrió hacia la salida junto a sus ocasionales compañeros de habitación para ver cuál era el motivo de esos ruidos. Pero J. tropezó del sillón hacia la salida y tuvo una horrible sospecha. Sabía lo que había ocurrido y reconoció el ruido incluso antes de comprobar su verdadero origen. Lo causó un tiro con un fusil de anestesia. Poderosa y repentina. ¿Qué tipo de unidad era esa? Nunca se habían vistos unos soldados como esos: cascos relucientes, protectores en brazos y piernas, y auriculares para comunicarse. 

©European Parliament/flickrPrimero, examinó con atención la aproximada docena de personas, que quedaron tiradas por los suelos como si de focas se tratase. J. reconoció que todos sin excepción tenían rasgos asiáticos. En su mente no paraban de surgir ideas: ¿Qué estaba pasando aquí? Le vino a la cabeza la idea de “Cada ser humano, un milagro”. También, el preámbulo de la Constitución Europea. “¡Queréis robarnos nuestro bienestar”. La voz del líder de las tropas entorpecía sus pensamientos. El alto cargo se dirigía hacia su equipo y les ordenó: “¡Carguen! ¡Fuego cuando dé la orden!” Todo eso duró solo unos segundos, pero a J. le parecía que todo había pasado como si fuese una película y a cámara lenta. 

J. consideró que no había otro remedio. Debía intervenir. En ese mismo momento, antes de que fuera demasiado tarde. Se precipitó hacia la puerta para alcanzar al líder de las tropas y… tropezó. Antes de ponerse en acción verdaderamente, fue parado por un tiro rápido y certero. Su juicio se bloqueó entre el dolor mezclado y una rara vibración. 

¡No sentía su pierna! Pero, ¿quién demonios era aquello? J. perdió el conocimiento, mientras caía en el suelo. El zumbido se apoderó de su cuerpo, los gritos y el fuego del fusil resonaban cada vez más bajos hasta que por fin se perdieron a lo lejos. 

De repente abrió los ojos. La sala de descanso estaba vacía, el relajante murmullo del agua y canto de los pájaros escaparon de los voceríos y sus ocasionales compañeros de habitación ya se habían ido. Perplejo, J. se frotó los ojos, mientras se levantaba lentamente del sillón. ¿Dónde estaban las tropas enmascaradas? Su frente estaba cubierta por el sudor y su camiseta dibujaba su cuerpo a la perfección. 

Todo había sido una pesadilla. Más tarde comprendió que el zumbido que había oído provenía de su móvil que estaba en el bolsillo del pantalón, porque alguien había estado intentando localizarle. Todavía sin estar en su sano juicio, activó esa llamada perdida. ¡Era ella! Un gran alivio le invadió, cuando reconoció su voz: “Cariño, soy yo. El Express hacia Kiev va con un poco de retraso. ¿Dónde estás? Yo estoy aquí, esperando en el andén”.

Este artículo ganó el segundo premio del premio alemán dirigido a jóvenes periodistas 'Verliebt in Europa' ('Enamorados de Europa'). El jurado comenta: "Mante Koppe, de 26 años, ofrece una visión de una Europa completamente unida, cuyos viajeros solo pueden sorprenderse con el complicado pasado del continente".