Nueva Comisión, nuevos equilibrios de poder

Artículo publicado el 27 de Septiembre de 2004
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Artículo publicado el 27 de Septiembre de 2004

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Una Comisión que viene y otra que se va. Los sutiles equilibrios y los sabios contrapesos internos de poder se desdibujan. Otros vendrán a substituirlos.

La nueva comisión se pondrá en marcha el próximo 1 de noviembre, pero ya se plantean dudas sobre si conseguirá que los 5 grandes -en especial Francia y Alemania- cedan una parte de su parcela de poder. Hasta ahora, las carteras más importantes de la Comisión, como las de Competencia, Comercio, Asuntos Económicos y Monetarios y la de Mercado Interior, les eran otorgadas a los países en función de su tamaño, su contribución al presupuesto de la Unión y su influencia en la escena política. Con la actual división de las 25 carteras y la creación de 5 nuevas a partir de la desmembración de varias de las antiguas, Durao Barroso intenta otorgar más relevancia y notoriedad a los estados más pequeños de la UE, la cual se propone cambiar el equilibrio de poderes e integrar más profundamente a los nuevos estados de la Unión.

Abajo lo viejo, arriba lo Nuevo

El diario británico The Economist señala que Barroso le ha querido mandar un mensaje a los grandes para que sigan la estela de los recién llegados, otorgando los cargos más importantes a países favorables a la reforma, como Irlanda, Holanda o el Reino Unido. Son precisamente Francia y Alemania los que incurren en todas las categorías reprochadas -anticuados, inmovilistas, con grandes pretensiones y antiamericanos-. Es evidente que, siendo reformista y atlantista, Barroso ha elegido decantarse por los países menos arrogantes, facilitándose a si mismo el trabajo al apoyarse en estos países, antes que batallar con los antiguos pesos pesados.

Echemos una ojeada a los resultados: las dos carteras más importantes, la de Competencia y la de Mercado Interior, han ido a parar a la holandesa Neelie Kroes y al irlandés Charlie McCreevy respectivamente, mientras que el francés Jacques Barrot ha recibido la relativamente pequeña cartera de Transporte (aun conservando una vicepresidencia), el británico Peter Mandelson la de Comercio, Ingrida Udre -de Letonia- ha conseguido la de Fiscalidad, y el húngaro László Kovács se encargará de la de Energía. Alemania sale bien parada con Günter Verheugen como vicepresidente de la Comisión, si bien obtiene sólo la cartera de Industria.

Para aliviar el desengaño sufrido por algunos y contribuir a la adaptación de otros, Barroso ha creado grupos informales de comisarios para vislumbrar las prioridades más importantes de la Comisión. Por ejemplo, a Lisboa se le ha otorgado el grupo encargado de las Relaciones Exteriores y de la Estrategia (de Lisboa), ambos presididos por el propio Barroso. El grupo encargado de las Comunicaciones será presidido por Margot Wallström, al frente del grupo de Igualdad de Oportunidades estará Špidla, y el Consejo de Competitividad será dirigido por Verheugen. De esta manera, ha unido a varios países y competencias tras una misma meta y genera una oportunidad para atajar todas las dificultades antes de que salgan a la luz.

Las Lealtades por encima de la economía

Barroso ha señalado que “todos los comisarios tendrán los mismos poderes y que no habrá comisarios de primera ni de segunda clase”, algo que sólo podrá llevar a cabo disminuyendo la influencia de algunos. Barroso ha dejado a un lado los intereses franceses a pesar de que Francia apoyó su candidatura obviando sus simpatías hacia EEUU. Algo parecido ha sucedido con Alemania, al no otorgarle un “supercomisario”, cosa que demandaban tanto París como Berlín, a pesar de que Schröder también apoyó su candidatura. Pero Barroso no es un novato en esto de la política y está usando la estrategia del “tira y afloja”.

Ha concedido las vicepresidencias a Francia, Alemania e Italia así como una para el estonio Siim Kallas y otra para la neutral sueca Margaret Walström, que completan la escena con un repleto reparto de actores diferentes, asegurándose asì que Francia, Alemania, Italia u otros no intentarán conseguir un papel más relevante en la recién ampliada Unión, aprovechando que “estaban completamente de acuerdo sobre la necesidad de una Comisión fuerte, independiente y creíble.

Creo que Barroso estará al tanto de que mantener contentos a los dirigentes considerados individualmente, es una premisa para triunfar en su trabajo, así como también es importante que la confianza en los comisarios dependa de sus aptitudes y no del país de origen. Por ahora, el gobierno polaco, un socio grande y no demasiado flexible, esta satisfecho con la cartera de Política Regional concedida a Danuta Hübner, y espera que esta sea capaz de entregar un paquete de ayudas regionales que trate a los nuevos estados miembro “justamente”. Letonia también está satisfecha con la cartera de Fiscalidad, donde ven una oportunidad de alzar la voz contra la armonización del impuesto de sociedades propuesta por la UE.

Aumentar la comunicación dentro de la Unión

El equipo de Barroso devolverá a la Comisión poder, notoriedad y autoridad. El nuevo Presidente percibe a los Comisarios como “un equipo de jugadores dedicados al interés general europeo”, lo que significa que los objetivos comunes europeos tienen prioridad sobre las simpatías entre países y los intereses políticos nacionales. Para propiciar que su mensaje sea oído, Barroso ha creado la cartera de Relaciones Institucionales y Comunicación, para la cual ha designado a la Sra. Walström. “Le doy una gran importancia a la comunicación en Europa”, señaló Barroso mientras convertía a Walström en su mano derecha y canal de comunicación de Europa con los Estados miembro. De todos modos, seguimos teniendo el mismo problema: ¿qué clase de Europa está promoviendo Barroso con esta Comisión renovada y liberal?

Los federalistas le critican que se base en el Íntergubernamentalismo, a pesar de que la institución que está a punto de presidir es el órgano comunitario más importante. El Financial Express indio publicó en agosto de este mismo año que Barroso y la Constitucion están dañando la idea de Europa al incrementar y no reducir el número de comisarios, convirtiendo la comisión en un “órgano de representación nacional”. La negociación para aclarar qué países se quedaban con cada cartera es un claro ejemplo de este problema. Si Barroso quiere atajar la tradición de otorgar los grandes puestos a los grandes países, tiene que hacer de la Comisión un espacio de dialogo más que un reflejo de la hegemonía de los grandes. Mientras tanto, el equipo de Barroso puede ir fijándose en lo que la Comisión Prodi ha hecho, y tomar nota de los errores ajenos para no volver a cometerlos.