Nueva careta para el miedo de siempre

Artículo publicado el 10 de Marzo de 2006
Artículo publicado el 10 de Marzo de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

El Islamismo radical invoca en Europa el miedo a la sociedad multicultural. Por supuesto, subyace el miedo a lo desconocido, lo que no ayuda en absoluto a la integración.

La amenaza a la sociedad pluralista y al sistema democrático por parte del islamismo radical –sea real o una construcción enteléquica- ha cambiado el debate político en Europa. Hasta ahora, valía la reivindicación de que los emigrantes debían adaptarse a la cultura de sus países de acogida como expresión de un nacionalismo hoy ya trasnochado. Ahora, parece probado que en la sociedad multicultural los inmigrantes ya no son vistos desde la óptica ingenua de la Izquierda.

Discusión sobre las sociedades paralelas

La reacción a los atentados de los terroristas islamistas en Madrid en marzo de 2004 fue aún prudente. En los atentados vieron muchos la consecuencia de la guerra de Irak que la mayoría de la población condenó. La muerte del director de cine holandés Theo van Gogh a manos de un islamista en noviembre de 2004 desencadenó en Holanda una profunda crisis. Los en otro tiempo liberales holandeses ponen ahora en cuestión el propio concepto de sociedad multicultural.

Los atentados en autobuses y estaciones en el interior de Londres en julio de 2005 sembraron el miedo entre los británicos y dieron un giro en el debate sobre sociedades paralelas incontrolables. Esto no sólo condujo a medidas antiterroristas más severas, sino que también cambiaron el trato a la pequeña delincuencia, como mostraba la Campaña por el respeto en enero de 2006. Las protestas mundiales contra la publicación de una serie de caricaturas de Mahoma en un periódico conservador danés en las últimas semanas han fortalecido en toda Europa a los defensores de la tesis de un enfrentamiento de base entre culturas.

La muerte de una turca berlinesa a manos de su hermano en el invierno de 2004 y los disturbios en las afueras de París en el otoño de 2005 provocaron un debate justificado sobre las condiciones de los inmigrantes. Por supuesto el miedo al Islam ha aumentado. Aun así, la muerte de la ciudadana turca en Berlín no se debió al Islam, sino a una concepción arcaica del concepto de honor. Y también las revueltas parisinas tenían más motivos sociopolíticos que religiosos.

Exclusión mediante la estigmatización

Hoy ya no sólo la Derecha radical sino también partidos conservadores moderados reclaman que los inmigrantes se adapten a la cultura de los países de acogida, y que incluso se asimilen a la misma. Definir esa cultura no es ni mucho menos fácil. En el año 2000, se discutía sin llegar a acuerdo alguno sobre el concepto de la Leitkultur o "cultura guía". El intento británico en verano de 2005 de aunar valores de la cultura británica recomendados a los inmigrantes no llegó muy lejos. Países como Bélgica o España, donde el debate por la definición de una cultura nacional podrían incluso conducir a la confrontación entre regiones, no deja indiferente el tema.

Ahora, la integración de los inmigrantes es realmente un problema preocupante y el ascenso del islamismo radical un serio peligro. La estigmatización de los musulmanes implica el peligro de una mayor segregación. La imagen del Islam ofrecida por los medios y los políticos como si fuera una cultura incompatible con los valores occidentales y la exigencia de asimilación a la civilización occidental no ayudan a la integración. Esto hace a los inmigrantes mirar atrás, hacia su propia cultura, y fortalecerse en la idea de que no son deseados ni están adaptados.

El Frente Nacional en Francia, el Vlaams Belang en Bélgica, La Liga Norte en Italia y todos los demás partidos de Derecha radical ya han polemizado sobre los extranjeros, mientras ni uno sólo de los investigadores sobr el Islam sabría comenzar a definir el término "islamismo". El islamismo propicia que estos países reafirmen su rechazo a los extranjeros. Tras el miedo al Islam subyace el miedo a lo desconocido que aflora porque no se entiende y porque se ponen en cuestión las propias costumbres y certezas.

No hay alternativa a la sociedad multicultural

Aumenta además el miedo a los extranjeros por la mala coyuntura económica y el paro creciente. El desplome de las economías a consecuencia de la globalización ha llevado a muchas personas a la ruina. Se sienten amenazados los que dentro de nuestras sociedades son empujados al precipicio de la ruina. Los inmigrantes aparecen, pues, en esta situación, como una competencia suplementaria en el mercado de trabajo y como una amenaza a una identidad estable.

En este contexto, se fortalece el fomento del miedo al Islam y a los musulmanes y el rechazo a los inmigrantes, poniéndose en peligro la integración. Debe quedar claro que la tolerancia hacia los otros excluye el uso de la violencia y la violación de los Derechos Humanos. Cualquier otra práctica que se justifique con la cultura o la religión no debe ser aceptada sin más. La idea de que se abra una alternativa conduce a la sociedad multicultural a un callejón sin salida. Por tanto, la sociedad multicultural no es en absoluto una idea, sino una realidad con la que hay que vivir.